Sur de la Florida

Nicaragüenses en el sur de la Florida preparan 'La Gritería'

Muñecos Gueguenses son parte de las preparaciones de La griteria el jueves 5 de Diciembre del 2013 en MIami. El grupo es parte de los organizadores de la "La Griteria" en Sweetwater en Diciembre. La griteria es una fiesta nicaraguense en honor a la Purisima Concepcion de Maria. Esta fiesta religiosa se celebra en todos los pueblos y ciudades de Nicaragua y en los lugares donde la colonia nicaraguense es importante como en Estados Unidos, y Costa Rica teniendo especial relevancia en León de donde es originaria.
Muñecos Gueguenses son parte de las preparaciones de La griteria el jueves 5 de Diciembre del 2013 en MIami. El grupo es parte de los organizadores de la "La Griteria" en Sweetwater en Diciembre. La griteria es una fiesta nicaraguense en honor a la Purisima Concepcion de Maria. Esta fiesta religiosa se celebra en todos los pueblos y ciudades de Nicaragua y en los lugares donde la colonia nicaraguense es importante como en Estados Unidos, y Costa Rica teniendo especial relevancia en León de donde es originaria. el nuevo herald

Violeta Ocampo aun recuerda la pequeña estatuilla de La Purísima que colocó en el modesto altar que erigió por primera vez en su vivienda de Sweetwater.

Era 1979 y apenas empezaban a llegar las primeras familias del exilio nicaragüense al sur de Florida—Ocampo logró exilarse ese año con su hija y se mudó a la pequeña ciudad en el oeste del Condado Miami-Dade. Cuando llegó diciembre, con un reducido grupo de compatriotas decidieron recrear en su nuevo hogar la tradicional celebración de La Gritería, en honor a la Inmaculada Concepción de María.

Armaron los altares en sus casas en Sweetwater y tímidamente entonaron los cantos a la Virgen la noche del 7 de diciembre.

“¿Quién causa tanta alegría?”, gritaban frente a los altares las ocho familias. “¡La Concepción de María!”, se respondían entre ellos.

Luego se obsequiaban golosinas tradicionales, viandas y juguetes para los niños. Más tarde continuaron la celebración en la Iglesia de la Divina Providencia, sobre la calle Flagler del suroeste.

A 35 años de distancia, La Gritería se ha convertido en el evento icónico de la comunidad nicaragüense local. Organizaciones culturales y familias celebran la tradición, colocando altares en las casas, centros comerciales y calles de Sweetwater, la Pequeña Habana, Hialeah y otras áreas del Condado. Personas de todas las nacionalidades acuden a los altares y en las iglesias católicas del área celebran misas en honor a la patrona de Nicaragua.

“Me llena de mucho orgullo y de alegría saber que principiamos con apenas un altar pequeño y ahora es toda una tradición”, dijo Ocampo el viernes, mientras rellenaba pequeñas canastas de colores enviadas desde Nicaragua para regalar dulces a los niños. “Me emociona ver cómo la comunidad y la celebración han crecido”.

Unos años después de armar el primer altar, fue inaugurado el popular restaurante Los Ranchos, en la 107 avenida del suroeste y la calle Flagler, y desde entonces Ocampo ha erigido allí su altar. Cada 7 de diciembre, cientos de personas acuden al lugar tras la caída del sol para rezarle y cantarle a la Virgen.

Con el tiempo, otras familias nicaragüenses comenzaron a llegar a los estacionamientos de centros comerciales del área con altares colocados en la parte trasera de sus camionetas. Las donaciones para las reparticiones también aumentaron, al igual que la asistencia de gente que viene desde Broward y hasta de otros estados para unirse a la celebración.

Controversia

Pero el auge del evento también ha venido acompañado de una serie de incidentes controversiales y hasta de quejas de discriminación contra las costumbres centroamericanas.

El año pasado, los dueños de un centro comercial se quejaron del atasco vehicular que se creaba en el estacionamiento durante la festividad, según declararon entonces funcionarios de Sweetwater. Como consecuencia, la policía trató de prohibir que se erigieran altares en los lugares tradicionales, como el de Ocampo.

Hace un par de meses, Consuelo Espinoza, representante de una organización cultural nicaragüense, se quejó de discriminación cuando inicialmente el antiguo jefe de la Policía de Sweetwater, Roberto Fulgueira, y el alcalde José M. Díaz se negaron a cerrar una calle para el evento y a brindar una mayor presencia policial.

El incidente resultó en una medida histórica en la pequeña Ciudad. Tras la controversia, Díaz se disculpó con Espinoza y le pidió formar un comité para organizar el evento en coordinación con el gobierno municipal. El sábado, de 7 p.m. a la medianoche, se cerrará por primera vez un tramo de la avenida 107 del suroeste para la celebración—entre la Flagler y la calle 2.

“Algo positivo salió de todo esto y es muy bueno para la comunidad nicaragüense, ya que algunas personas se sintieron marginadas con lo ocurrido”, dijo el miércoles Espinoza, de la organización Community Performing Arts Association. “No estoy segura si habrá tantos altares o cuántas personas asistirán, pero me parece un buen comienzo”.

Hasta ahora 25 personas se han inscrito para armar altares alrededor del área cerrada y repartir presentes. También habrá una tarima donde varios artistas le rendirán honor a la Virgen.

Apoyo municipal

Javier Navas, asistente administrativo de la oficina del alcalde, dijo que el apoyo municipal al evento muestra una imagen de tolerancia y apreciación a la diversidad de nacionalidades que existen en la municipalidad.

“Es importantísimo que la comunidad nicaragüense sienta que puede celebrar sus tradiciones en la ciudad que desde hace tiempo eligieron como su hogar en Estados Unidos”, dijo Navas, quien es hijo de padres nicaragüenses y nació en Sweetwater. “Respetamos la libertad de culto y las costumbres de todos”.

Más de 30 oficiales de la policía municipal prestarán servicio en el área de la celebración y el Departamento de Mantenimiento dará asistencia con la limpieza y recolección de basura.

“La seguridad pública es nuestra mayor preocupación”, dijo en un comunicado el alcalde Díaz. “La Ciudad de Sweetwater va a hacer todo lo posible para garantizar un evento seguro y memorable.”

Aunque nunca se habían cerrado calles para la celebración, históricamente el evento sí ha contado con el apoyo de las autoridades de Sweetwater, dijo Ocampo, de 86 años y quien vivió en la municipalidad por un cuarto de siglo antes de mudarse a Kendall.

“Los alcaldes anteriores siempre han contribuido de alguna manera y han asistido a la celebración”, dijo Ocampo, que trabajó como secretaria en el ayuntamiento municipal por 10 años.

En 1994 la alcaldesa de Sweetwater, Gloria Bango, declaró el 7 de diciembre como el día de Violeta Ocampo. Unos años mas tarde, esa fecha fue también proclamada como día de La Gritería.

Los origenes

La festividad se originó en el siglo XVII en León, Nicaragua, para celebrar la llegada de la imagen de la virgen con los colonizadores españoles un siglo antes. A la Virgen María se le atribuyen varios milagros, entre ellos el haber detenido la erupción del volcán Cerro Negro hace años en León, cuyas cenizas cubrieron por más de una semana a esa ciudad en el occidente del país.

Con el tiempo, La Gritería se convirtió también en una tradición secular a la que se le agregaron personajes carnavalescos, como La Gigantona y su novio El Enano, y El Güegüense.

El jueves por la noche Espinoza, reparaba en un cuarto de su casa el vestuario de La Gigantona, una enorme muñeca de papel maché con un esqueleto de metal, para el desfile de la noche del sábado. En el comedor, sus hijos, su esposo y otros voluntarios de la organización cultural llenaban bolsas con caramelos y otras con arroz y frijoles que fueron donadas por varias organizaciones para distribuir en los altares.

“Es una tradición familiar que llevamos desde hace más de 20 años”, dijo Espinoza. “Mi interés es promover la cultura nicaragüense y también celebrar las costumbres que forman parte de nuestra identidad”.

Hace varios años, Ocampo mandó a traer de su país natal una nueva estatuilla de la santa patrona de Nicaragua vestida de blanco y envuelta en una manta azul, con ángeles a sus pies. Es mucho más grande que aquella figurilla de 1979. A sus 86 años, Ocampo ya no puede armar sola el altar, que también aumentó de tamaño. Pero ahora cuenta con decenas de voluntarios para asistirle.

“Mientras Dios me dé fuerza, yo voy a seguir recogiendo donaciones y celebrando a la Purísima madre”, declaró Ocampo. “Me llena de orgullo y felicidad”.

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