Sur de la Florida

Autocines recobran popularidad

El rey de los autocines sigue siendo el Swap Shop.
El rey de los autocines sigue siendo el Swap Shop.

Es sábado por la noche en Sunrise Boulevard, Fort Lauderdale, y hay docenas de automóviles esperando a la entrada de uno de los centros de espectáculos más costeables hasta ahora: los autocines.

Antes de que termine la noche, por lo menos 2,000 vehículos pasarán por esas puertas. Cada uno cogerá un boleto que dice "Admita Uno'', con un color basado en la película que uno escoja, y una lista de las frecuencias radiales que usa cada una de sus pantallas.

Después, sólo hay que escoger el lugar donde estacionarse, encender la radio del automóvil para oír la película y ajustar sus almohadas y sus frazadas a gusto.

Pero llegue temprano si quiere un buen puesto. Luego de décadas de declive, los autocines están otra vez muy en demanda, tanto a nivel local como nacional.

Como ocurrió cuando la Gran Depresión, la gente escapa al cine en épocas económicamente peligrosas. Tanto los teatros interiores como los autocines se están beneficiando de eso. Los ingresos de taquilla de cines en todo el país ya han aumentado alrededor de 16 por ciento en relación con los del año pasado.

Y esa diferencia seguramente seguramente es parte de la nueva popularidad de los autocines. Los boletos de entrada en el Swap Shop, que es el único autocine que queda en los condados de Miami-Dade y Broward son de $6 para las personas de 12 o más años de edad. Los niños de entre 5 y 11 años pagan sólo $2.

Los condados de Miami-Dade y Broward tendrán solamente un autocine, pero el megaplex de The Swap Shop, con 14 pantallas, deja pequeñitos a los demás que puedan haber en otras partes, con un par de pantallas por lo general. The Swap Shop se anuncia como el mayor autocine de todo el país.

Y el imperio está creciendo.

El último autocine que queda en el condado Palm Beach, en Lake Worth, evadió por un pelo el cierre en el 2002 cuando Preston Henn, el dueño del Swap Shop, lo compró asociado a otros dos inversores. Ahora el Swap Shop opera tres autocines en el estado, en Fort Lauderdale, Lake Worth y Tampa.

Cientos de automóviles vienen todas las noches a ver películas al de Fort Lauderdale, que a veces todavía se menciona con su nombre original, el autocine Thunderbird. Algunos viernes o sábados por la noche a veces los automóviles llegan a 2,000.

Algunos son nostálgicos miembros de la generación de la postguerra, pero una gran porción del público está constituido por estudiantes de secundaria o de colegios universitarios.

"Es agradable y cómodo'', dijo Carlo Dellavalle, un estudiante de Broward de 21 años.

Y Allie Huffman, también de 21 años, agrega: "No hay que preocuparse de que a uno se le pueda sentar delante alguien demasiado alto''.

Eso y otras cosas hacen que ir a un autocine sea una experiencia diferente.

¿Quiere fumar? En el autocine todo lo que tiene que hacer es encender un cigarrillo. ¿Es de los que le gusta andar bromeando durante las películas? Nadie lo manda a callar, como no sean los que van en su mismo auto.

Especialmente los padres de niños pequeños aprecian la libertad de hacer ruido.

"Es fácil llevar a los niños al autocine'', dice Jerry Durden de Miami, que estuvo allí recientemente con su esposa, su niño de 5 años y su niña de 1. "Así no van a gritar al cine''.

Algunas personas llevan a sus perros, aunque no se supone que lo hagan.

El mostrador de golosinas del Swap Shop se distingue de los de los cines tradicionales, tanto en sus bajos precios como en las cosas que vende. Además de las cosas corrientes, como las palomas de maíz y las soda, también venden salchichas picantes, carne molida a lo jamaiquino y cerveza, lo mismo importada que del país.

En cuanto a la posibilidad de que haya personas que salgan de allí manejando en estado de embriaguez, el administrador Addison dice que, lo mismo que cualquier barra o restaurante, el el autocine se deja de servir a los que obviamente hayan bebido mucho.

Este autocine y otros se promueven como "diversión familiar'', incluso hay uno en Pennsylvania que ofrece paseos en pony, pero eso no significa que los días de romanceo dentro del auto hayan pasado del todo.

Las parejas se hacen mucho cariño en los autocines, aunque la administración del Swap Shop dice que expulsa a los que se extralimitan.

A fines de los años 70 y principios de los 80, el declive de ventas hizo que los autocines se tornaran verdaderamente atrevidos y mostraran películas con clasificación ‘X'.

Don Sanders, que hace varios años coprodujo el documental Drive-In Movie Memories, dice que eso podrá haber funcionado cuando el sexo era algo prohibido, pero ya no.

"Actualmente no hay que ir a un autocine para ver esas películas. Las puede ver hasta en la internet'' dice Sanders.

Lo que los autocines ofrecen ahora es la oportunidad de disfrutar de una película al aire libre, quizá incluso sacar algunas sillas de patio y conversar con personas extrañas.

"Hay un cierto sentido de comunidad que la gente añora'', dice Sanders.

Hace cuatro años, un estudiante de la Universidad de California en Berkeley se entusiasmó tanto con los cuentos que le hicieron sus padres sobre los autocines que optó por crear un movimiento propio con todo y listas de correo electrónico por la red.

El sitio se llama mobmov.org. Miembros de sucursales moderadamente conectadas en todo el mundo dan celebraciones de funciones de autocines, generalmente con películas independientes. Los organizadores usan un proyector de $700 para proyectar las películas en paredes de edificios abandonados a manera de pantallas.

"Nadie las usa de todos modos'' dice Kennedy de dichos almacenes, "excepto quizá para alguna operación de compraventa de drogas''.

El sitio del Kennedy incluye sucursales en Miami, Coral Gables y Pompano Beach. En Miami hay más de 60 miembros.

Pero en el sur de la Florida, el rey de los autocines sigue siendo el Swap Shop, y no hay planes por el momento de dejar de poner películas ahí. El Swap Shop es lucrativo, y eso lo ayuda aún más el hecho de que hay un enorme "pulguero'' en el lugar durante el día.

El pulguero cierra a las 6 p.m. Entonces se limpia todo el lugar, y es hora de ver cine.

"Me recuerda muchas cosas'', dice Jeff Sino, de 53 años, que recientemente visitó el Swap Shop por primera vez. El primer trabajo que tuvo Sino cuando salió de la secundaria fue en un autocine en Long Island.

"Ya no existe. Ahora es un parque industrial'', dice él, mientras miraba con su hija los créditos finales de Adventureland.

Su hija Melissa anda en silla de ruedas pues padece parálisis cerebral. De modo que puede sentarse en la silla fuera del auto. Su padre se recostó en una silla plástica bajo las estrellas.

"Estoy seguro de que volveremos aquí'', dijo.

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