Sur de la Florida

Ex prisioneras políticas de Cuba recuerdan en Miami su paso por la cárcel

Alrededor de 25 ex-prisioneras políticas cubanas se reunieron este domingo en un almuerzo en Miami en la sede de los Municipios de Cuba en el Exilio. Vinculadas con movimientos conspirativos contra la naciente revolución de Fidel Castro, muchas cumplieron largas condenas en cárceles de la isla.

Sus historias, para muchos, desconocidas, ilustran como la consolidación del socialismo en Cuba fue un proceso de intensas luchas políticas y confrontaciones armadas, en el que los perdedores fueron duramente castigados, incluso, si eran mujeres.

Olga Morgan, vino de Toledo, Ohio, a participar en el almuerzo, organizado por el también ex-preso político Nelson Rodríguez. Ella es la viuda de William Alexander Morgan, el ‘Comandante Americano’. Ambos fueron guerrilleros en el Escambray y lucharon contra el dictador Fulgencio Batista. Olga era presidenta de la asociación de estudiantes de la Escuela Normal para maestros en Santa Clara y se involucró intensamente en la lucha clandestina contra Batista.

“Los maestros y el director de la escuela me ayudaban a escapar, a veces en la parte trasera de los autos. Yo fui la primera mujer que autorizaron para que se uniera a las guerrillas en el Escambray, porque me estaban buscando para matarme”, dijo.

Pero la historia dio un vuelco cuando en 1961 fueron acusados de enviar armas a los grupos de “alzados” en el Escambray, quienes combatían entonces al ya declarado gobierno socialista.

“El nunca llevó armas, yo sí, lo he dicho en otras ocasiones”, afirmó.

William fue fusilado en La Cabaña y ella intentó refugiarse en la embajada brasileña hasta que finalmente fue apresada y condenada a 30 años. Fue liberada en 1972, pero incapaz de encontrar trabajo en la Cuba de los 70, huyó a los Estados Unidos durante el éxodo del Mariel. Durante su confinamiento en la cárcel para mujeres de Guanajay, recibió las visitas intermitentes de su madre, hermanas y sus dos hijas pequeñas.

Gloria Argudín cayó presa el 19 de septiembre de 1960, con apenas 19 años. Es difícil imaginar que una joven de esa edad, secretaria en la Universidad de La Habana y colaboradora del Directorio Revolucionario en su lucha contra el dictador Fulgencio Batista, fuera tan peligrosa como para recibir una condena de 30 años.

Pero Gloria, fue la única mujer en un grupo de hombres capturados con armas y plantas de radio que intentaban alzarse en el Escambray y que estaban vinculados al Movimiento 30 de Noviembre, que estuvo involucrado también en varios atentados a tiendas en La Habana. Su juicio, con 150 acusados, fue un escarmiento público. Cinco de los acusados fueron fusilados. Ella todavía recuerda como le hicieron “un fusilamiento de mentira, me abrieron un hueco en la tierra y me dispararon con salvas”.

Gloria, quien dice no haber simpatizado nunca “ni con Batista ni con Fidel”, estuvo 10 años en la cárcel y otros tres años en los que vivió “de la caridad pública de mis vecinos”, pues como Olga, nunca encontró empleo. “Mi papá era comunista, médico de Fidel, y estuve cinco años sin hablarle”, agregó.

Ana María tenía 20 años cuando fue condenada en la causa 165 de 1961, asociada a un fallido alzamiento armado en la zona de Bayamo, en el oriente del país. Ella fue compañera de Reina Peñate en la cárcel de mujeres de Guanajay, a las que fueron trasladadas ambas. Reina entró a la cárcel con 31 años en 1961 y estuvo allí hasta 1970, cuando pudo viajar a los Estados Unidos gracias a una reclamación que le hicieran a su hermano. Según ella, fue condenada por formar parte de un grupo que pretendía enviar armas del Oriente a la Habana.

Peñate, de 84 años, todavía recuerda haberle dicho “a los milicianos que iba a cumplir una condena por no hacer nada”. Luego, según cuenta, fue golpeada y arrastrada hasta la celda, donde la dejaron tirada en ropa interior.

Todas estas mujeres formaron parte del grupo de presas políticas conocido como “Las Plantadas”, prisioneras que se negaron a participar en los programas de rehabilitación dentro de las cárceles cubanas y que hicieron varias huelgas de hambre en el pabellón D de la prisión para mujeres de Guanajay.

Varias de estas antiguas prisioneras políticas explican que fueron llevadas a una cárcel de Baracoa, de castigo, durante 6 meses. Las autoridades de la cárcel de Guanajay habrían empleado ese tiempo para construir un anexo con celdas tapiadas, donde fueron a parar casi todas, cuando cometían alguna indisciplina.

Según estos testimonios, se trataba de celdas “de 2x2, como estar dentro de un elevador, con una ventana con persianas, que dejaban entrar muy poquita luz, pero de concreto. La puerta tenía una plancha que la cubría y por debajo tenía un huequito por donde entraban el plato”, cuenta Ana María. Estas celdas tenían un pequeño lavamanos, también de concreto, y una taza de baño, aunque la entrada del agua era irregular.

A pesar de los períodos en las celdas tapiadas —Gloria estuvo seis meses en una ocasión— estas presas continuaron protestando y protagonizaron varias huelgas de hambre. ¿Cómo se puede sobrevivir a todo esto? “Con la fe”, respondió Olga, “yo llevo un rosario siempre conmigo”. Ella sigue esperando que el gobierno cubano autorice el traslado de los restos de su esposo, el Comandante Yanqui, hacia los Estados Unidos.

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