Sur de la Florida

Radical sacudida de la Arquidiócesis de Miami

El reverendo Jim Fetscher, párroco de la iglesia católica de 
St. Louis en Pinecrest.
El reverendo Jim Fetscher, párroco de la iglesia católica de St. Louis en Pinecrest.

Una mañana reciente, el reverendo Jim Fetscher, párroco de la iglesia católica de St. Louis en Pinecrest, se dio cuenta de que había recibido cinco llamadas de su jefe. Intrigado, Fetscher llamó rápidamente al azobispo Thomas Wenski.

Wenski le dijo a Fetscher, que llevaba 28 años como párroco de St. Louis, que empacara sus pertenencias y se presentara a finales de septiembre en la parroquia de St. Sebastian, de Fort Lauderdale.

"Realmente, creía que saldría de St. Louis para el cementerio'', escribió después Fetscher en una carta dirigida a sus feligreses, añadiendo que se sentía "anonadado'', pero que le había dicho a Wenski que "trataría de escuchar la voz del Espíritu''.

La conversación, rápida y al grano, fue una de las decenas de llamadas que el arzobispo ha hecho en las últimas semanas en una radical sacudida de la Arquidiócesis de Miami, cuatro meses después de haber sido instalado como jefe de los católicos del sur de la Florida.

Entre las medidas que ha tomado, Wenski:

Ha reasignado a 33 sacerdotes y diáconos, que representan más de un cuarto de las iglesias de la región, a iglesias distantes y otras asignaciones, en lo que él ha descrito como la primera parte de una reorganización en marcha de los ministerios.

Reabrió una iglesia de Allapattah que fue cerrada el año pasado durante una reducción del 10 por ciento de las iglesias de la arquidiócesis, y ha mencionado la posibilidad de que otras iglesias también podrían reabrirse.

Reconfiguró su gabinete, incluyendo la elevación de un sacerdote haitianoamericano a la responsabilidad de supervisar la aplicación de la ley canónica de la Iglesia --el puesto más alto que un haitianoamericano ha ocupado en la arquidiócesis-- y designó a una monja como su directora operativa, la primera mujer que tiene esta posición en la arquidiócesis.

"Se trata de un nuevo comienzo, con un vigor nuevo'', dijo Wenski, que convocó a 300 sacerdotes la semana pasada en el hotel Doral Marriott para asistir a una sesión de dos días y medio en la que expuso su visión sobre la arquidiócesis, que se extiende desde Deerfield Beach hasta Cayo Hueso, y abarca a más de 800,000 católicos.

El evento, que es la segunda reunión de gran escala que Wenski ha tenido con sus sacerdotes desde su instalación en junio, fue inusitado en sí mismo. La última vez que el predecesor de Wenski, John Favalora, convocó a una reunión semejante de sacerdotes, fue hace tres años, para celebrar el 50 aniversario de la arquidiócesis.

"He comenzado antes de comenzar'', dijo Wenski en una entrevista. "Los desafíos económicos que la arquidiócesis ha encarado, como el cierre de algunas parroquias y escuelas, nos han puesto un freno, han ejercido un cierto efecto negativo sobre la moral. Estamos empezando de nuevo''.

Es típico que un nuevo arzobispo imprima su sello sobre la arquidiócesis a lo largo del tiempo, pero algunos conocedores y observadores de la Iglesia dicen que el número y el alcance de los cambios que Wenski ha hecho en sólo unos meses lo singularizan entre los arzobispos estadounidenses y equivalen a una de las mayores sacudidas en la historia reciente de la arquidiócesis.

Inusitada, por ejemplo, es la decisión de Wenski sobre St. Robert Bellarmine, la iglesia de Allapattah que fue cerrada el año pasado junto con una docena de otras parroquias en Miami-Dade y Broward. St. Robert tuvo su primera misa el viernes por la tarde bajo su nueva denominación como misión, lo cual significa que no tendrá un personal propio, sino que será administrada por Corpus Christi, una iglesia de Allapattah cuyos sacerdotes celebrarán misa en St. Robert todos los domingos.

Wenski dijo que "de seguro estaba revisando'' otros cierres, y que las reaperturas son "posibles, al menos en algunos lugares'', pero se abstuvo de mencionar iglesias específicas. Un puñado de las que fueron cerradas el año pasado, incluyendo St. Francis Xavier en Overtown y Our Lady of Perpetual Help en Opa-locka, han sido alquiladas o vendidas.

Una de las razones para este rápido cambio, dijo Wenski, es que él llegó al sur de la Florida conociendo ya el panorama de la iglesia. Wenski, que asistió al seminario St. John Vianney en Westchester y fue párroco y obispo auxiliar de la arquidiócesis, es el primer nativo que ha sido nombrado arzobispo del sur de la Florida. Anteriormente, fue obispo de Orlando.

Los cambios han generado reacciones encontradas entre sacerdotes y feligreses.

"No siento deseos de irme'', dijo el reverendo Paul Vuturo, que celebró el domingo su última misa en St. Bartholomew, en Miramar. A partir del 1 de octubre, Vuturo, que ha servido en St. Bartholomew durante 24 años, será el párroco de St. Louis, en Pinecrest.

"Es una cuestión emocional; uno se vincula estrechamente a las vidas de las diferentes personas. Se ha pasado por muchas cosas junto con ellas. Bodas, nacimientos, muertes, funerales'', indicó Vuturo, quien añadió que estaba ansioso por conocer a sus nuevos feligreses.

"Wenski está trayendo sangre fresca. Pienso que había gente que se consideraba con derechos sobre sus puestos, sus parroquias. Este es un buen conjunto de medidas'', señaló Lorn Greene, diácono que sirve en el ministerio de prisiones de la iglesia.

Además de párrocos y diáconos, Wenski ha reconformado la jefatura de la iglesia. El reverendísimo Chanel Jeanty, sacerdote de la parroquia St. Rose of Lima, en Miami Shores, es ahora, también, la máxima autoridad en derecho canónico en el sur de la Florida, y el primer haitiano en ocupar dicho puesto. La hermana Elizabeth Worley, que fue la canciller de Wenski y la administradora general de Orlando, se trasladará al mismo puesto en Miami a partir del viernes 1 de octubre.

No es infrecuente que una mujer trabaje como canciller, aunque ésta es la primera en Miami. Worley, que obtuvo una maestría en administración de empresas en la Universidad de Miami, y que fue anteriormente la gerente general de Hospicios Católicos y la presidenta de la junta directiva del Hospital Mercy, tiene la tarea de reajustar las finanzas de la arquidiócesis. En los últimos años, la arquidiócesis ha cerrado varias escuelas además de iglesias, y ha realizado recortes de millones de dólares en otras áreas.

Wenski también ha designado a los dos obispos auxiliares de la arquidiócesis, John Noonan y Felipe Estévez, para nuevos puestos como vicarios generales, lo cual significa que tienen autoridad para dirigir la iglesia en ausencia de Wenski. Bajo Favalora, ambos hombres tenían asignados ministerios específicos con varios grupos católicos.

La medida la permitirá a Wenski --cuya posición se ha elevado rápidamente junto con la de la arquidiócesis de Miami en el panorama católico nacional, gracias a su trabajo con la Conferencia de Obispos Católicos en la reconstrucción de Haití-- delegar más responsabilidades administrativas en los dos hombres cuando su trabajo se complique.

Wenski, que habla fluidamente el creole, ha volado a Haití varias veces desde el terremoto de enero. La semana pasada, convocó a una singular reunión en Miami con más de 20 obispos, incluyendo a los de Haití, del Caribe y de América Latina, para considerar cómo reconstruir la vida de la iglesia en el devastado país. La arquidiócesis ha recaudado $1.5 millones para ayudar a Haití, y la Iglesia Católica de Estados Unidos ha recaudado $90 millones, pero Wenski dijo sentirse frustrado por el lento avance de la reconstrucción.

Wenski señaló que, para él, la revigorización de la arquidiócesis y la reconstrucción de Haití eran parte de su trabajo.

"Una de las órdenes del obispo es la de ser un supervisor'', indicó. ‘Tengo que mirar las cosas desde 30,000 pies de altura, de modo que veo más el cuadro general que a las personas particulares en sus propias parroquias''.

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