Sur de la Florida

Llegan tiempos de cambio para el Miami City Ballet

Bailarines de la compañía en sus rutinas diarias.
Bailarines de la compañía en sus rutinas diarias. Miami Herald

Miami City Ballet (MCB) abre su 28 temporada en octubre con Romeo y Julieta, que fuera un éxito para el grupo en la primavera del 2011. Y, a lo largo de la temporada, muchos bailarines y ballets vistos en años anteriores subirán a escena.

Pero de muchas maneras, algunas visibles para el balletómano y muchas otras detrás de las bambalinas, la compañía se ha transformado. La directora artística Lourdes López ha ido poniendo en práctica su visión con creciente autoridad desde que asumió el mando tras la partida del fundador Edward Villella hace dos años.

Los cambios más evidentes han sido en la dirección y la nómina de la compañía. Ha habido una renovación casi completa, desde un nuevo presidente de la junta directiva y un nuevo director ejecutivo hasta nuevos maestros en la escuela de la compañía. La junta está ahora mejor organizada y más funcional, con una relación mejor definida y más útil con la compañía.

“Creo que Lourdes está ganando confianza”, afirma el nuevo director ejecutivo Michael Scolamiero, quien ocupó el mismo puesto en el Pennsylvania Ballet durante 17 años antes de mudarse a Miami en julio. “Ella está logrando crear una identidad para la compañía”.

Grandes cambios en una institución artística significan mucho más que nuevas estrategias de marketing; ellos producen diferencias en la estética, el carácter, la identidad. En el caso de Miami City Ballet, los cambios indican un repertorio y un estilo más mezclado, más contemporáneo, y más parecido a los de otras compañías de ballet estadounidenses; una cultura de organización más corporativa; y un nuevo énfasis en las relaciones con la comunidad.

Cómo afectarán en última instancia esos cambios el perfil artístico de la compañía — el modo en que baila, y su lugar en el mundo de la danza y en el paisaje cultural de Miami — están todavía por verse.

En una entrevista reciente llevada a cabo en la sede del grupo en Miami Beach, López dijo que quería centrarse en nuevos ballets — tales como Heatscape, comisionado al coreógrafo Justin Peck del New York City Ballet, y una versión de Carmen del coreógrafo británico Richard Alston, ambas fijadas para esta temporada.

“Yo quería cambiar el repertorio, introducir nuevas obras, tanto las existentes como continuar lo que Edward estaba haciendo, que era comisionar obras nuevas y vibrantes”, dijo López. “El año pasado fue un paso en esa dirección, como lo es definitivamente este año”.

La atmósfera relajada y familiar que reinaba en el grupo bajo el mando de Villella y su esposa Linda Villella, quien fundó y dirigía la escuela de la compañía, ha sido reemplazada por un aire más empresarial.

“El ballet y la escuela están haciéndose más institucionales”, afirma el ex director y maestro principal de la escuela de MCB Carter Alexander, quien se fue el verano pasado. “De ahí saldrán cosas maravillosas, y habrá cosas maravillosas que se perderán”.

La nueva presidenta de la junta directiva Sue Kronick afirmó que los cambios eran inevitables, y que acabarán trayendo resultados positivos. “En todos los negocios existen períodos de transición”, dijo Kronick. “Algunos traen problemas, y otros tienen éxito. La pregunta es: ¿qué es lo que lleva al éxito?”

En el sentido organizado tanto como en el financiero, el grupo de artes escénicas mejor conocido de Miami parece haber ganado en estabilidad. Según directivos de la compañía, el presupuesto es de $16 millones este año, el mayor que ha tenido nunca la compañía (el presupuesto había llegado dos veces a un máximo de poco menos de $15 millones). La deuda, que era de $3.5 millones a la partida de Villella en el otoño del 2012, se ha reducido a $1.9 millones. Una subvención de $5 millones de la Fundación John S. & James L. Knight para la dotación del grupo, que se paga en plazos anuales, ha llevado el fondo de dotación del grupo de casi cero a $3 millones.

A finales de julio, la compañía había vendido alrededor de 28,000 entradas y suscripciones por un valor de $1.9 millones, lo cual igualó las cifras de finales de las dos temporadas anteriores; se espera que los exceda este otoño, en parte gracias a nuevas estrategias de marketing tales como un plan de “escoja su propio asiento”.

Muchos importantes empleados de la era de Villella era, así como algunos del período de transición cuando López comenzó, ya no están. Scolamiero reemplaza a Daniel Hagerty, ejecutivo recaudador de fondos del Centro Kennedy traído por López quien se fue en abril alegando razones personales, principalmente su deseo de reunirse con su compañero, un bailarín de ballet que no pudo encontrar trabajo en el sur de la Florida. Phillip Neal, ex directivo del New York City Ballet cercano a Villella que había estado preparando ballets y recaudando fondos en West Palm Beach, se fue el año pasado.

La nueva directora de la escuela Darlene Callaghan, quien asumió el mando el verano pasado, despidió recientemente al veterano director administrativo Ricardo Montealeagre, quien ayudó a fundar la escuela y creó y supervisó un exitoso programa de intercambio con una escuela de ballet brasileña que ha traído a los bailarines principales Renan Cerdeiro, Kleber Rebello y Nathalia Arja al MCB. Otro empleado administrativo de mucho tiempo de la escuela, Jesús Vásquez, fue despedido en otoño del año pasado.

Esta primavera, el grupo designó una nueva directora de desarrollo, Eva Silverstein, y agregó un nuevo puesto importante, director de extensión comunitaria y proyectos especiales. La misma fue otorgada a Terry Schechter — ex presidenta de Funding Arts Network, un grupo privado de financiamiento a las artes radicado en Miami — para supervisar y recaudar dinero para programas comunitarios.

López casi siempre da las gracias a la comunidad en sus discursos antes de los espectáculos, y ella ha hecho énfasis en eventos y asociaciones que llamen la atención con objeto de crear simpatía y sensibilización, así como venta de entradas y donaciones. Entre sus esfuerzos está un flash mob en el Wynwood Art Walk, una colaboración con New World Symphony para un nuevo pas de deux de Peck, y una actuación en el Jardín Botánico Tropical de Fairchild. El 30 de enero, la compañía se unirá a la Fundación YoungArts para un evento especial con el dramaturgo Tarell Alvin McCraney.

El plan de Schechter es expandir esa extensión. Entre sus ideas está hacer que los bailarines visiten hospitales infantiles y hacer espectáculos con un nuevo grupo de estudiantes en museos y escuelas. López tiene la esperanza de aumentar las becas en la escuela de ballet de la compañía y crear programas en las escuelas públicas.

“Hemos conseguido cierta extensión, hemos llegado a muchos”, afirmó López. “Creo que nos hemos hecho mucho más visibles como compañía, pero no tanto como yo hubiera querido, porque no contamos con los debidos recursos humanos”.

Un cambio menos visible, pero crucial, está teniendo lugar en la junta directiva de la compañía. Kronick, quien entró como presidenta hace un año, es una figura con muchas conexiones y que fue por mucho tiempo vicepresidenta de Macy’s. Ella está instituyendo un nuevo profesionalismo y algunos cambios muy necesarios, según conocedores. Kronick, quien conoce muy bien el mundo de las agencias sin afán de lucro — ella es miembro del patronato de la Fundación Knight, y su esposo, Edward Shumsky, es vicepresidente del New World Symphony — ha supervisado la reescritura del reglamento del grupo, así como estableciendo comités en áreas tales como recaudación de fondos y la búsqueda de nuevos miembros para la junta directiva.

Esta organización, que se considera estándar para una organización artística bien administrada, nunca existió antes en el ballet. El grupo ha tenido dificultades a menudo para atraer a nuevos miembros, y algunos hicieron muy poco aparte de pagar las cuotas. Eso ayudó a crear una situación en que el grupo dependía demasiado de un pequeño núcleo de directivos y donantes que daban grandes donaciones durante años, lo cual condujo a choques con Villella con relación al control artístico.

“Tanto los donantes como la junta directiva estaban hastiados”, afirmó López. “Ellos estaban acostumbrados a no tener una verdadera participación... La manera en que estaba estructurado no era realmente la mejor para una organización de danza del siglo XXI”.

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