Sur de la Florida

BERNADETTE PARDO: No digamos adiós a los libros

Después de una larga agonía, las bibliotecas públicas de Miami Dade aparentemente recibieron esta semana el tiro de gracia.

Según una encuesta de este diario, la gran mayoría de los votantes de Miami Dade, el 55 por ciento, se opone a un aumento de impuestos para mantener abiertas las bibliotecas publicas del condado. Sin un aumento de $20 millones al año en el impuesto a la propiedad asignado a las bibliotecas, éstas se verán forzadas a reducir sus horarios en un 35 por ciento y a despedir a la mitad de sus empleados de tiempo completo. Para el propietario de una casa valorada en $150,000, el aumento sería de unos $22 al ano, menos de lo que cuesta un libro.

Según la encuesta conducida por Bendixen & Amandi, el 68 por ciento de los votantes hispanos en Miami Dade está en contra del impuesto para salvar las bibliotecas. Algunos de éstos simplemente no pueden más. Como Carlos y Elsa, una pareja de cubanoamericanos jubilados que vive en Westchester. Entre los dos ingresan $1,200 al mes. Tienen su casa pagada, pero no les alcanza para pagar un seguro. Para ellos cualquier aumento en los impuestos representa un sacrificio.

Otros contribuyentes que sí pueden pagar $25 o $50 más al año prefieren no hacerlo porque consideran que las bibliotecas son obsoletas en la era de la internet y Google.

Según el encuestador Fernand Amandi “la gente no está dispuesta a que el dinero público se dedique a algo que no es relevante”.

Pero lo que muchos consideran irrelevante visto desde su iPad, para otros es de vital importancia. Hay decenas de miles de ciudadanos en Miami Dade cuyo único acceso a la internet es a través de las computadoras y el servicio gratuito de WiFi en nuestras bibliotecas publicas. Estas también son la sede de todo tipo de clases y eventos comunitarios.

Desde el 2010 la tasa impositiva para las bibliotecas de Miami Dade ha sido reducida en un 55 por ciento. En comparación, la tasa impositiva para el resto de las operaciones del condado se ha reducido en solo un 2.78 por ciento en el mismo periodo.

Lo que casi nadie toma en cuenta es que las bibliotecas publicas también salvan vidas. Proveen servicios de entrenamiento para los que buscan trabajo. Preparan a miles de niños para ingresar a las escuelas públicas. Ofrecen programas para ayudar a los inmigrantes a aprender inglés e integrarse a la sociedad. Ayudan a pequeños empresarios a hacer crecer sus negocios y nos brindan a todos un refugio del mundanal ruido en el que podemos pensar y profundizar, algo que no ocurre muy a menudo en nuestro agitado universo digital.

En los últimos diez años, un gran número de estudios académicos concluye que las bibliotecas públicas son un importante motor económico. Según uno de éstos, aquí en la Florida, cada dólar que invertimos en nuestras bibliotecas publicas genera $6.54 para la comunidad.

En menos de un mes el alcalde y los comisionados de Miami Dade decidirán el futuro de nuestras bibliotecas públicas. Hasta ahora solo el comisionado Xavier Suárez ha salido en su defensa.

El tema de las bibliotecas públicas merece una segunda lectura más allá de las encuestas del momento. La destrucción de una institución tan valiosa no es la mejor forma de proteger los intereses del contribuyente.

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