Sur de la Florida

BERNADETTE PARDO: El alcalde no tan fuerte

El alcalde Carlos Giménez me recuerda al mes de marzo en el norte del país porque “entra como un león y sale como una ovejita”.

Hace tres años Giménez llego a la alcaldía en olor de multitudes luego del furibundo revocatorio que destituyó a su tocayo, el alcalde Alvarez. Desde entonces repite con relativo éxito un solo mantra, “no más impuestos”. Lo cual está muy bien porque ningún político que se respete quiere tropezar dos veces con la misma piedra.

Con la excepción de las bibliotecas, este año otra vez la comisión acató la política de no aumentar impuestos. Pero pese a haber mantenido la línea tributaria, en esta última ronda presupuestaria el alcalde Giménez no se ha dado a respetar. Se ha visto forzado a llegar reculando a acuerdos con las uniones bajo advertencia de un posible enfrentamiento con la comisión.

Como nos dice diplomáticamente la presidenta de la comisión, Rebeca Sosa, “el alcalde ha ganado experiencia”. A última hora se ha percatado de que la mejor forma de negociar con las uniones no es filtrando amenazas de despidos masivos a través de la prensa y que los 13 miembros de la comisión no están pintados en la pared como elementos puramente decorativos del gobierno condal. La elección del pasado martes redujo el número de comisionados aliados incondicionalmente al alcalde. Y esta semana, como dice su presidenta, la comisión dejó bien claro “que no se iba a despedir un solo policía”.

A principios de mes el alcalde rugía como un león amenazando con despedir a más de 400 policías, exigiendo recortes salariales, la revocación permanente de ciertos beneficios laborales y dejando que nuestros parques se convirtieran en junglas amazónicas plagadas de mosquitos.

Esta semana, como mansa ovejita, en los acuerdos suscritos con diversas uniones el alcalde accedió a restaurar todas las concesiones y prebendas, a aumentar los salarios de los empleados y a no despedir un solo policía. ¿Y el tremendo déficit? Bien, gracias.

Como nos dijo Irma desde Hialeah, “armó el show, nos asustó a todos, y a última hora encontró los millones en una gaveta. Eso no es serio”.

Prueba de que la comisionada Sosa tiene toda la razón cuando concluye que meterle miedo a la gente no trae resultados. Sosa insiste en que es inaceptable reducir servicios básicos a la comunidad para tratar de balancear el presupuesto.

La semana pasada el nuevo alcalde, cordial, tomó cafecito en el hotel Biltmore de Coral Gables con su archienemigo de siempre, el presidente del sindicato de policías, John Rivera, quien dice que fue una reunión obviamente orquestada para suavizar la imagen del alcalde pero que fue amistosa. Hasta ahora el sindicato de policías no se ha sentado a negociar con el condado.

Rivera, quien parece haber ganado de antemano, le recomienda al alcalde no crear un conflicto en público antes de sentarse a negociar en privado. Esperemos que Rivera tome a pecho su propio consejo.

En lo que respecta al alcalde, no me malinterpreten. Con la sola excepción del general George Patton, detesto a los “hombres fuertes”. Prefiero mil veces a un alcalde flexible que a un alcalde fuerte, a lo puro macho. No hace falta subir los impuestos, sólo hay que buscar la forma de flexibilizar el presupuesto de más de $6,000 millones para que responda mejor a las necesidades de los residentes.

Y en eso de las negociaciones recuerdo lo que nos dijo a un grupo de periodistas un veterano diplomático israelí: “para negociar con éxito hay que saber cómo escribir el discurso de victoria del que esta sentado del otro lado de la mesa”.

  Comentarios