Sur de la Florida

Determinan que Rivera violó Código de Etica de la Florida

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Ante la amenaza de un éxodo de su equipo legal, David Rivera no pudo demorar el caso de una Comisión de Ética de la Florida que llegó a la conclusión de que administró de forma corrupta dinero de los contribuyentes y sus propias financias personales cuando era legislador estatal.

Sin embargo, el viernes, cuando la comisión conoció su última maniobra en el caso que ya lleva dos años, los comisionados rechazaron unánimemente una demora más. La Comisión recomendó que el juez administrativo David Watkins sea quien determine cuáles son las penalidades por las violaciones cometidas por Rivera, quien llegó tarde a la audiencia y se perdió la discusión de su caso.

“Es insultante cómo pudo haber pasado esto”, dijo Stanley Weston, vicepresidente de la Comisión de Ética.

“Negar todo esto envía un mensaje de que hemos terminado con todo esto”, dijo por su parte el miembro de la Comisión Matthew Carlucci.

La comisión determinó que Rivera, que trabajó en la Cámara de la Florida del 2002 al 2010, violó siete instancias del Código de Ética de la Florida para Funcionarios y Empleados Públicos cuando estaba en la Legislatura.

El juez Watkins concluyó que Rivera aceptó reembolsos estatales por viajes que ya habían sido pagados por cuentas de la campaña y también que Rivera no reveló de manera apropiada sus ingresos.

El caso del viernes tuvo lugar apenas dos días después de que su amiga y confidente, Ana Alliegro, fuera sentenciada por un complot de finanzas federales de campaña que, según le dijo a los fiscales, fue organizado por Rivera en el 2012, cuando cumplió su primer y único término como congresista. Rivera, coinsiderado coconspirador “no encausado”, todavía está bajo una investigación federal.

En los dos años que lleva ventilándose el caso de Rivera, dos de los abogados que lo representaban renunciaron en julio. Un tercero renunció en agosto.

Rivera no pudo contratar a un abogado hasta el día antes de que la Comisión estuviera lista para escuchar los detalles del caso, de ahí que tratara de posponer la audiencia.

El jueves, a las 4:43 p.m., el abogado de Tallahassee Leonard Collins presentó una moción para continuación que no cumplió con la fecha límite para la audiencia del viernes. Collins dijo que fue contratado ese día, jueves, para presentar la moción.

“(Rivera) solicita respetuosamente una continuación de modo que su consejero legal pueda revisar los documentos y hacer la necesaria investigación legal para prepararse apropiadamente para discutir estos problemas ante la Comisión de Ética de la Florida”, escribió Collins en la moción.

Collins dijo que la Comisión rompió sus propias reglas y la recomendación de su propio abogado, quien estipuló que la Cámara de la Florida debería determinar las multas, no el juez Watkins. De cualquier modo, la Cámara —llena de aliados y amigos de Rivera— se supone que deba determinar la pena de Rivera.

Sin embargo, los miembros de la Comisión no escucharon la solicitud. Algunos parecían pasmados por la petición. La votación fue rápida y la junta continuó con el resto de la orden del día. El caso Rivera, que se adelantó en la orden del día el viernes por la mañana, pasará a manos de Watkins.

Treinta minutos después de la votación, sin embargo, Collins apareció. Se notaba que no estaba muy satisfecho con el resultado. “Sacaron el caso del orden establecido”, dijo Collins, que trabaja en el bufete legal Broad and Cassel.

Aunque discutieron el caso más temprano de lo programado, los comisionados dijeron que Collins debía haber estado allí.

“Si era algo tan importante, no veo por qué él no estaba aquí”, dijo Weston.

Después que Collins llegó, se mantuvo sentado en la audiencia y contempló una serie de casos sin relación con el de Rivera, con la esperanza de poder hacer otra apelación de último minuto. “Ellos saben que están equivocados”, dijo.

Minutos más tarde Rivera se unió a Collins en la audiencia.

“Puedo entender por qué si alguien está aquí, ellos sacan un caso fuera del orden”, dijo Rivera, quien llegó a la audiencia tras ver por televisión que su caso ya estaba escuchándose. “Lo que no entiendo es por qué lo harían si no hay nadie aquí”.

Collins interrumpió.

“Me parece que debían haber esperado”, dijo. Cuando se le preguntó cómo podría convencer a la Comisión para tomar de nuevo el caso, Collins titubeó, y solo dijo: “No lo sé”.

Durante un receso de cinco minutos, se le preguntó a Linda McKee, presidenta de la Comisión, si la junta reconsideraría el caso y lo que hizo fue mover la cabeza.

Fue una audiencia muy agitada. La Comisión le otorgó al gobernador Reubin Askew, que murió en marzo, un premio por su Sunshine Amendment (Enmienda del Estado del Sol).

“Un cargo público conlleva la confianza del público”, le dijo a la Comisión Donna Lou Askew, viuda de Askew, mientras Rivera permaneció sentado junto a Collins.

Cuando Robison presentó una moción para aplazar la audiencia, Collins se apuró en subir al podio.

“Le pediría que lo reconsiderara”, dijo Collins, pero antes de que pudiera comenzar a argumentar a favor de Rivera, Robison lo interrumpió.

“Ya hemos escuchado todo este asunto, y lo hemos resuelto, de modo que no vamos a volver a discutirlo”, dijo Robison.

Sin estar satisfecho, después que la vista había acabado, Rivera caminó hacia el estrado cuando todo el mundo empezaba a irse y le preguntó a Robison y a la directora ejecutiva de la Comisión, Virlindia Doss, por qué su caso se ventiló primero.

“Tratamos de acomodar a la señora Askew, que es una anciana y tiene una salud frágil”, dijo Doss.

“Pero ella no estaba allí cuando usted nos sacó fuera del orden”, le dijo Rivera.

“No, simplemente pensamos que su asunto demoraría un tiempo largo, por eso lo discutimos primero y le dimos el tiempo que merecía, para no tener que pedirle a la señora Askew que esperara”, le dijo Doss a Rivera.

“Pero ella llegó más tarde”, le respondió Rivera.

“Entiendo eso”, dijo Doss mientras Collins trataba de sacar con delicadeza a Rivera de la sala.

Al preguntársele si estaba satisfecho con la explicación de Doss, Rivera dijo: “Tengo que hablar con mi abogado en privado”, señalando a Collins.

Rivera no quiso hablar con la prensa. Al inicio de la audiencia, se le preguntó a Rivera cómo iba a pagarle a su equipo legal. “Pregúnteme por correo electrónico”, respondió.

Cuando el reportero le preguntó por qué no podía responderle verbalmente, Rivera le dijo: “¿Tienes algún problema en mandarme un correo electrónico?”

Cuando el reportero señaló que estaba allí en en ese justo momento y podría responderle con facilidad, Rivera le dijo otra vez: “Pregúnteme por correo electrónico”.

¿Por qué?, quiso saber el reportero.

“Porque así sé que no vas a sacar fuera de contexto mis palabras”, le dijo Rivera, que ocupó el cuarto lugar en las primarias de agosto cuando trató de recuperar su escaño en el Congreso.

Rivera dijo que que no estaba tranquilo que la entrevista estaba siendo grabada.

“¿Vas a darme la grabadora para poder llevarla a Miami?”, le preguntó.

El reportero le dijo que podía mandarle el audio por correo electrónico.

“Yo te doy la entrevista, y tú me das la grabadora”, dijo Rivera.

Cuando le repondió que era un negocio disparejo, Rivera sólo tuvo una respuesta:

“Envíame un correo electrónico”.

Una lista de interrogantes —cómo le piensa pagar a los abogados, por qué renunciaron sus tres abogados, y si dejó de pagarles— se le enviaron minutos más tarde.

“Voy a considerar todas esas preguntas”, dijo Rivera. “Tendré en consideración responderlas. Su prerrogativa es hacer las preguntas, la mía es responderlas”.

El reportero del Miami Herald Marc Caputo contribuyó a este reportaje

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