Sur de la Florida

Pastelería lucha por mantener la tradición y el negocio

MISAEL PEREZ en su pastelería. Dice que se inspiró para abrir el negocio en un viaje 
que hizo a Santos Suárez, Cuba cuando se enteró que iba a tener a su hija Hazel.
MISAEL PEREZ en su pastelería. Dice que se inspiró para abrir el negocio en un viaje que hizo a Santos Suárez, Cuba cuando se enteró que iba a tener a su hija Hazel. C.M.Guerrero/El Nuevo Herald

A las 6 a.m. llega Jorge Zamora, el dulcero. Toma la espátula con una mano y con la otra se acomoda los anteojos que descansan sobre su nariz. Mezcla la harina, el azúcar y los betunes de colores para producir la mayor cantidad de pasteles en el menor tiempo posible. "A veces está flojo, a veces no tan flojo, pero aquí se trabaja bastante'', dijo Zamora refiriéndose a la pastelería La Gran Vía Cubana, ubicada en Calle Ocho en la Pequeña Habana de Miami.

Con la esperanza de atraer a más clientes, el dueño de la dulcería, Misael Pérez, decidió abrir 24 horas al día, siete días a la semana. Además, mantiene los precios de su mercancía 30 por ciento por debajo de los de su competencia. El costo de los pasteles comienza en 60 centavos, dependiendo de su tipo y tamaño. Las palmeras cuestan 50 centavos y la papa rellena $1. "Lo hago como una inversión, como un anuncio'', explicó Pérez, de 38 años, quien en el último año y medio ha perdido más de $150,000.

Pero sus problemas no terminan ahí. En diciembre del 2007 compró la dulcería y el edificio donde ésta se encuentra por $950,000.

Y en el 2008 cerró durante dos meses para renovar la tienda completamente con nuevos muebles, televisores, internet inalámbrico, decoración y una fachada rediseñada. Monto total: $250,000.

Lo único que quedó de la pastelería anterior fueron unas máquinas antiguas para hacer panes del año 1961. Ahora el reto está en sobrellevar los golpes de la crisis económica y recuperar su inversión inicial. "Me es un poco difícil porque me toca trabajar en otros trabajos y casi 16 o 17 horas al día'', explicó Pérez, mientras que su celular sonaba en el bolsillo de sus pantalones y uno de sus 10 empleados lo llamaba desde el interior de la cocina.

Era Carlos Alberto Sánchez, el panadero, quien estaba listo para sacar los panes calientitos del horno. Sánchez trabaja de lunes a sábado y gana $500 a la semana.

"La situación de la economía está muy mala'', dijo Sánchez, pero afirmó que está feliz en La Gran Vía porque no le han bajado su sueldo.

Para mantener los sueldos fijos, Pérez le inyecta a la pastelería las ganancias obtenidas de sus demás negocios. Genera entre $4,000 y $6,000 a la semana de su constructora M.P Management Consulting Inc., y de la seguridad privada que le maneja al edificio Coral Palms Condominium.

Por el momento, las cosas funcionan. Pero Pérez dice que el tiempo se le está acabando. Pronto la pastelería tendrá que generar sus propios ingresos.

Pero, ¿para qué meterse en tanto lío vendiendo dulces si ya tenía otras empresas?

La idea surgió en un viaje a Cuba. Pérez se encontraba en Santos Suárez disfrutando de un panecito en la tradicional pastelería La Gran Vía cuando le llamó su entonces esposa con la noticia de que tendrían una hija.

"Yo siempre quise tener una hembrita'', dijo Pérez, quien antes de eso tenía dos varones. "Y fue tanta la emoción que decidí poner una panadería para ella''.

A pesar de que no le gustaban los dulces ni conocía nada acerca de cómo se maneja una dulcería, Pérez no lo dudó dos veces.

Regresó a Miami y compró La Gran Vía en La Pequeña Habana con la intención de seguir con la tradición cubana y, al mismo tiempo, hacer algo especial para su hija Hazel, que actualmente tiene 2 años.

Para los cubanos exiliados que visitan la pastelería en Miami, tener a La Gran Vía cerca de casa también tiene un significado especial.

"La comida es típicamente cubana, el pan cubano, y ésta es como las galletas de mi abuela'', indicó Caridad A. Córdoba, de 49 años, antes de darle una mordida a su galleta.

Córdoba y su amiga pronto comenzaron a recordar los buenos momentos que pasaron en su infancia en Cuba.

"Cuando yo era pequeña iba por la calle Galiano y esto me recuerda a cuando yo iba a una cafetería por ahí'', agregó con los ojos llorosos.

Pérez disfruta ver a sus clientes recordando a su país natal y dice que la situación económica no lo desalienta porque tiene a su hija que lo motiva.

"Ella viene siendo el motor que, tú sabes, me inspira para seguir con La Gran Vía'', dijo.

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