Sur de la Florida

Mujer paralizada enfrenta agonía diaria

CHRISTINE KENT, en una silla de ruedas, participa en un servicio religioso en la iglesia Gracepoint de Fort Lauderdale. Abajo, con su inseparable compañero, su gato Cocoa. Christine quedó paralizada tras ser atacada en su casa por un hombre.
CHRISTINE KENT, en una silla de ruedas, participa en un servicio religioso en la iglesia Gracepoint de Fort Lauderdale. Abajo, con su inseparable compañero, su gato Cocoa. Christine quedó paralizada tras ser atacada en su casa por un hombre. The Miami Herald

Christine Kent, cristiana devota, ex modelo y fanática del esquí, no siente las piernas. Pero el dolor sigue estando presente.

Mientras se acostumbra a vivir en una silla de ruedas, su gato es el único que la escucha gritar de dolor en su casa de Oakland Park. Un dolor constante que le recorre el abdomen. Y no puede tomar analgésicos porque es alérgica.

A pesar de la agonía, debía haber muerto.

Hace dos años, un acosador la dejó paralizada con un balazo en la columna vertebral, aunque el plan era secuestrarla, esposarla, violarla, torturarla y matarla, opina la policía. En lugar de eso, Allan Sinclair IV le dio dos tiros a Kent, le pasó por encima con su camioneta, luego la arrastró y la escondió detrás de los arbustos.

Sinclair, que fue hallado culpable en junio tras no impugnar los cargos de intento de homicidio en primer grado, será sentenciado el viernes en el tribunal de circuito de Broward.

"Creo que se hará justicia', dijo Kent. "Estoy contenta de no haber muerto. Podría haber sido peor y, cada vez que me siento agradecida, Dios me bendice''.

Sinclair, de 37 años y vendedor sin historial delictivo, escogió no ir a juicio con la esperanza de ser condenado al mínimo de 25 años en lugar de cadena perpetua.

Nadie conoce los motivos que tuvo Sinclair para atacar a la mujer. Había salido un tiempo con una amiga de Kent pero no había visto a ninguna de las dos mujeres durante tres años, hasta que de pronto se apareció en su casa el 4 de agosto del 2007.

"Este es probablemente uno de los crímenes más atroces y con menos sentido que he investigado'', dijo Jeff Mellies, de la Policía de Broward (BSO).

El abogado de Sinclair, John Cotrone, declinó comentar al respecto.

Kent, de 45 años, era una pelirroja vivaz que vivía para la jardinería, el esquí y la navegación. Siete años atrás, Sinclair fue paciente por breve tiempo en la consulta de quiropráctica en que Kent era asistenta.

Luego Kent aceptó ir a la playa con él a beber una copa de vino. Pero cuando Sinclair trató de besarla, ella lo rechazó e insistió en que sólo fueran amigos. "Fue un momento incómodo. No veía la hora de llegar a casa'', dijo Kent.

Kent no vio a Sinclair durante otro año, hasta que se lo encontró en The Home Depot, donde él trabajaba. Ella estaba renovando su jardín. El se ofreció cortésmente a ir a ayudarla. Ella aceptó.

Poco después Sinclair comenzó a salir con una mujer que conoció a través de Kent.

Su relación se apagó. Sinclair dejó de llamarla y desapareció, pero sin señal alguna de mala voluntad.

"Era muy callado. Muy inseguro, incluso en sus gestos. No expresaba emoción ni hacía chistes. Conversaba poco'', recordó Kent.

Pasaron tres años sin contacto alguno con Sinclair. En agosto del 2007 Kent estaba guardando unas compras cuando oyó que tocaban a la puerta.

Era Sinclair. Andaba por la zona, le dijo. Era aficionado a la fotografía y le preguntó si quería ver algunas fotos recientes. Sorprendida, pero siempre cortés, Kent aceptó.

Mientras miraban sentados varias diapositivas, Sinclair se paró detrás del sofá y sacó algo de la bolsa de su laptop.

Era una pistola.

"Abrí los ojos y me quedé helada. El me dijo que me acostara boca abajo en el sofá'', contó la mujer.

No vas a sentir nada. No te voy a hacer daño, dijo Sinclair.

Kent se volvió de pronto y lo miró a los ojos: ¿Por qué haces esto, Allan? Dios te ama, Allan. Sea lo que sea lo que piensas hacer, tienes que dejarme ir.

Los ojos de Sinclair parecían vidriosos, confusos, como "distraído''. Ella se levantó y comenzó a deslizarse poco a poco hacia la puerta.

"¿Necesitas un abrazo?", preguntó ella.

"¡No!'', gritó Sinclair. Ella salió corriendo por la puerta delantera.

El le disparó dos veces con la pistola calibre .45. Una la hirió en un pie. La segunda le atravesó la columna vertebral, le lesionó el hígado y le perforó el bazo. Parálisis instantánea.

Kent se derrumbó. Luego sintió una presión sobre su cuerpo.

Sinclair dio marcha atrás intencionalmente a su Chevrolet Trailblazer sobre su cuerpo, haciendo girar el timón cuando le pasaba por encima, fracturándole las piernas y el brazo derecho, y lesionándole el torso. Entonces se marchó.

Kent gritó. Minutos después, el SUV regresó. Sinclair estaba de vuelta.

"Caminó con toda calma hasta la entrada, me arrastró por los tobillos --arrancándome la carne de la espalda-- y me escondió detrás de los arbustos, junto al garaje sin puerta'', recordó la mujer. "No dijo ni una palabra. Recogió los dos casquillos de bala y se fue. Me dejó allí para que me muriera''.

Los vecinos llamaron al 911. Los rescatistas la llevaron al hospital.

La investigación de la BSO fue rápida.

Al día siguiente, un amigo de Sinclair encontró la bolsa de la laptop y la cámara del sospechoso colgando de su cerca. Dentro había una nota para la novia de Sinclair: "Heather, lo siento, pero hice algo muy malo anoche y no puedo hacer nada para remediarlo. Te amo y siento mucho lo que esto te hará sufrir. Te quiere, Allan''.

A 70 millas al sur, los paramédicos encontraron a Sinclair sin conocimiento, encerrado en su Trailblazer, en el estacionamiento de un Home Depot en Florida City.

Sinclair dijo que había tratado de matarse de calor porque "le había disparado a una mujer en Fort Lauderdale''.

Tenía la pistola al lado.

Y en el Trailblazer los detectives descubrieron seis ataduras preparadas en forma de esposas, guantes de látex, una bolsa de condones, cinta adhesiva, un cuchillo con mango de madera y un recipiente de lejía sin abrir.

Otra nota decía: "No tienen que registrar la casa, todo está aquí, Heather no sabía nada de lo que yo quería hacer''.

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