Sur de la Florida

'El pozo de los antiguos misterios': Un oasis en medio de Brickell

El terreno de 5,000 pies cuadrados, ubicado en la calle 11 del suroeste, está valorado en más de $1.8 millones, y su precio podría seguir aumentando, como lo ha venido haciendo en los últimos años.
El terreno de 5,000 pies cuadrados, ubicado en la calle 11 del suroeste, está valorado en más de $1.8 millones, y su precio podría seguir aumentando, como lo ha venido haciendo en los últimos años. el Nuevo Herald

Apenas a dos cuadras de la congestionada Avenida Brickell, rodeada de gigantes rascacielos, lujosos bares y restaurantes, y justo al frente de una estación del Miami Metrorail; una pequeña casa de madera decorada con lienzos de colores vibrantes, y custodiada por arboles de mangos y plantas florales, se conserva humildemente como un oasis natural en medio del tráfico y las megaconstrucciones.

Se trata del Pozo de los Antiguos Misterios, cómo Ishmael Bermudez, de 65 años, o por su nombre nativo, Aguila Dorada, bautizó la propiedad que ha estado excavando por casi medio siglo, y en donde ha encontrado desde artefactos rituales de culturas precoloniales, hasta lo que él llama fósiles de humanoides, materiales prehistóricos, y la fuente de la eterna juventud: un manantial natural de agua.

El terreno de 5,000 pies cuadrados, ubicado en la calle 11 del suroeste, está valorado en más de $1.8 millones, y su precio podría seguir aumentando, como lo ha venido haciendo en los últimos años, considerando que una parcela cercana fue vendida recientemente por una cantidad mucho mayor, y que a pocas calles de la casa se desarrolla el multimillonario proyecto The Brickell City Centre.

Pero Ishmael no tiene ninguna intención de vender, y eso se lo ha dejado claro a los insistentes contratistas que han venido desde varias partes del mundo a tocar su puerta.

“No hay suficiente dinero que pueda comprar lo que hay en esta tierra, porque simplemente es invaluable” dice Ishmael con un tono firme “¿Como se le puede poner precio a la historia de la humanidad? ¡No lo hay!” asevera.

Para el arqueólogo aficionado, la única manera de ceder su propiedad, sería mediante la certeza de que ésta será preservada intacta para futuras generaciones. “Tal vez como un museo o como patrimonio arqueológico de la ciudad” señala, “Pero en estos tiempos es difícil creer que alguien tenga un alma lo suficientemente limpia para hacer algo así. A la gente sólo le importa hacer dinero”, agrega.

La historia

Ishmael nació en Colombia, pero su padre, un militar estadounidense descendiente de las tribus Navajo y Pueblo, le había enseñado desde muy pequeño a aferrarse a sus raíces nativo-americanas.

A los 8 años se estableció en Miami junto a su familia. Con gran esfuerzo, se convirtieron en unos de los pocos indigenas propietarios en el sector de Brickell, que para entonces pasaba por un incipiente pero infalible proceso de urbanización.

“La vida era simple, nos rodeaban playas limpias, arboles frutales por todos lados, el aire era puro y había silencio” recuerda Ishmael.

De todas sus memorias, habla orgulloso sobre el día en que su maestra de sexto grado de la escuela Brickell´s Southside Elementary, a la que asistía junto con los niños blancos-como él los llama- lo eligió entre todos sus compañeros para encontrar una de las fuentes de agua que nutrió a los antiguos Tequesta, antes de que éstos escaparan de los europeos durante la colonización. La razón según Ishmael: un pánico generalizado debido a la crisis de los misiles cubanos, y a la posible amenaza de radiación en el agua potable si se desataba una guerra nuclear.

Ishmael, que para entonces tenía 12 años, comenzó a excavar en el patio trasero de su casa, sin saber que esta labor le llevaría el resto de su vida.

“Muchos pensaron que estaba loco” cuenta. “Mientras los otros niños jugaban, yo me la pasaba excavando”.

Una anciana Comanche de más de 90 años, se encargó de compartir con Ishmael las historias de sus antepasados mientras éste avanzaba en sus investigaciones. Queenie—como se llamaba la mujer de piel tostada y cabello largo— lo guió por las tradiciones milenarias que revestían cada artefacto encontrado por el joven explorador.

“Me dijo que debía buscar el árbol antiguo que estaba bajo mi casa, y que ahí encontraría la fuente del agua sagrada”, dice Ishmael.

Efectivamente, después de 13 años de excavación bajo el suelo de su vivienda, Ishmael descubrió el tronco gigantesco de un árbol de ciprés que junto a una chimenea construida a finales del siglo XIX, dejaban claro que en la propiedad se resguardaban cientos de años de historia.

Sin embargo, el manantial de agua pura, sería descubierto por Ishmael poco después de cumplir 19 años, a unos cuantos metros de la casa, junto a un árbol de mangos.

“Desde entonces el agua no ha parado de fluir”, dice Ishmael mientras muestra el sistema rústico de mangueras que extraen el líquido desde lo profundo de la tierra; se sirve un poco en un vaso de cristal, y lo bebe sin pensarlo dos veces. “Aparte de ser sagrada, ésta agua también es rica en minerales, y libre de cualquier tóxico”, explica.“Es por eso que quienes la tomamos nos mantenemos sanos”.

El manantial no sólo ha abastecido la casa de Ishmael desde el día del exitoso hallazgo, sino que le sirvió a decenas de inmigrantes cubanos en los años 80, por la época en que una ola de disidentes del régimen castrista llegaron a Miami desde el puente Mariel en la Habana.

“Los residentes del sector era muy crueles con los Marielitos”, cuenta Ishmael, “Los discriminaban mucho y hasta les negaban los servicios básicos. Así que ellos venían en filas frente a mi casa con varias cubetas vacías, para llenarlas de agua. Yo nunca les dije que no, porque esta fuente de agua es para todos”, cuenta Ishmael.

Exposición abierta

A través de los años, cientos de personas han llegado a la casa de Ishmael en búsqueda de un espacio sagrado para practicar rituales espirituales, o reuniones indígenas.

Algunos se sienten atraídos por la llamativa fachada de colores, producto de un trabajo exhaustivo de Burke Keogh, compañera sentimental de Ishmael. La artista neoyorquina de 60 años, decidió quedarse en Miami desde hace 13 para acompañar a su pareja en lo que ella llama “una lucha a pie de cañón” frente a un sistema de consumismo desbordado. Sus pinturas son una combinación entre declaraciones ambientalistas, con paisajes naturales y manifiestos feministas de liberación.

Otras personas en cambio, entre ellos arqueólogos distinguidos, han llegado a la casa con el ánimo de satisfacer la curiosidad sobre los restos materiales que la rodean, y que según Ishmael, hacen parte de un proceso de sedimentación y fosilización “tan antiguo como los dinosaurios”.

El lugar, sin embargo, permanece en el anonimato, incluso después del descubrimiento del Miami Circle en los 90´s, declarado patrimonio histórico con más de 2000 años de antigüedad, y que está ubicado a unas cuantas cuadras de la casa de Ishmael. Según él , este descubrimiento “tienen una conexión directa con sus hallazgos por la similitud de los hoyos hechos por los Tequestas en las rocas calizas con los que delimitaban los sitios sagrados”.

El arqueólogo Bob Carr, investigador principal del Miami Circle, ha visitado en varias ocasiones la propiedad de Ishmael, después de tropezar por accidente con el lugar.

“Es un trabajo definitivamente admirable, y un proyecto gigante”, dijo Carr, “ Tengo que decir que algunos de los objetos descubiertos si hicieron parte de la cultura Tequesta, y también hay huesos animales, y caparazones prehistóricos. Pero veo improbable que hayan fósiles de dinosaurios, porque Florida es el único estado en todo el país en donde jamás se han encontrado rastros de estos animales”, agregó.

A Ishmael no le preocupa mucho que los científicos lo respalden o contradigan. Para él sus descubrimientos sobrepasan “los prejuicios de las instituciones académicas, gubernamentales y religiosas”.

“Lo que esta aquí no se puede encontrar en ninguna otra parte del mundo”, asegura. “Es un hallazgo sin precedentes , más antiguo que la biblia y las escuelas de arqueología. Lo que pasa es que a nadie le conviene que se hable o se publique sobre esto, porque el dinero de los grandes empresarios es más importante que conservar la historia y decir la verdad”.

Cuidar la tierra

Con la ayuda de su mujer y un pequeño grupo de ambientalistas, Ishmael echó a andar una página en Facebook con el nombre de “Well of Ancient Mysteries”, tratando de crear conciencia sobre la importancia de preservar lo que los indigenas llaman la Pachamama, o Madre Tierra.

“Se trata de un principio de respeto por el medio ambiente. Todos estos edificios se han chupado las reservas de agua natural, y por eso la gente tiene que vivir de la que venden embotellada, porque la de los grifos es dañina. No nos damos cuenta de que estamos intoxicando la tierra, y nos estamos envenenando poco a poco”, dice Ishmael.

Mientras tanto su casa se mantiene abierta para quienes “con buenas intenciones” quieran visitarla. Él personalmente cuenta con detalle la historia de cada elemento, se toma su tiempo para explicar las razones científicas de sus conjeturas, pero también su trasfondo espiritual y cultural.

“Yo estoy comprometido a transmitir los conocimientos que he adquirido tras una excavación de más de 50 años, esperando que las personas entiendan que no podemos seguir destruyendo nuestros recursos naturales. Si no hay agua, no hay humanidad”, afirma.

Siga a Estephani Cano en Twitter @EstephaniCano

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