Sur de la Florida

BERNADETTE PARDO: El verdadero déficit

En Miami Dade otra vez llegó el momento de pelear con la policía. El alcalde Carlos Giménez insiste en cubrir un déficit de $130 millones en el presupuesto condal con más concesiones de parte de los sindicatos y amenaza con eliminar más de 400 trabajos policiales. El presidente del sindicato de policías de Miami Dade (Police Benevolent Association), John Rivera, no pierde ninguna oportunidad para arremeter con ataques personales contra el alcalde Giménez de forma muy poco benevolente. Parece que estamos condenados a resolver nuestros problemas presupuestarios con espectáculos machistas de lucha libre.

El círculo vicioso que se repite cada año consiste en que el condado paga el 72 por ciento de sus ingresos para mantener salarios y beneficios laborales para sus 26,000 empleados, y los sindicatos hacen todo lo posible por preservar el statu quo. La nueva aristocracia intocable es la burocracia gubernamental, una especie de gallinero en el que los que suben primero se aferran al gajo más alto. Tres mil de los empleados del condado ganan más de $100,000 al año, algunos mucho más. Es una estructura que fomenta muchos jefes obsoletos y pocos indios innovadores.

Carmen, que tiene 80 años y vive en la ciudad de Miami, se pregunta por qué hay que regalarle millones de dólares al dueño multimillonario de los Miami Dolphins cuando ella tiene que vivir con $10,000 al año, no le alcanza para pagar la renta y la semana pasada se empapó cuando esperaba una “guagua” en una de las tantas paradas de autobús sin techo en Miami Dade. El número de personas en las listas de espera para vivienda pública en el condado es mayor que el número de personas que viven en Homestead.

La solución no es despedir a 400 policías o recortarles un 10 por ciento de sus sueldos. El salario inicial de un policía en Miami Dade es de $43,000 al año. El sueldo promedio es de alrededor de $60,000. Muchos policías ganan más de $100,000 al año pero es porque trabajan largas horas extras cuando terminan sus turnos. Según Rivera, el departamento de 2,700 empleados necesita contratar a 400 nuevos policías para darse abasto.

La unidad para combatir el tráfico sexual de menores, una campana anunciada a bombo y platillo el mes pasado, consiste en dos policías. En la capital del crimen al Medicare, la unidad que investiga fraudes médicos ha sido desmantelada. De acuerdo con Rivera, no hay suficientes detectives de homicidios para hacer las investigaciones necesarias y llevar a juicio a los sospechosos que arrestan. Menos del 30 por ciento de los casos de homicidio terminan siendo procesados.

La mayoría de los contribuyentes prefieren pagar el sueldo de un policía que el de un burócrata anónimo sin oficio y beneficio. Para balancear el presupuesto no hay que pelear con la policía. Lo que hay que hacer es reestructurar a fondo el gobierno del condado, examinar sus funciones primordiales y limpiar casa. La seguridad laboral en el condado está blindada por los acuerdos con los sindicatos. Eso es lo que hay que poner sobre la mesa en las próximas negociaciones. Para tener un gobierno que funcione de forma eficiente, como la industria privada, hay que poder despedir a los empleados que no den la talla. No se trata de recortar a trocha y mocha sino más bien de hilar fino.

El alcalde Giménez ya intentó una reestructuración “lite”, el equivalente a mover las sillas en la cubierta del Titanic para evitar el inminente naufragio. También hay que reconocer que el alcalde logró reducir el déficit de $200 millones a $130 millones, exigiéndoles a todos los departamentos ahorros y reajustes.

Pero el verdadero déficit en el proceso presupuestario es el déficit de confianza. Los sindicatos no confían en la administración, la administración no confía en los sindicatos y los más importantes, los votantes, no tienen confianza en su gobierno condal. Según la reciente encuesta de Bendixen & Amandi, el 55 por ciento de los votantes encuestados en Miami Dade considera que los que llevan la voz cantante en el ayuntamiento condal son los cabilderos que representan intereses especiales.

El gran reto para el alcalde y la comisión no es balancear el presupuesto sin nuevos impuestos sino cerrar esa brecha de confianza.

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