Sur de la Florida

Rob Hiaasen, uno de los periodistas asesinados en Maryland, tenía profundos nexos con el sur de la Florida

Rob Hiaasen
Rob Hiaasen

Como escritor y columnista de periódicos, a Rob Hiaasen le encantaba explorar los absurdos cotidianos y las alegrías de la vida: llamar a su madre en Florida los domingos o los pequeños placeres de ignorar los titulares mientras estaba sentado en la silla de barbero.

Hiaasen, que tenía profundas raíces familiares y en el periodismo del sur de la Florida, era una voz rara en los medios: cálida, ingeniosa, a menudo reconfortante. Esa voz fue silenciada el jueves cuando fue asesinado junto con otros cuatro miembros del personal en la redacción de un periódico de Maryland.

"Tenía celo por escribir y encontrar buenas historias", dijo Jon Morgan, ex editor de Baltimore Sun que trabajó con Hiaasen. "En los días más oscuros de los recortes y despidos en el periodismo, Rob fue una inspiración".

Hiaasen, de 59 años, había trabajado como columnista y editor de Capital Gazette en Annapolis desde el 2010. Pero sus conexiones con el sur de la Florida eran de toda la vida. Creció con su hermano, el columnista de Miami Herald Carl Hiaasen, en el área de Fort Lauderdale y trabajó en el Palm Beach Post en la década de los años 1990.

"Era un bello escritor. A la gente le gustaba hablar con él. Era muy agradable, gracioso, inteligente y de un gran sentido del humor", dijo Tom O'Hara, ex editor gerente del Post. "Me encantaba editar sus historias".

En The Gazette, Hiaasen se desempeñó como asistente de editor y escribía una columna semanal. En muchos sentidos, fue el tono opuesto de su hermano Carl, que se especializa en ensartar a los pejes gordos de la política con su famosa misión periodística de "patearles el trasero".

Rob Hiaasen también reportó noticias duras pero nunca tuvo miedo de divertirse y arriesgarse, como cuando escribió una columna sobre su anhelo de poder disfrutar un mejor clima primaveral en Maryland. Su solución: se puso un snorkel y se fue a bucear en la nieve de su patio trasero.

En el 2010, en medio de varios proyectos periodísticos, Hiaasen volvió a la escuela para convertirse en maestro sustituto. Escribió sobre esa experiencia en una columna para el Washington Post. Hiaasen era un hombre alto e imponente, pero en el fondo era un gran osito de peluche más atemorizado que un niño, al menos al principio.

"La parte más difícil fue la primera vez que entré a un aula", dijo Hiassen a NPR, "preguntándome qué iba a decir que marcara la pauta, para que tuvieran un día productivo".

Hiaasen fue contratado en el Palm Beach Post en la década de los años 1990 para cubrir el gobierno del condado, pero mostró un estilo de escritura que pedía a gritos un tema mejor. "Solíamos reírnos de sus introducciones anecdóticas de tres párrafos", dijo O'Hara.

Luego pasó al departamento de reportajes especiales y allí conoció a su esposa, Maria Hiaasen. Luego pasó 15 años en The Baltimore Sun, donde su curiosidad nunca se sació a pesar de toda una ciudad que zumbaba a su alrededor.

Un día, mientras iba a almorzar con sus colegas, vio a una pareja coreana recogiendo nueces que cayeron del árbol de ginkgo afuera de la redacción del Sun. Eso se convirtió en una columna sobre la historia de la delicadeza asiática y sobre nuevos amigos.

"Tenía el ojo para detectar eso. Entablaba una conversación y sacaba una gran historia", dijo Morgan, ex editor del Sun. "Fue muy típico de él".

Como periodista veterano, también era muy consciente de los peligros de la profesión a lo largo de la historia. En el 2006, hizo una crónica de la dedicación de un monumento encargado por el Freedom Forum, que estudia los problemas de los medios de comunicación: el monumento honraba a los periodistas asesinados en el trabajo.

Nancy Ancrum, editora del consejo editorial del Herald, dijo que las muertes de Hiaasen y sus colegas de Maryland eran como perder a familiares.

"Estamos devastados por la pérdida de Rob Hiaasen. Carl es como un miembro de la familia. Y cuando la familia siente dolor, nosotros también", dijo Ancrum. "También lamentamos la muerte de las otras cuatro víctimas porque los periodistas también son familiares. Le deseamos a Carl y a sus seres queridos paz ante tanta insensatez".

En el 2004, Hiaasen ganó un John S. Knight Journalism Fellow en la Universidad de Stanford. También enseñó periodismo en la Universidad de Maryland.

Él y su esposa tienen tres hijos. También es el tío de Scott Hiaasen, el hijo de Carl y ex periodista de investigación del Herald que ahora es abogado en Miami. Scott Hiaasen está casado con Jenny Staletovich, que cubre el tema de medio ambiente para el Herald.

Scott Hiaasen calificó de "aplastante" la pérdida en la familia y dijo que su tío fue una inspiración, no solo para su propia carrera de periodismo.

"Estaba tan orgulloso de ayudar a los jóvenes escritores", dijo Scott Hiaasen, quien comenzó como pasante en el Palm Beach Post en la década de los años 1990. "Compartí una sala de redacción con mi tío. No mucha gente puede decir eso. Conversábamos todos los días. Intercambiamos historias. Me ayudó a ser periodista".

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