Sur de la Florida

La Ermita de la Caridad, un lugar para sentirse cerca de casa en Navidad

Cientos de hispanos celebraron el Día de Navidad visitando la Ermita de la Caridad, un lugar en el que muchos cubanos, el grupo más numeroso de fieles de la ermita, buscaron paz y sentirse un poco más cerca de la tierra que dejaron.

“La gente viene a rezar por sus familiares que están lejos, que están en Cuba”, dijo el padre Juan Rumín, rector de la Ermita de la Caridad, quien habló también del deseo de los fieles cubanos de celebrar la Navidad en libertad. “Todos esos sentimientos están presentes en las personas que vienen”.

Marlén Oliva fue una de los más de 300 fieles que asistieron a la misa del mediodía. Fue desde West Palm Beach, donde vive desde hace 16 años, con su esposo y su madre. Oliva contó en el malecón de la ermita, acabada la misa, que fue por primera vez al santuario hace dos años, que sienten mucha paz en el lugar y que ahora quería mostrárselo a su madre, Catalina Martínez, de 70 años, quien vive en Cuba y está de visita.

“Me siento como en Cuba, en un pedacito de mi tierra”, dijo el esposo de Oliva, Rafael Consuegra.

Oliva cuenta que siempre le pide por todo a la Virgen de la Caridad, pero que cuando viene a la ermita, sólo le da las gracias. Martínez, sin embargo, sí pidió por su familia.

“Salud para mí y mi familia, tranquilidad, y que nos tenga en unión”, dijo Martínez.

Dentro de la ermita, Josefa Prieto y su hija Yanet Pérez explicaron que siempre acuden al santuario el día de Navidad, cuando tienen una visita, un cumpleaños o sin ningún motivo específico, todos los meses.

“Buscamos paz, reconciliación, amor, salud”, dijo Prieto, de 59 años, quien vive desde hace ocho en Estados Unidos. “Aquí le damos gracias a Dios y a la Virgen por permitirnos venir juntos al país de la libertad. Aquí nos sentimos muy cerca de casa”.

También sienten pena.

“Sentimos nostalgia de los que ya no están, de Cuba, y de los que están en Cuba y no pueden venir”, afirmó Prieto.

Ondina Menocal, coordinadora de los movimientos apostólicos de la Arquidiócesis de Miami, afirmó que la comunidad cubana se identifica en Navidad con la familia de Jesús, con la figura del niño desterrado que tiene que huir y que esa realidad se siente muy presente en la ermita.

“Son muchas las personas que van con un dolor muy particular, buscando consuelo”, dijo Menocal.

También el padre Rumín insistió en que en una época de crisis económica, las familias con desempleados, las que están separadas porque algunos de sus miembros emigraron y los inmigrantes que viven en el país sin papeles, semiescondidos, pueden identificarse con la familia de Jesús, una familia pobre que tuvo que emigrar.

“Aquí estoy muy tranquilo, me olvido de las facturas”, dijo Inoel Plasencia, quien lleva más de un año en Miami y aprovechó que el miércoles no trabajaba para visitar a la Virgen con su hijo y su esposa. Dijo que va a la ermita siempre que puede.

La misa del mediodía suele ser la de la religiosidad popular, según Emma Fernández, miembro de la Archicofradía de la Virgen de la Caridad y voluntaria en el santuario desde hace 25 años. Al final de la oficiada por el vicario Carlos Céspedes el día de Navidad, sonó el villancico popular “Pero mira como beben los peces en el río”.

Fernández explicó que las donaciones que permitieron comprar para la ermita un carrillón electrónico, que se estrenó el martes de Nochebuena, fueron de gente humilde que aportó uno pocos centavos, y no cientos de dólares. Cree que los cubanos no pueden separar su corazón de la Virgen.

Pero al servicio del mediodía del miércoles, en el que algunos fieles tuvieron que seguir la misa de pie, no solo asistieron cubanos, sino también nicaragüenses, venezolanos, colombianos, mexicanos o guatemaltecos, entre otros.

Gabriela Castro, mexicana de 21 años, nunca había ido a la ermita. Señaló que no es practicante, aunque cree en Dios, pero que asistió a la misa por su madre, abuela y tías. Su madre, Rocío Rodríguez, explicó que suelen acudir a iglesias que les quedan más cerca, pero que quería que sus padres, de visita en Miami, vieran uno de los lugares de culto más emblemáticos del condado.

También Laura González, uruguaya, quiso hacer lo mismo con su madre y dos primas. Dijo que acude de vez en cuanto a la Iglesia, y no mucho a la Ermita de la Caridad, pero le gusta el santuario, donde siente tranquilidad.

A todos, el padre Rumín lanza un mensaje de optimismo.

“Son momentos para renovar la esperanza que tenemos en Dios”, dijo Rumín. “Porque al final Dios nunca nos abandona”.

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