Sur de la Florida

Rubio corteja a votantes del norte de la Florida

El candidato al Senado federal Marco Rubio conversa con potenciales votantes en el restaurante Coffee Cup, de Pensacola.
El candidato al Senado federal Marco Rubio conversa con potenciales votantes en el restaurante Coffee Cup, de Pensacola. The Miami Herald

El candidato al Senado federal Marco Rubio es un competidor algo insólito en la zona del noroeste de la Florida, una parte del "Cinturón de la Biblia'' más cercano a Alabama que a su Miami natal.

Para el joven político cubanoamericano, los votantes del Panhandle pueden ser duros de pelar: ellos han visto a pocos candidatos hispanos, y a menudo ven el sur de la Florida como un hervidero de descortesía y corrupción.

Pero en unas elecciones primarias republicanas que han pasado a ser de un paseo para el gobernador Charlie Crist a un referéndum sobre si ha vendido su alma republicana, muchos votantes en el noroeste de la Florida afirman que a ellos no les importa si Rubio habla español, siempre y cuando hable "conservador auténtico''.

"Escucharlo a usted me hizo sentir que hay esperanza'', dijo la maestra retirada Anne McLemore tras escuchar a Rubio en un club de mujeres republicanas en Miramar Beach. Ella añadió más adelante: "El dijo todas las cosas que yo necesitaba escuchar''.

Rubio abordó repetidas veces los temas favoritos de la plataforma conservadora en una gira de dos días por el Panhandle la semana pasada que lo llevó de un pequeño restaurante de Pensacola a un hotel Best Western en DeFuniak Springs. ¿Perforaciones de petróleo fuera de las costas? Positivo. ¿No amnistía para inmigrantes ilegales? Positivo. ¿Límites a la intervención del gobierno, derecho a portar armas y limitaciones a los términos de los funcionarios públicos? Positivo, positivo y positivo.

Rubio lleva meses haciendo viajes como estos, dándose a conocer entre los activistas republicanos en todos los rincones de un estado en el cual es prácticamente un desconocido fuera del sur de la Florida. Esta campaña ambulante, conjuntamente con la publicidad a nivel nacional y una sólida recaudación de fondos, han hecho de Rubio un serio candidato ante el gobernador. Aun así, una encuesta de The Herald/Times muestra a Crist con una ventaja de 50 a 28 por ciento sobre Rubio, y la distancia es todavía mayor en el norte de la Florida.

"Aunque eso me hace sentirme bien, el hecho es que, si la elección se celebrara hoy, la perdería de todos modos'', dijo Rubio recientemente.

Aún así, en plena campaña, Rubio, de 38 años, da la impresión de ser un matador de gigantes políticos. Los votantes le entregan cheques de $50 y $100 y lo persiguen para que les firme la foto de la cubierta del número de septiembre de la revista National Review, que publicó su perfil a nivel nacional.

"Estamos cansados de pedir disculpas por nuestros principios'', dice Rubio con frecuencia. ‘‘Estamos cansados de diluir nuestras posiciones para ganar elecciones''.

El problema es que por lo general las elecciones en el cuarto estado en importancia del país se ganan con campañas de anuncios de millones de dólares, no con discursos electrizantes. Crist tenía a fines de septiembre $6.2 millones en la mano, aunque parte del dinero debe reservarse para las elecciones generales del 2010, mientras que Rubio contaba con menos de $1 millón.

"Marco ha estado haciendo campaña de forma demasiado aislada'', dijo el asesor republicano Jamie Miller, quien dirigió la campaña para el Senado de Katherine Harris en el 2006. "Es muy emocionante salir y ver a 100 personas que lo aplauden a uno, y se trata de un grupo importante de votantes, pero al fin y al cabo no son más que 100 votantes''.

El presidente del Partido Republicano del condado Walton, Tim Norris, aliado de Crist que la semana pasada no asistió al mitin de Rubio, aseguró que "el gobernador va a tener la mayoría de los votos del Panhandle''.

Incluso si Rubio consigue ganar terreno, sus posiciones conservadoras de línea dura debilitan su atractivo mayoritario si llegara a las elecciones generales ante votantes demócratas e independientes. El ex líder de la Cámara de Representantes de la Florida afirma que la sentencia Roe vs. Wade que legalizó el aborto se debería derogar, está a favor de abolir los impuestos a la propiedad y sustituirlos por un impuesto nacional sobre las ventas, y se niega a expresar una opinión sobre la ciudadanía estadounidense del presidente Barack Obama.

"Yo no sé la respuesta de esa pregunta'', dijo Rubio cuando se le preguntó en el club de mujeres republicanas si el certificado de nacimiento del presidente era válido.

La respuesta de Rubio indica que se ha movido más hacia la derecha desde que el año pasado se venciera su término en la Cámara de la Florida, aunque ha dicho durante el viaje: "Yo no voy a cambiar mi manera de ser para que me elijan''.

Bajo su dirección en el 2008, varios proyectos de ley que se proponían tomar medidas enérgicas contra la inmigración ilegal se marchitaron en la Cámara. Ahora, "asegurar las fronteras'' está en el centro de su plataforma política.

Cuando se le preguntó en la reunión del club de mujeres republicanas sobre legislación de ‘‘sólo inglés'', Rubio declaró: "Yo considero que el inglés es el idioma que unifica a Estados Unidos''. La afirmación, hecha en términos generales, desvió la atención de la oposición planteada en ocasiones anteriores por Rubio a propuestas en el Congreso que harían ilegales las boletas electorales y los documentos gubernamentales en español.

Y, en el 2007, Rubio urgió a los candidatos presidenciales republicanos a que participaran en un debate transmitido por la televisión en español. Entonces, el congresista Tom Tancredo de Colorado boicoteó el evento porque, dijo, todos los estadounidenses debían hablar inglés con fluidez.

"Se está pidiendo a los candidatos que discutan frente a una audiencia hispana, y no hacer eso sería no hacerles justicia'', dijo Rubio en ese momento.

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