Sur de la Florida

Un policía estricto no significa un alcalde fuerte

Fotomontaje: El alcalde de Miami, Manny Díaz; el alcalde de Miami-Dade, Carlos Alvarez.
Fotomontaje: El alcalde de Miami, Manny Díaz; el alcalde de Miami-Dade, Carlos Alvarez. AP/Peter Andrew Bosh/TMH

El contraste entre los hombres y los gobiernos que dirigen depende tanto del estilo como de sus habilidades políticas.

Manny Díaz, alcalde de Miami y abogado que trabajó en casos de gestión de riesgo, sale del cargo este año con gran parte de sus metas cumplidas. Recientemente convertido en demócrata, defiende el conservadurismo fiscal y expresa a los sindicatos que el municipio pudiera ir a la quiebra si no ceden ciertos privilegios.

A pesar de la debacle del cargo por servicios de bomberos, que obligó al gobierno municipal a devolver millones de dólares a los propietarios tras un escándalo que benefició a sólo un puñado de contribuyentes, Díaz está por completar su término a todo vapor.

Su gobierno planeo implementar la digitalización de la ciudad, construir un estadio de pelota en que el gobierno de Miami-Dade paga la mayor parte del costo y cambiar el futuro de la Ciudad Mágica con el código de zonificación Miami 21, que beneficia a los peatones. Y al mismo tiempo redujo los gastos operativos municipales en los últimos dos años en aproximadamente $100 millones para compensar el desastre de las ejecuciones hipotecarias que ha dejado vacíos miles de apartamentos nuevos.

El administrador municipal Pete Hernández responde al alcalde y a la Comisión, pero Díaz ha resultado ser un alcalde fuerte.

Enfrentado a la peor situación económica en muchos años, Díaz ha propuesto un presupuesto ajustado que protege a los propietarios y trata de imponer la realidad en los sueldos y beneficios de los empleados municipales. Díaz quiere reducir los sueldos entre 10 y 15 por ciento a los que ganan más de $100,000 al año.

Cuando se le pregunta por qué no trató de arreglar el problema de las pensiones municipales hace cinco años --el elevado nivel de beneficios de pensiones es un fuerte peso sobre el presupuesto-- no se pone a la defensiva. Al contrario, admite sus errores y planea corregirlos o se toma el tiempo en explicar su posición. No reacciona a las preguntas como si fuera una crítica personal.

Por su parte, Carlos Alvarez, alcalde de Miami-Dade, es un ex jefe de Policía que se mantiene en sus trece. Y eso no ha funcionado. El policía estricto no ha hecho una buena transición a alcalde fuerte.

Cuando se le preguntó por qué sugería una reducción de sueldo general de sólo 5 por ciento en vez de quitar más a los que ganan $100,000 o más, Alvarez desestima el cuestionamiento. "Así es justo para todos'', explica, y cambia el tema.

Alvarez es por ley un alcalde fuerte, después que los electores aprobaron un cambio a los estatutos condales en el 2007. Algó que no había otra forma de reformar el gobierno. Pero a juzgar por el reciente escándalo de salarios, que él mismo provocó, Alvarez no ha cumplido sus promesas de reformista.

En vez de reducir el abultado presupuesto del administrador George Burgess, Alvarez lo alimentó con fuertes aumentos de sueldo a sus asistentes más cercanos para equipararlos con los del personal de Burgess.

A Alvarez le quedan un par de años de su término, pero es posible que los habitantes de Miami-Dade no lo lo dejen terminar.

Están tan molestos con su propuesta de presupuesto, que afecta a virtualmente todos los programas populares --comidas para los ancianos, parques y bibliotecas, así como las artes-- que quieren sacarlo del cargo. Los electores sencillamente no pueden creer que haya propuesto un aumento de impuestos a la propiedad, que los comisionados se las arreglaron para detener.

Alvarez ha sido abandonado incluso por su base, muestra una encuesta realizada para The Miami Herald-CBS4 News. Su base de cubanos mayores de edad se ha vuelto en su contra. Los electores negros siempre lo vieron con sospechas, y los que todavía parecen tenerle lástima --los liberales blancos no hispanos-- son demasiado pocos para salvarlo.

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