Sur de la Florida

Aumentos ahondarán sumidero

El alcalde de Miami-Dade en conferencia de prensa.
El alcalde de Miami-Dade en conferencia de prensa. The Miami Herald

Odio tener que patear al proverbial caballo muerto, particularmente en momentos en que en el sur de la Florida están matando caballos a diestra y siniestra. Pero este caballo del que hablo no es un equino.

Es Carlos Alvarez, alcalde de Miami-Dade, quien la semana pasada formó un gran alboroto como un mulo testarudo que se niega a salir del lodo político que el mismo creó.

Lo que sucede es que tiene buenas intenciones. Se porta bien con su gente. Los asciende, les aumenta el salario porque tienen más trabajo y más responsabilidades. Parece el jefe ideal, el que defiende siempre a su clan: los policías, los bomberos y sus asesores más cercanos.

¿Por qué no puede ver que su primera responsabilidad es con los 2 millones de habitantes del Condado Miami-Dade?

¿Y por qué piensa que el Herald quiere lincharlo cuando lo que ha hecho es informar hechos?

En una conferencia de prensa la semana pasada justo antes que la Comisión celebrara una maratónica reunión de 12 horas, donde aprobó un plan de presupuesto que incluye $444 millones en reducciones, Alvarez se quejó acremente de la cobertura del Herald sobre los aumentos de sueldo concedidos a sus asistentes más cercanos, a los mayores de la policía y a ciertos bomberos. Un ejército de camisas pardas (los mayores) lo rodeaban cuando habló.

Echando mano a un mensaje electrónico enviado a la dirección equivocada por el reportero Matthew Haggman, quien trataba de conseguir una entrevista con el alcalde sobre las conclusiones del estudio del Herald de que la jefatura de la policía y los bomberos de Miami-Dade habían recibido jugosos aumentos durante los últimos 12 meses, Alvarez dio a entender que tenía la prueba en la mano. Mucho ruido y pocas nueces.

Imagínese, dijo el alcalde, ser un gerente que supervisa a personas que ganan más que uno. "El es un mayor y el capitán gana $10,000 más'', dijo Alvarez, señalando a un camisa parda. "Eso está mal''.

Excpeto que hay muchos negocios en que los que producen ganan más que sus gerentes. Alvarez, que fue policía, no sabe eso, quizás porque también estaba sindicalizado.

¿Disparidades de sueldo? Es algo común en las ventas, en la construcción, en los medios de comunicación. Pregúntele a algun director de televisión sobre la diferencia de ingresos entre un presentador de noticias y su jefe. Talento, premios, méritos. Eso debe contar, pero en los contratos sindicales no cuenta mucho.

Uno podría alegar que un policía en las calles de una zona peligrosa debe ganar más dinero por el mayor riesgo que enfrenta a diario, y quizás ganar más que el jefe en el puesto de mando. También se puede alegar que en vez de aumentar el sueldo a los mayores, Alvarez podía haberlos exhortado públicamente a aceptar una reducción de sueldo para equilibrar las cosas.

Pero yo sé que eso no es fácil. Los sindicatos que representan a la policía, los bomberos y los empleados del Condado han negociado acuerdos beneficiosos para sus miembros a lo largo de los años, y no debemos sentirnos resentidos por eso.

El problema es que la economía ha abierto un hueco de $444 millones y no se puede seguir gastando. Hay que seguir adelante y buscar soluciones.

Alvarez no ha trazado ese camino. Su primera propuesta de presupuesto para el próximo año fue una táctica de "el cielo se está cayendo'' que no llegó a ninguna parte. Esperaba que el espectro de eliminar programas para los ancianos, niños y mujeres víctimas de abuso, e incluso las artes, que tienen grandes patrocinadores empresariales, hicieran que el público aceptara un aumento del impuesto a la propiedad. Pero no fue así.

Alvarez dice que está "tratando de rectificar'' las escalas de pago y prestaciones que existen como consecuencia de contratos sindicales generosos. Pero su solución --aumentar el sueldo a los gerentes no sindicalizados-- sólo profundiza el agujero presupuestario del próximo año.

A pesar de todos sus relinchos, el alcalde sigue enterrado en el lodo.

  Comentarios