Sur de la Florida

Debate a brazo partido entre Gillum y DeSantis, con acusaciones de corrupción y racismo

Candidates for Florida governor Ron DeSantis and Andrew Gillum debate at Broward College on Wednesday, Oct. 24.
Candidates for Florida governor Ron DeSantis and Andrew Gillum debate at Broward College on Wednesday, Oct. 24. Getty Images/Pool

Las secuelas rara vez son tan buenas como el original. Pero en su segundo y último debate antes de las elecciones del 6 de noviembre por la gobernación de la Florida, Ron DeSantis y Andrew Gillum se enzarzaron en un brutal debate en que incluso uno de los candidatos deletreó una ofensa racial en la televisión en vivo.

DeSantis, ex legislador apoyado por Trump, presentó a su oponente como un político corrupto. Gillum, alcalde abiertamente liberal de Tallahassee, presentó a DeSantis como un extremista que alienta el racismo.

Perdieron los estribos y ni siquiera el moderador se salvó de los comentarios venenosos. Y entre los puñales y las acusaciones, cuando se discutió de política, dos candidatos ubicados firmemente en terrenos diametralmente opuestos del espectro político no ofrecieron mucho a los electores centristas.

La noche comenzó con una nota explosiva. El moderador, Todd McDermott, de la estación WPBF en West Palm Beach, obvió las declaraciones iniciales y preguntó inmediatamente a los candidatos si la política ha cruzado la línea entre la división y la imprudencia después que alguien envió artefactos explosivos y paquetes sospechosos a los Clinton, a Barack Obama y la oficina de la representante federal demócrata Debbie Wasserman Schultz, quien asistió el miércoles por la noche al debate en el Broward College.

“Yo estaba en la práctica de béisbol de varios legisladores cuando un hombre armado atacó a mis colegas e hirió [al representante federal] Steve Scalise porque no le gustaban los republicanos. Así que conozco de primera mano que cuando tomamos este camino, puede ser muy peligroso”, dijo DeSantis, hablando de la agresión a tiros en un terreno de béisbol el año pasado en Virginia.

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Los candidatos a la gobernación de la Florida, el republicano Ron DeSantis (izq) y el demócrata Andrew Gillum debatieron por segunda y última vez el miércoles 24 de octubre del 2018 en el Broward College. PATRICK FARRELL pfarrell@miamiherald.com

Pero DeSantis, de 40 años y veterano de la Marina de Estados Unidos, acababa de pedir urbanidad cuando criticó duramente a Gillum por apoyar un grupo miamense de justicia social que, como parte de su plataforma, afirma que la policía no tiene lugar en la sociedad. Gillum ripostó calificando a DeSantis de mentiroso y recordando una serie de llamadas automatizadas de una página digital racista de otro estado dirigidas a los electores poco antes de la primaria de agosto y nuevamente esta semana.

“Mi oponente, tan pronto como ganó la nominación republicana, se fue a Fox News y dijo que los electores de la Florida no tienen que echar a perder las cosas eligiéndome a mí”, dijo Gillum. “A eso siguió la misma semana el hecho que neonazis exhortaron a gente en la Florida para que me criticaran, con música de selva en el fondo, y además se escuchaban voces de monos”.

Eso fijó el tono para el resto de la noche, que un donante floridano del Partido Republicano comparó con un combate de lucha.

“Yo he visto debates durante casi 40 años en la Florida. Esto no es un debate, es un combate de lucha a brazo partido”.

Gillum, de 39 años, se vio obligado a responder preguntas sobre una investigación del FBI de actividades de la Agencia de Desarrollo Comunitario de Tallahassee, y DeSantis tuvo que defender su decisión de hablar en una conferencia liderada por un hombre que cree que los afroamericanos deben agradecer a los blancos por haber liberado a los esclavos. Cualquier señal de admiración entre los dos candidatos se limitó al apretón de manos del principio y cuando se tocaron los puños cerrados al despedirse al final.

Gillum, presionado sobre mensajes de texto y correos electrónicos liberados el martes, que mostraron que en 2016 aceptó boletos para ver la obra Hamilton en Broadway que fueron pagados por agentes encubiertos del FBI, siguió manteniendo que creía que su boleto fue adquirido por su hermano menor en un intercambio con un amigo por un boleto para un concierto de Jay Z y Beyonce. Gillum reiteró que le han dicho que no está sujeto a la pesquisa del FBI. Pero la explicación de su viaje a Nueva York con Adam Corey, cabildero de Tallahassee y ex tesorero de campaña siguió evolucionado, y pasó de declaraciones de “vindicación” el martes a arrepentimiento el miércoles por la noche por no verificar con más cuidado lo que le dijo su hermano.

“[Gillum] se negó a aceptar su responsabilidad por recibir un boleto de $1,000 de un agente encubierto de FBI en el debate anterior”, dijo DeSantis. “Ahora sabemos que mintió sobre eso. En algún punto hay que demostrar liderazgo y aceptar responsabilidad”.

Pero Gillum dijo que había cosas más importantes de que hablar.

“Yo estoy postulado a gobernador. En el estado de la Florida tenemos muchas cosas que solucionar, pero ‘Hamilton’ no es una de ellas”, dijo. “Entiendo que esto es lo que mi oponente quiere debatir, pero ¿qué pasa con los $145,000 en recibos de fondos públicos que todavía no ha revelado?”

Para los demócratas que miraban el debate —que a diferencia del evento transmitido a nivel nacional por CNN fue cubierto solamente en Florida por estaciones locales de televisión— Gillum pareció haber hecho lo suficiente para abordar el asunto, aunque todavía hay interrogantes sobre aparentes discrepancias entre su versión y comunicaciones mantenidas con Corey. Incluso algunos partidarios de DeSantis reconocieron que el alcalde pareció cómodo e incluso usó algunos coloquialismos sureños.

Alejándose de una controversia que ha perseguido a su campaña más de un año, Gillum dijo que había liberado sus recibos del viaje a Nueva York y Costa Rica, que fueron objeto de atención de la Comisión de Ética de la Florida, y criticó a DeSantis por negarse a liberar recibos al Naples Daily News sobre $145,000 en gastos de viaje a través de su despacho legislativo. Durante todo el debate, Gillum criticó a DeSantis por tomar dinero de la familia de la secretaria federal de Educación, Betsy DeVos —quienes defienden las escuelas charter con fines de lucro— para votar a favor de leyes que habrían derogado el Obamacare y eliminado protecciones a personas que ya padecen de una enfermedad, y por “hacer aumentar la deuda nacional” al votar el año pasado por la ley de reforma tributaria de Trump.

Pero DeSantis estaba listo, y dijo que “él recibe legalmente el dinero” para sus viajes. Y como ha hecho durante varios meses, criticó a Gillum por proponer la recaudación de $1,000 millones mediante un aumento de 40 por ciento a los impuestos empresariales, dirigir una ciudad con un alto índice de delincuencia y por querer abolir la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE), que alegó permitiría que abusadores de niños anden sueltos en las calles.

“Digamos que alguien es condenado por abuso infantil y está aquí ilegalmente. Entonces cumple su sentencia, ¿lo van a entregar al ICE o no?”, dijo. “[Gillum] no se compromete a hacer eso. Eso significa que el abusador infantil condenado regresa a la calle cuando cumpla su sentencia. Y adivinen qué va a pasar: esa persona va a reincidir y el hijo o la hija de alguien en la Florida va a pagar el precio”.

“Usted debe avergonzarse por decir eso”, le contestó Gillum.

DeSantis, quien ha sido criticado por no tener una plataforma de servicios médicos, reveló durante el debate que había incluido sus posturas de política sobre el tema en su página digital esa misma noche. DeSantis se reservó la noticia para cuando Gillum trató de atacarlo por no tener un plan, de la misma manera que esperó hasta mediados del debate del domingo pasado por la noche para revelar que había liberado sus declaraciones de impuestos después que Gillum dio a conocer la suya el viernes.

DeSantis también se presentó como el candidato de una economía potente, criticando los planes de Gillum para aumentar los impuestos empresariales y cuando el alcalde criticó a los republicanos por aprobar la reforma tributaria de Trump.

Irónicamente, una de las pocas cosas en que los candidatos concuerdan es que ninguno apoya la ley de seguridad sobre armas de fuego aprobada este año a raíz de la masacre en la secundaria Marjory Stoneman Douglas. DeSantis ha dicho que la ley probablemente es inconstitucional y Gillum dijo que habría presionado a favor de una ley más estricta.

Pero sin importar nada de eso, lo más probable es que menos personas recuerden el debate del miércoles por las posturas de los candidatos, y mucho más por los ataques, que fueron tantos que el moderador McDermott no pudo hacer todas las preguntas que tenía planeadas.

“Caballeros, les agradezco por participar en el debate”, dijo McDermott al final. “Tengo 15 preguntas más, por si quieren quedarse un rato más. Tenemos para tres horas más”.

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