Sur de la Florida

Seraphic Fire y la expiación del tenebroso Carlo Gesualdo

Las voces masculinas de Seraphic Fire.
Las voces masculinas de Seraphic Fire.

Como sus contemporáneos Caravaggio y Marlowe, el Principe de Venosa Carlo Gesualdo (1566-1613) integra la selecta lista de artistas malditos. El músico más original, el más osado de su época fue un personaje de ribetes tan atroces como legendarios. Las historias se multiplican y no se sabe cuáles son auténticas y cuáles apócrifas. Se sabe que sorprendió a su esposa (aparte de prima, madre de su hijo Emmanuelle) Maria d’Ávalos con su amante, el bello Fabrizio Carafa duque de Andria, que los asesinó salvajemente (algunos agregan que los descuartizó); que escapará y entrará en reclusión en el monasterio que hará construir en Gesualdo; que heredará y será uno de los nobles más ricos del reino de Nápoles; que volverá a casarse (con Leonora d’Este, biznieta de Lucrecia Borgia y sobrina del mecenas Alfonso, duque de Ferrara) quien pese a ser abusada le dará un hijo, Alfonsino, trágicamente fallecido a los seis años; que sus dos queridas fuera del matrimonio serán halladas culpables de brujería y sentenciadas a muerte; que sus relaciones con el clero absolverán sus crímenes y abusos; que morirá a los 47 años tres semanas después del fallecimiento de Emmanuelle, quizás suicidio o crimen o como resultado de las flagelaciones a las que se sometía para exorcizarse de los demonios que lo asaltaban, castigos propinados por una docena de muchachos que contrata con ese propósito.

Los ingredientes para instaurar la más suculenta leyenda negra (y otros horrores cometidos supuestos o no, llenarían volumenes) están tan claros como la sordidez del caso Gesualdo que además de sus abyectos placeres y costumbres fue un compositor fundamental de la época, un adelantado en todo sentido que redondea un personaje temible, fascinante y polifacético que desde Anatole de France en adelante fue material para el mito. Sus seis libros de madrigales y tres de obra sacra lo revelan como el más complejo del Renacimiento tardío y con suficientes méritos musicales como para esquivar –apenas– su espeluznante anécdota de vida. Gracias a los Este será recibido en la corte de Ferrara, allí conocerá a Tasso, Ariosto, Luzzaschi, Desprez y otros artistas e intelectuales de la época asi como absorberá la influencia del compositor Nicola Vicentino que había dejado su impronta innovadora; allí residirá dos años abrazando el manierismo en boga como reacción al renacimiento –la Ferrarese Nuova Manera– y cuyo centro de actividad era esa ciudad. Los claroscuros violentos, la exaltación poética y la sensualidad pictórica calarían hondo en el príncipe propenso a excesos de toda clase.

Y después de 17 años de Seraphic Fire, su creador Patrick Quigley se dio un gusto ansiado desde que fundó el ensamble. Se atrevió a presentar por vez primera en Miami una velada dedicada al príncipe y sus tenebrosas Lamentaciones. Un lujo y curiosidad en estas costas. A la manera del servicio de Tenebrae

con Cantos para voces masculinas, trece cantantes –nueve del grupo y cuatro del programa de UCLA– retrotrajeron a su época desplegando un tapiz de sombrías texturas esporádicamente iluminadas por la liviandad de dos contratenores. Tinieblas musicales reflejando las del alma y un atisbo esperanzado de lejana redención creadas en sus últimos años de encierro voluntario.

Amén de su parca austeridad y aventurado cromatismo, cuando no extrañas disonancias, la extrema complejidad polifónica de las composiciones, todas a capella, puso a prueba la capacidad y resistencia del ensemble que logró salir airoso del compromiso en una concentradísima hora y media de música y silencios. Fue descubrir o confirmar las únicas bondades de un compositor admirado por Stravinsky y Schoenberg y que en el siglo XX inspiró óperas, películas y tributos de los mas diversos compositores contemporáneos; fue asistir al Gesualdo íntimo, el que en soledad estrenaba sus obras para sí mismo, si como gozo secreto o descarnada expiación es la incógnita sin respuesta.

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