Sur de la Florida

La marea roja afecta a todos en Florida, no solo a los peces

En Sanibel, un guía de pesca lucha contra la marea roja que afecta al suroeste de Florida

La semana pasada, el capitán Chad Huff encontró un tarpón de 80 a 100 libras flotando muerto cerca del Refugio Nacional de Vida Silvestre Ding Darling en Sanibel, donde algunas de las peores muertes de peces han ocurrido por una marea roja.
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La semana pasada, el capitán Chad Huff encontró un tarpón de 80 a 100 libras flotando muerto cerca del Refugio Nacional de Vida Silvestre Ding Darling en Sanibel, donde algunas de las peores muertes de peces han ocurrido por una marea roja.

Un día despejado y sin brisa en Pine Island Sound es por lo general perfecto para pescar. Entonces el capitán Chad Huff observa algo que le rompe el corazón y amenaza su sustento: aun sábalo de entre 80 y 100 libras, probablemente de unos 10 años, con las escamas brillando como si fueran una armadura, flota sin vida en la superficie.

El pez ya ha comenzado a descomponerse y se le ven ojos nublados.

“Es horrible”, dice en voz baja el capitán Huff, capitán de pesca de segunda generación. “El 80 por ciento de lo que me pagan es para buscar a uno de estos y pescarlo con una caña”.

Huff pescó su primer sábado con su padre cuando tenía 6 años, y desde entonces ha pasado los años capturando y soltando muchos más. Ver los peces flotando muertos lo llena de indignación.

“Ya no lo soporto”, dice, antes de alejarse en su embarcación.

De voz suave y lacónico, Huff no agita banderas políticas ni se suma a protestas. Pero una marea roja que se ha prolongado durante 10 meses y que ha afectado a la costa suroeste de la Florida, junto con las aguas que salen del lago Okeechobee y pasan cerca de su casa, lo han hecho sumarse a la lucha, y ahora se ve en medio de un público cada vez más molesto. Han realizado manifestaciones los fines de semana en Sanibel y Sarasota, tuvieron una reunión caldeada el mes pasado con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, en debates diarios en las redes sociales, además de estar hartos de que los funcionarios resten importancia a la contaminación costera y culpen a la naturaleza por la marea roja.

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El capitán Chad Huff coloca su embarcación junto a un sábalo muerto de entre 80 y 100 libras cerca del Refugio Nacional Ding Darling en Sanibel, el 10 de agosto del 2018. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

“Sí, ocurre de manera natural, igual que el cáncer”, dijo Randy Wayne White, autor de novelas exitosas sobre la larga historia de la Florida y sus problemas ambientales, quien también fue guía de pesca. “No he leído ninguna estadística comprobable que pruebe que la contaminación con nutrientes, con fertilizantes, exacerba la marea roja. Pero sí sé, porque crecí en una granja, que si uno fertiliza algo, crece”.

Pero provocarle la muerte a un sábalo no es fácil. Los pescadores pagan $800 diarios por batallar con el pez entre 15 minutos y una hora, dependiendo de su nivel de destreza, para devolverlos vivos al agua después. La suciedad en el agua no molesta a los sábalos, que se congregan a diario alrededor de los atracaderos comerciales en Miami Beach y los Cayos, atraídos por desechos de los pescadores, a pesar de las fugas de aceite y el humo tóxico de los motores diésel. Los sábalos crecen en las aguas oscuras de la costa de zona urbanas en toda la Florida y los adultos migran cientos de millas todos los años desde la costa este hasta las costas de aguas cálidas de la Florida.

Pero la marea roja de este año es otra cosa. Los sábalos que normalmente huyen de las mareas tóxicas están apareciendo muertos, junto a manatíes, tortugas, róbalos y otros animales marinos grandes.

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Un sábalo muerto en Sanibel el viernes 10 de agosto del 2018, donde empleados municipales recogieron 267 toneladas animales marinos muertos y algas. Otro sábalo muerto fue visto en San Carlos Bay y un tercero cerca del Refugio Nacional Ding Darling. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

La marea roja comenzó en octubre cerca de Sarasota, pero se intensifico después que las fuertes lluvias hicieron que las autoridades descargaran más agua de lo normal del lago Okeechobee, donde la proliferación de algas azulverdosas se disparó en junio. La semana pasada un tipo de alga color verde neón, que también puede matar peces, ostras, la hierba marina y otros animales— siguió acumulándose en canales en Fort Myers y avanzó por el río Caloosahatchee hacia la costa suroeste.

Hasta el martes, autoridades estatales de vida salvaje habían contabilizado 605 tortugas muertes y 120 varadas en siete condados que padecen o están muy cerca de zonas con marea roja, con 266 casos de envenenamiento confirmados desde noviembre, reportó el Laboratorio Marino Mote. Eso es 1.7 veces más que el promedio quinquenal. La Administración Nacional de la Atmósfera y los Océanos (NOAA) había confirmado la muerte de 22 delfines, aunque no todas debido a la marea roja. Eso incluye 11 recogidos por Mote la semana pasada solamente en los condados Sarasota y Manatee.

La muerte de casi 100 manatíes en condados afectados por la marea roja también se ha vinculado con las proliferaciones de algas. Las consecuencias para otros peces, como el sábalo —especies menos conocidas y con menos protecciones— no se conocerá hasta que pueda evaluarse la situación en el futuro, indicó en un correo electrónico Kim Amendola, portavoz de la NOAA.

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Fuente: NOAA

Aunque el debate se extiende sobre en qué medida el agua contaminada del lago ha exacerbado la amplitud de la marea roja que ahora se extiende a lo largo de la costa, Huff está seguro de algo:

“Esto no es nada nuevo, sencillamente ha empeorado”, dijo.

El estado se apresura ahora a enfrentar una marea roja que científicos dijeron la semana pasada no muestra señales de ceder. El lunes, el gobernador Rick Scott declaró el estado de emergencia en áreas afectadas por la marea roja, un mes después que hizo lo mismo en las zonas afectadas por la proliferación de algas azulverdosas, entregando fondos para labores de limpieza, impulsar el turismo e investigaciones. Pero habitantes de la zona como Huff y White se preguntan por qué ha hecho falta una marea roja tan devastadora como la de este año para que las autoridades estatales presten atención a la calidad del agua.

Durante los últimos 10 años, el nivel de supervisión que quizás hubiera podido ayudado a pronosticar la proliferación de algas de agua dulce o entender mejor cómo influye la contaminación en las costas sobre las mareas rojas, se ha reducido.

White opina que es erróneo culpar complemente a los cultivadores de caña de azúcar al sur del lago cuando buena parte de la contaminación que llega al lago viene del norte, donde hay muchas fincas de ganado y cultivos de cítricos, y donde las aguas de lluvia que cae sobre los suburbios es canalizada al lago.

“Yo he escrito en más de una novela que la Florida no gana nada de los grandes intereses azucareros, excepto algunos políticos desinformados”, dijo. “Pero culpar a esos intereses azucareros por esta combinación es algo desafortunado, creo que es erróneo y eso me preocupa porque pienso que es un problema mayor que eso”.

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Un pez que se sospecha murió envenenado por la marea roja, en Sanibel. La ola de peces muertos que inundó la isla comenzó a ceder a finales de la semana pasada. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

Los científicos concuerdan. No está claro hasta qué punto las descargas de agua del lago, a extensión de las mareas rojas, los nutrientes de las algas o los peces muertos contribuyen al problema. Ha habido años con grandes descargas del lago en que no ha habido mareas rojas, y lo contrario. Encontrar la respuesta se ha dificultado ante la escasez de fondos para investigaciones.

“No es que no lo hayamos propuesto una y otra vez”, dijo Bob Weisberg, profesor de Oceanografía de la Universidad del Sur de la Florida, quien emite pronósticos anuales de marea roja. “Pero no hemos logrado conseguir que las agencias lo entiendan”.

Decir que el agua es la vida del suroeste de la Florida es decir poco.

“Es una necesidad”, dijo White. “No sólo económicamente, sino visual y estéticamente. Es parte de lo que somos”.

Sus amigos le dicen que esta marea roja es la peor que han visto, lo que afecta el espíritu y la billetera. Y no son sólo los guías lo que salen perdiendo. White, copropietario de tres restaurantes, dijo que la actividad ha bajado 20 por ciento. La Sanibel Sea School perdió $25,000 por cancelaciones, dijo el cofundador y director Bruce Neill.

“Eso es casi el sueldo de uno de nuestros empleados”, dijo.

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Peces muertos flotan en un arroyo cerca del Refugio Nacional Ding Darling en Sanibel el 10 de agosto del 2018. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

Huff, quien creció en Marathon, opina que en general mientras menos actividades controle el gobierno, mejor. Su esposa creció en Clewiston, Florida, sede la industria azucarera estadounidense, donde el padre de ella era el director de la escuela secundaria. Huff era un ingeniero eléctrico con su propio negocio hasta hace un año y medio, cuando decidió dedicarse a lo que siempre quiso ser: guía de pesca.

Incluso antes de la marea roja, le molestaba que tenía que viajar una hora hasta los Everglades para encontrar agua limpia y peces suficientes para ganarse la vida.

Cuando comenzó a pescar en la zona, un campo de hierba de tortuga cubría la boca donde el río Caloosahatchee llega a la Bahía de San Carlos. Huff y su hermano buscaban regularmente peces en el lugar. También había crustáceos y ostras, eslabones importantes en la cadena alimentaria marina.

“Ahora aquello parece la superficie de la luna. Es muy diferente de cuando me mudé a la zona”, dijo.

Lo que lo enfurece a él, y a personas como White y Neill, es la débil respuesta del estado a pesar de las afectaciones en la costa; en el 2016, una proliferación de algas tóxicas afectó severamente el estuario St. Lucie y muchos negocios. El plan de restauración de los Everglades, de $16,000 millones, contempla enviar más agua hacia el sur, pero el año pasado los legisladores redujeron los planes de un embalse de 60,000 a 17,000 acres. . En el 2016 aprobaron la prórroga de 20 años a la fecha tope para limpiar el lago. Y en el 2012 el gobernador Scott rechazó una ley que exigía inspecciones regulas de los tanques sépticos.

“Nosotros entendemos el problema”, dijo Neill. “Es un asunto de plomería”.

Como ingeniero, Huff opina que encontrar una solución sobre bases científicas es posible, pero le preocupa que el tiempo se acabe. Su padre, el capitán Steve Huff, comenzó a hacer labores de guía en las Ten Thousands Islands en los años 1980, y su hermano, el capitán Dustin Huff, hace lo mismo en los Cayos. Pero no está muy seguro de que si hijo de 13 años tenga un futuro en el negocio de la familia.

“Todos tenemos un interés concreto, de una manera u otra, en este debate”, dijo. “Pero necesitamos una respuesta definitiva porque no debe ser una discusión”

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