Sur de la Florida

Sospechan que exceso de velocidad causó violento choque que dejó 4 muertos

Escena del accidente en el Turnpike de la Florida y Okeechobee Road el miercoles, 18 de diciembre del 2013 adonde 4 personas murieron.
(Fotos cortesia - Raul Torres)
Escena del accidente en el Turnpike de la Florida y Okeechobee Road el miercoles, 18 de diciembre del 2013 adonde 4 personas murieron. (Fotos cortesia - Raul Torres)

Arturo Javier Montenegro manejaba con rumbo al sur en U.S. 27 a una rifa de Secret Santa con el amor de su vida: su hija de 6 años, Norvel Jannett Montenegro.

Montenegro, de 47 años, llevaba a menudo a Norvel a la reunión semanal de un grupo de activismo sin afán de lucro que trabaja con los inmigrantes hondureños. Todo el mundo conocía y quería a Norvel, quien se sentaba a un lado y dibujaba. Ella ayudó además a la organización a hacer regalos a hijos de padres deportados. El miércoles por la noche, se les hacía tarde mientras paseaban en el Honda Civic de su padre.

En dirección opuesta, viajando a toda velocidad en un BMW, iban Miguel Remedio González, de 29 años, y Lázaro Miguel Remedio Palacio, de 56.

A eso de las 8:30 p.m. del miércoles, en un remoto rincón del noroeste de Miami-Dade, los mundos de estas cuatro personas colisionaron en una bola de fuego en que murieron los cuatro, dejando a amigos y familiares de duelo y a la policía tratando de reconstruir lo sucedido a partir de los restos calcinados de los autos.

“Estamos en shock”, dijo Francisco Portillo, presidente de la Organización Hondureña Integrada Francisco Morazán, el grupo sin afán de lucro donde Montenegro trabajaba, además de dirigir una compañía de impresión y diseño. “Estamos consternados, porque ellos son irreemplazables”.

Minutos antes del accidente, Montenegro dijo a Portillo por teléfono que estaba a 15 minutos de distancia de la reunión, la cual había empezado a las 8 p.m. Montenegro, un inmigrante de Tegucigalpa que tenía la tutela de la niña, dijo que él estaría allí para participar del intercambio de regalos.

El jueves, Portillo recordó a Montenegro como un hombre que luchaba por los derechos de los inmigrantes y trabajaba duro para mantener a su hijita.

“El me decía: ‘Francisco, yo quiero dar un buen futuro a mi hija’ ”, dijo Portillo. “Quiero que ella sea alguien en este país. Yo trabajo duro para que mi hija llegue a ser alguien en este país”.

Uno de los tíos de Norvel, Drew Santora, dijo a CBS 4, asociada noticiosa del Miami Herald, que el accidente acabó con la vida de “un ángel”.

“Es horrible. Es trágico”, dijo. “No podía haberle pasado a dos personas más buenas. Es devastador”.

Johony Ovalles, amigo de la familia, dijo que el velorio será el viernes en la noche en la Funeraria Latina Emanuel, en el 14990 W. Dixie Highway, a una hora que todavía no se ha decidido. El entierro será probablemente el domingo. La familia de Montenegro está tratando de obtener una visa humanitaria para otra hija adolescente que él tiene en Honduras.

Ovalles dijo que Montenegro amaba profundamente a su hija.

“Eran inseparables”, dijo. “Tanto, que se fueron juntos”.

Una coincidencia extraña es que los conductores vivían a unas dos millas uno del otro: los Montenegro en North Miami Beach y los González en Sunny Isles Beach.

El jueves por la noche, la novia de Miguel González estaba demasiado desconsolada para hablar con un reportero sobre el accidente.

Una semana antes de las Navidades, el violento choque dejó una fuerte impresión hasta en las autoridades que acudieron a la escena de los hechos el miércoles por la noche.

“Esto es una tragedia para todos”, dijo el portavoz de la Patrulla de Carreteras de la Florida, Joe Sánchez.

Los autos estaban tan destruidos que tuvieron que ser remolcados —con los cadáveres adentro— a la oficina del médico forense.

Según la, policía, González y Palacio iban a exceso de velocidad en dirección al norte, a eso de una milla al norte del Turnpike de la Florida, cuando González perdió el control del vehículo. Sánchez dijo que la evidencia en la escena de los hechos indicaba que el auto “viajaba a una velocidad extremadamente grande”. El auto atravesó la mediana y chocó contra el de Montenegro.

“Es terrible. Es terrible”, dijo Sánchez del choque el miércoles por la noche. “Llevo 25 años haciendo esto. Y ha sido uno de los peores”.

El área tiene una historia de carreras de autos, dijo Sánchez, aunque en este caso no hay testigos que digan que había otro carro en la escena de los hechos. El recuerdo de otros choques se mantiene vivo en recordatorios al costado de la vía.

En la mañana del jueves, una lona amarilla, césped quemado y trozos de autos eran todo lo que quedaba. Pedazos de un amortiguador, la manija de una portezuela y una pila de auto yacían en el lugar en que terminaron los vehículos. Todavía se podía ver las marcas de las gomas en las sendas con rumbo al sur, y perduraba un olor a quemado.

Portillo dijo que los que conocieron a los Montenegro planean acudir a la escena del accidente el domingo para celebrar un recordatorio.

Mientras ambas familias están tratando de arreglar funerales, la policía tiene la esperanza de que otros aprendan una lección de esta tragedia.

“El exceso de velocidad es mortal. Punto”, dijo Sánchez.

Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios