Sur de la Florida

La voluntad de hierro de una doctora cubana

Yiliam junto a su abuelo Felix Blanco y su mascota.
Yiliam junto a su abuelo Felix Blanco y su mascota.

Tal vez Yiliam Rodríguez no tenga muy buena suerte. Por ser médica, las autoridades le impidieron salir de Cuba y trató de escapar ilegalmente 14 veces. Después, estuvo a punto de morir con su esposo e hija en la travesía que los trajo a Estados Unidos. Finalmente, sus sueños de conquistar la especialidad de Anestesiología se vieron amenazados por el terrible obstáculo de no saber una palabra de inglés.

Pero Rodríguez tiene algo mejor que una buena suerte: una voluntad de hierro. Y el sábado se graduó de anestesióloga en Miami a la cabeza de su promoción con unas calificaciones de rango nacional.

"No vine a este país para ser una más del montón'', dijo Rodríguez. "Tenía que luchar por mi familia''.

Rodríguez, de 36 años, obtuvo su título de anestesióloga como primera de su clase en el programa de la Universidad de Miami y el Jackson Medical Center. El sábado por la noche, en una ceremonia en el Hard Rock Hotel & Casino, de Hollywood, recibió un galardón a la excelencia académica.

Según uno de sus maestros, Keith Candiotti, profesor asociado y vicepresidente de Investigación Clínica del Departamento de Anestesiología de la Escuela de Medicina Miller, de la Universidad de Miami (UM), el promedio de Rodríguez sólo es obtenido por el 1 por ciento de los estudiantes.

"Yiliam es una de las anestesiólogas más eficientes y mejor preparadas que tenemos'', sostuvo Candiotti. "Su rendimiento clínico y académico es intachable''.

Fue un camino largo. Meticulosa, detallista y de memoria privilegiada, Rodríguez supo tomar todas las precauciones. Apenas se estableció en Miami, tramitó el permiso para tomar muestras de sangre en laboratorios y se licenció en cursos de resucitación cardiopulmonar (CPR), en caso de que no lograra entrar al programa de Anestesiología.

"Soy una persona sencilla, pero francamente se me hacía muy difícil quedarme sentada en mi casa esperando a que me cayera un milagro'', comentó Rodríguez. "Si quería algo en la vida, debía ir a buscarlo''.

Cuando fue aceptada en el programa de Anestesiología en el 2004 se dedicó con ahínco a estudiar inglés. De hecho, lo aprendió prácticamente por su cuenta con el continuo socorro de un diccionario bilingüe de bolsillo.

"Hacía anotaciones en unas tarjetas que iba coleccionando y estudiaba con libros prestados'', comentó Rodríguez. "Así aprendí. También leía mucho y practicaba con familiares y amigos que llevaban más tiempo en Estados Unidos''.

Rodríguez estudió Medicina General en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara, una de las provincias centrales de Cuba. Sus padres, abuelos y su hermana llegaron a Miami a principios de la década de 1990. Para ella, la posibilidad de emigrar legalmente era nula, pues el gobierno cubano niega la salida a los médicos, al igual que a otros profesionales. En 1996, el padre, Lázaro Rodríguez, murió un día antes de partir de visita a la isla.

"En ese momento decidí hacer todo lo que estuviera a mi alcance para dejar Cuba'', recordó Rodríguez. "Simplemente porque todas las vías legales no dieron resultado''.

Rodríguez y su esposo, Jorge Luis Alfonso, intentaron repetidas veces abandonar el país. En 1999 les había nacido su hija Jeymi. Los planes siempre fracasaban por una u otra razón. En cuatro ocasiones fueron arrestados brevemente por la Seguridad del Estado.

Por fin, el 6 de julio del 2001 la familia tocó la costa floridana. La frágil embarcación en que venían con otros refugiados estuvo a punto de zozobrar bajo una tormenta y tuvieron que esperar por dos días en una desierta isla, a riesgo de quedar sin comida ni agua.

El riesgo valió la pena. Además de su labor como anestesióloga, Rodríguez tiene abierto un futuro en la docencia. En julio comenzará de manera voluntaria como profesora adjunta de Anestesiología Clínica de la Universidad de Miami.

"Estamos hablando de una mujer extremadamente inteligente'', enfatizó Albert J. Varon, profesor y vicepresidente del programa de Educación de Anestesiología de UM. "En todas las evaluaciones y exámenes que tomó, Yiliam siempre estuvo arriba, imparable''.

En UM ya tiene firmados los contratos para desempeñarse como profesora adjunta del programa de Anestesiología y directora asistente de Investigación Clínica del departamento de la misma rama. A la vez, se prepara para añadir a su currículo la especialidad de Anestesista Cardiovascular.

"Siempre hay una luz al final del camino'', indicó Rodríguez. "Y si algo aprendí en todo este tiempo es que no existen imposibles. Para mí no los hay''.

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