Sur de la Florida

Gorila ve ahora el mundo más nítido

Josephine, una gorila de 42 años de edad, recibió un transplante de córnea.
Josephine, una gorila de 42 años de edad, recibió un transplante de córnea.

La paciente era una abuela de 42 años de 160 libras, con gruesas cataratas en ambos ojos que la tenían casi ciega, y hacían disminuir bastante su calidad de vida.

Ya ella no alternaba socialmente con sus amistades Alice, Fredrika, Kumbuka y J. Rather. Se sentaba sola junto a una pared. Otrora corría cuando llegaba la comida, pero ahora se quedaba detrás.

¿Qué hace un gorila en esos casos?

En el caso de Josephine, la decana menopáusica de los grandes primates del Metrozoo, se hizo lo mismo que hicieron 3 millones de seres humanos estadounidenses el año pasado: Se quitan las cataratas con cirugía y se reemplazan con lentes plásticos de alta tecnología del tamaño de la uña de un niño.

El seguro médico para el procedimiento, que cuesta entre $10,000 y $12,000 no es problema, aunque en comparación con la edad humana, ya Josephine tendría derecho aMedicare.

El veterinario y los especialistas médicos que la atendieron en el quirófano del zoológico el viernes donaron sus servicios. Alcon Laboratories envió equipos, suministros y un técnico gratis.

Aunque es raro, el procedimiento se ha efectuado antes en zoológicos de Dallas y de Salt Lake City.

Desde el momento en que los empleados le inyectaron un tranquilizante con un dardo hasta que regresó a su jaula forrada de paja, Josephine perdió tres horas, y recuperó la vista de su juventud.

Antes de la cirugía, no podía distinguir entre un melón de Castilla y un repollo de col. Ahora va a tener el equivalente de visión 20-20 en un mono antropoide, según el doctor Frank Spektor, el oftalmólogo de Kendall que adaptó el procedimiento que él ejecuta 50 veces al mes para ajustarlo a los requerimientos de un gorila.

Spektor, de 59 años y 32 de experiencia en el giro, todavía considera un caso de cataratas "un desafío, porque siempre es impredecible, nunca rutinario.

Más aún en el caso de Josephine, con sus ojos castaños, la estructura de sus huesos y su olor distintivo corporal, además de un toque de aliento a gorila.

Spektor y su equipo, que incluyen a la veterinaria del zoológico, la doctora Christine Miller, el doctor Tim J. Cutler de Palm Beach Veterinary Specialists en Wellington, y la doctora Lorraine Karinski de Pinecrest Veterinary Hospital, oftalmólogos veterinarios que han operado de cataratas a caballos, perros, gatos, e incluso aves; todas estas personas examinaron a Josephine el mes pasado.

Hallaron que estaba bien de salud para una mona de cierta edad (el gorila cautivo que más ha vivido llegó a los 55) pero que estaba casi inmovilizada por su carencia de vista.

Las cataratas, según Spektor, eran "de la firmeza de bolas de béisbol'' con el mismo grado de impenetrabilidad. Pero estructuralmente sus ojos no eran muy distintos a los de un ser humano.

De modo que el procedimiento siguió su curso como el de cualquier persona, excepto que la paciente sedada, del color de chocolate oscuro llegó a las 9:29 a.m. en la parte trasera de una camioneta.

Haciendo una especie de hamaca con sábanas, los empleados la transportaron a una camilla de ruedas.

Miller, el veterinario del zoológico, le sacó sangre, le puso un catéter en la vena del brazo derecho y un tubo respiratorio por la garganta. Escuchó su corazón con un estetóscopo y le tomó la temperatura con un termómetro rectal. Estaba normal: 98.9 grados.

Spektor se esforzó por mover un keratómetro por los pliegues de la frente de Josephine y los pómulos. El keratómetro es un dispositivo manual que transmite las medidas de la córnea a una pantalla de ultrasonido. El dicta la potencia que debe tener el lente injertado.

A las 10:02 los empleados se llevaron a la gorila, aún dormida, a la mesa de operaciones.

Spektor y Cutler limpiaron y envolvieron a Josephine en una sábana de plástico. Entonces le aplicaron al ojo izquierdo un dispositivo operado con un pedal, que primero emulsifica la catarata con vibraciones ultrasónicas (‘‘las convierte como en un batido'' según Cutler, y después saca los desperdicios por una pequeña incisión con un tubo aspirador. Luego de haber insertado el lente artificial por la misma incisión y cerrarla con una simple sutura de nilón,los médicos dijeron que habían terminado, a las 10:55 a.m..

Se repite el procedimiento con el ojo derecho de Josephine, y a las 11:44 los veterinarios aparentemente exhalaron.

Las cataratas eran más gruesas de lo que se pensaba, de modo que las operaciones tardaron más de lo que se creía. Otra cosa también inesperada fue inyectar tinte azul en el tejido que Cutler dice envuelve a las cataratas "como papel de envolver transparente''.

El tinte ayuda a definir el fino material transparente contra una catarata especialmente opaca, que según dice Cutler, es más común en los perros que entre las personas, de modo que es más fácil la incisión.

Ese papel, como el transparente de cocina, se queda amontonado y pegado al ojo lo mismo que con una pequeñísimas sogas, y el lente está en el mismo papel de envolver. Para hacer un hoyo frente al papel, se pone el tinte azul que pueda verse para hacer el hoyo. Cuando está sumamente opaco, generalmente no se necesita.

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