Sur de la Florida

Escuelas de idiomas de Florida cierran inesperadamente, cientos de estudiantes extranjeros en el aire

Un grupo de alumnos frente a la escuela de idiomas Inlingua Language Center en Doral, después que todas las escuelas de la cadena en la Florida cerraron abruptamente hace unos días. Eso deja a más de 500 alumnos, en su mayoría con visa de estudiante y quienes pagaron miles de dólares, sin una escuela y enfrentados al complicado proceso de transferir su visa a otra escuela, en una imagen del 7 de noviembre del 2018.
Un grupo de alumnos frente a la escuela de idiomas Inlingua Language Center en Doral, después que todas las escuelas de la cadena en la Florida cerraron abruptamente hace unos días. Eso deja a más de 500 alumnos, en su mayoría con visa de estudiante y quienes pagaron miles de dólares, sin una escuela y enfrentados al complicado proceso de transferir su visa a otra escuela, en una imagen del 7 de noviembre del 2018. pportal@miamiherald.com

Después de pagar $6,000 y estudiar un año completo, a Alexandra Cárdenas les faltaban sólo tres semanas para completar su curso de inglés en la escuela de idiomas Inlingua Language School en Doral.

Pero cuando la venezolana de 28 años llegó el lunes a su clase, la escuela, ubicada en el centro comercial Doral Plaza, estaba acerrada y a oscuras. Inlingua había cerrado inesperadamente, dejando a los maestros sin sus cheques y a cientos de alumnos como Cárdenas, que están en Estados Unidos con visa de estudiante, en un vacío legal y sin poder recuperar su dinero. Su hermano menos había pagado $2,480 por cuatro meses de clases de inglés pocos días antes.

“No tenemos idea de qué va a pasar ahora”, dijo.

Se informa que la escuela de Doral y otras ocho en el estado —en Aventura, Boca Raton, Coral Gables, Doral, Fort Lauderdale, Key Biscayne, Brickell, Weston, Orlando y Tampa— dejaron de operar repentinamente. Documentos judiciales indican que las escuelas Inlingua emplean a unos 100 maestros y tenían matriculados a unos 700 alumnos extranjeros con visa de estudiante; muchos de ellos viven aquí con sus familiares.


Las escuelas, certificadas por el gobierno federal para matricular a estudiantes extranjeros, estaban vinculadas con los Ortega, una prominente familia ecuatoriana que vive en Miami y que en su momento dirigió el cuarto mayor banco de Ecuador.

Según documentos del Tribunal Federal de Bancarrota, la familia Ortega tiene un historial de problemas financieros. En febrero del 2003, Leonidas Ortega Trujillo estableció la Fundación LTG en Panamá. Aproximadamente al mismo tiempo, el banco de la familia Ortega, Banco Continental, fue acusado de transacciones fraudulentas que al final de cuentas llevaron a la bancarrota de la institución. Los litigios le costaron a Trujillo un fallo de casi $600 millones.


La Fundación LTG aparece en registros filtrados como parte del escándalo conocido como los Papeles de Panamá, y en la actualidad tiene un interés “directo o indirecto” en las escuelas Inlingua, según documentos.

Una demanda presentada ante el Tribunal Federal de Bancarrota en junio del 2016 alega que Trujillo no declaró ingresos de las escuelas Inlingua cuando solicitó acogerse a la bancarrota en el 2015 para no pagar impuestos ni a sus acreedores, a pesar de ser la única persona que se benefició de las ganancias generadas por Inlingua.

No fue posible contactar ni a Trujillo ni a sus abogados para que comentaran al respecto. Su hijo, Leonidas Ortega Amador, quien también aparece en la demanda en calidad de acusado, no devolvió llamadas telefónicas. Amador declaró a un reportero de Telemundo que su hermana, María Cristina Ortega de Marcos, estaba a cargo de Inlingua. Ortega de Marcos no contestó a solicitudes de declaración.


Abogados de la familia Ortega, quienes alegan están insolventes, alegaron en el tribunal el mes pasado que el fideicomisario encargado de manejar el patrimonio de los Ortega ha obstaculizado propuestas para vender Inlingua.

“Durante muchos meses, la gerencia ha tratado infructuosamente de conseguir un inversionista o comprador”, expresa la moción. “Los acusados empresariales han presentado varias propuestas al fideicomisario, a la vez que batallaban por sobrevivir, pero todas las propuestas han sido rechazadas”.

La próxima fecha del juicio está programada para el martes en Miami.

Cárdenas, la estudiante venezolana, dijo que hace unas tres semanas recibió una llamada de una administradora que le dijo que Inlingua estaba cerrando y que el administradora había sido despedida sin que le pagaran su último cheque. Al día siguiente, dijo Cárdenas, Amador fue a la escuela a asegurar a los alumnos y al personal que no había problema ninguno.


Benjamin Kell, maestro de la escuela Inlingua de Key Biscayne, recibió un correo electrónico el 21 de octubre informándole que las clases seguirían como estaba planeado y que “por favor desestimara cualquier información contradictoria que haya recibido”.

Kell notó que el último cheque que había recibido era de Travel, Live and Learn LLC. Anteriormente, recibía cheques de The Language Group LLC. Las dos compañías están incluidas como acusadas en la demanda por bancarrota.

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Elle Futernick (izq), de 10 años, y su hermano Zander Futernick (der), de 12, aprenden mandarín con Kevin Kau (centro) en la escuela de idiomas Inlingua en Key Biscayne, en una imagen del 2019. Patrick Farrell Archivo del Miami Herald

Entonces Kell recibió el domingo un correo electrónico conciliatorio que informaba a los maestros que la escuela había cerrado.

Sin un proceso claro de transferencia a otra escuela para poder mantener vigente el estatus de estudiante extranjero, Nora Grundy, instructora en la escuela de Doral, ha tratado de ayudar a los alumnos contactando al Student and Exchange Visitor Information System (SEVIS), que dirige la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE), para que la aconsejaran. Dijo que solamente a algunos estudiantes le han autorizado transferencias a otras escuelas.


Unos 25 alumnos y personal se reunieron el miércoles frente a su antigua escuela en Doral para dar a la prensa sus versiones de lo ocurrido. Muchos mostraron recibos de cientos de dólares pagados en matrícula y compartieron sus historias sobre el complicado proceso de transferencia a otra escuela para no afectar su estatus de estudiante extranjero.

Debajo de una hoja de papel pegada en la puerta de Inlingua, dice que “la escuela está cerrada”, había otro escrito con tinta roja:

“¿Por qué nos mintieron tanto, incluido el personal y los dueños?”, escribió alguien con un marcador rosado. “¡Nos engañaron!

Contact Colleen Wright at 305-376-3003 and @Colleen_Wright.
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