Sur de la Florida

Destaca la cocina contempóranea de jóvenes chefs españoles

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El chef David Rustarazo, quien comanda los fogones de Klima, pertenece a una nueva oleada de jóvenes cocineros y emprendedores españoles que ha cuajado en Miami.  Klima, con apenas dos meses de abierto, ya tiene un lugar destacado en el mapa culinario de Miami Beach.
El chef David Rustarazo, quien comanda los fogones de Klima, pertenece a una nueva oleada de jóvenes cocineros y emprendedores españoles que ha cuajado en Miami. Klima, con apenas dos meses de abierto, ya tiene un lugar destacado en el mapa culinario de Miami Beach. EFE

Una nueva oleada de jóvenes cocineros y emprendedores españoles ha cuajado en Miami con la apertura de locales decorados con seducción y una cocina de toque creativo, que se ofrece incitante y olfativa, pero sin florituras que distraigan del valor de la materia prima.

Durante años el gran trabajo de los cocineros españoles en Estados Unidos, sumado al turismo, contribuyó a la puesta en circulación de los platos de raigambre ibérica, pero es en nuestro días cuando la cocina contemporánea de sello español ha alcanzado mayor reconocimiento en este país.

Dentro de esta nueva oleada de chefs y empresarios españoles que lo han arriesgado todo en esta aventura de fogones sobresalen en Miami los restaurantes Klima, Piripi, Barceloneta, Perfecto o Niu Kitchen, continuadores de la estela que abrió el chef José Andrés con su celebrado Bazaar en Miami Beach.

Klima, el último en abrir sus puertas en Miami Beach hace apenas dos meses, ya se ha situado en el mapa culinario de la ciudad con su inspirada interpretación de la rica y variada cocina regional española, fruto del esfuerzo y la máxima ilusión puesta por sus propietarios, los catalanes Yago Giner y Pablo Fernández-Valdés.

Antes de entrar en el acogedor y amplio salón del local, decorado con madera, techos de viga vista que recuerdan una casa rústica de campo, espera un bar elegante y atractivo, ideal para acomodarse y, por ejemplo, estudiar la carta mientras se disfruta de su coctelería. En este caso, una combinación de resonancia catalana: Latitud 41, a base de ginebra, pepino, zumo de limón y sirope de frutas.

Pero es la cocina que comanda el chef David Rustarazo la clave del éxito que ha cosechado el establecimiento en estos dos meses que lleva abierto: platos de elaboración muy cuidada, de gusto fino y delicado, consistentes, tentadores en su presentación y de sabor hondo.

“Hemos traído a Miami un pedacito de la cocina española y de Barcelona, cocina contemporánea con ciertos ajustes para captar la demanda del publico de esta ciudad”, comentan a Efe Giner y Fernández-Valdés, ambos procedentes del sector culinario y hotelero español.

De hecho, son amigos y compartieron importantes y pasadas tareas de dirección en el desarrollo y supervisión del exitoso Grupo Tragaluz, con varios locales y hoteles de lujo localizados en España y fuera de sus fronteras.

Sin embargo, estos dos inquietos jóvenes empresarios decidieron hace tres años encarar un nuevo ambicioso desafío y apostar por la instalación en Miami de un restaurante que recogiera todo lo aprendido, soñado, compartido y vivido por ambos.

El proyecto “es muy personal y le hemos dedicado mucho esfuerzo y horas de entrega y pasión hasta conseguir la decoración y cocina que queríamos, con platos frescos, utilizando el mejor producto local”, aseguran con entusiasmo Giner y Fernández-Valdés.

El interior del local traslada al comensal a una casa de campo mediterránea, acogedora, lo que propicia esa sensación de atmósfera hogareña pero de cuidado estilo decorativo.

A la mesa, como preámbulo, llegan aperitivos que tienen una cara buenísima y mejor sabor, como el puré de patatas Parmentier coronado con un huevo semiescalfado y tiras de jamón ibérico, el salmorejo o las ostras con salmón y salsa Ponzu.

Tienta sobremanera, en el capítulo de las ensaladas, el tartar de bacalao con tomate deshidratado, aceituna kalamata, cebolla y orégano. El bacalao de primera calidad, sabroso y de sabor fino.

Llama la atención hasta qué punto el concepto del establecimiento huye, como Giner y Fernández Valdés dicen, de los “grandes proyectos que, al final, resultan muy impersonales”.

De servicio excelente todo en esta casa muestra, desde que el comensal entra, la precisión del trato cordial y afable, el sentido de la hospitalidad española y la idea de que la gastronomía está en relación directa con el culto a la amistad y la conversación.

Como segundo plato, la pierna de cordero asada con puré de patata Parmentier, tan excelente como el pollo de primavera con escalivada, en homenaje a la tierra catalana.

“Hemos hecho el restaurante al que nos gustaría ir”, apostilla Fernádez-Valdes, una frase que impone como dulce corolario las torrijas con yogur griego y la tarta de bizcocho y almendra al Disaronno con crema de chocolate y helado de vainilla.

La existencia de un acogedor patio interior y pérgola, paredes con enredaderas y graciosos faroles, invita a ocupar una de las mesas por la tarde, en el cenador, sin pensarlo dos veces.

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