Sur de la Florida

Un hombre que ha perdido casi todo menos la fe

Cuando comenzó a perder su visión, Ernie Calixte experimentó un efecto dominó de más pérdidas que fueron el resultado de la primera.

Perdió su trabajo.

Su mujer lo dejó.

Perdió su privacidad.

Perdió muchas de las cosas que más le interesaban.

Pero nunca perdió la fe en su espíritu, que ha mantenido a Calixte conectado con la vida, incluso cuando la retinosis pigmentaria – una enfermedad hereditaria de la vista – le ha robado lentamente su capacidad para ver.

“Cuando tienes RP tienes que aprender a vivir con ella, porque la vision se deteriora progresivamente hasta que quedas totalmente ciego”, dijo Calixte, de 62 años y residente en Pembroke Pines.

Calixte es un hombre fornido con una voz grave profunda. “Las personas me confunden a veces con Barry White”, dijo sonriéndose Calixte al referirse al legendario cantante de soul.

Nacido en Haití, Calixte vino a EEUU cuando era joven, se graduó de ciencias de la computación y fue a trabajar a la Universidad de la Ciudad de Nueva York como programador y procesador de datos. Pero su visión comenzó a empeorárse cuando llegó a mediados de sus 30 años.

Los médicos le prescribieron al inicio lentes correctivos, pero el problema continuó empeorando. Eventualmente, se le diagnostió RP.

Calixte trató de convencerse que, con fuerza de voluntad, derrotaría a la dolencia.

“Me preparaba para lo peor”, dijo, “pero sabía que lo peor nunca ocurriría. Desafortunadamente, se acerca a ello”.

Se vio obligado a dejar su trabajo y pasar a ser un discapacitado “porque mi campo requiere mucha lectura. No podia cumplir con mis deberes”.

Poco después de mudarse al Sur de la Florida, dijo que su condición siguió deteriorándose. Eventualmente, tuvo que dejar de manejar. El padre de cuatro dijo que su discapacidad para funcionar normalmente llevó a que su esposa lo dejara.

“Mi esposa no pudo tratar con ello”, dijo Calixte. “Ella me lo dijo en mi propia cara es doloroso”.

El vivir solo le creó una nueva serie de problemas a Calixte. Tuvo que encontrar a alguien que no sólo lo ayudara con las diligencias simples, como ir a la tienda de víveres o al banco, sino también depender de otros para leer su correo y estados bancarios, porque ya no podia hacerlo por sí mismo”.

“Esa ha sido la parte más difícil”, dijo Calixte. “Eso me quita mi privacidad. Todos los aspectos de mi vida son difíciles. No tienes una compañía, lo que duele”.

A pesar de todo, Calixte trata de mantenerse animado.

Después de aprender a enfrentar y adaptarse a su nueva vida como una persona discapacitada visual por medio de lecciones que recibió en Lighthouse de Broward, decidió ayudar a otros que estaban en la misma situación.

“Todos mis instructores eran ciegos”, dijo Calixte. “Yo estaba entre las muy pocas personas que tenían algo de visión en ese momento. Me daba miedo de estar entre personas que eran totalmente ciegas porque sabía que iba hacia allí”.

Sin embargo, Calixte estaba determinado a ayudar a otros que compartían la misma enfermedad, al suministrarles entrenamiento en programación y procesamiento de datos de computación.

“Estuve años preparándome para lo peor, así que sentí que estaba en el ambiente apropiado para tratar con la situación”, dijo Calixte. “Me dije a mí mismo: ‘¿Por qué no tratas de ayudar a otros?’ Trataba de ser útil y ayudar a la sociedad”.

A Calixte le gusta leer, especialmente la Biblia. Al usar un bastón para caminar, va a menudo de puerta en puerta, “predicando la buena nueva”.

Leer le da fuerza, dice. Pero el equipo especial que necesita para leer – uno de unos $6,000 que aumenta las letras pequeñas a unas de una pulgada de alto – no está a su alcance. Le gustaría mucho leer, pero es incapaz de hacerlo sin la computadora y el programa especiales.

“Tengo la Biblia y la leo al usar la máquina”, dijo Calixte. “Pero si no tengo la máquina, no puedo leer. No puedo vivir sin una computadora”.

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