Sur de la Florida

Cómo un multimillonario de Palm Beach abusó de decenas de niñas y se salió con la suya

La historia de un multimillonario agresor sexual de niñas que se salió con la suya

El multimillonario de Palm Beach Jeffrey Epstein es un hombre libre, a pesar de haber abusado sexualmente de docenas de niñas menores, según la Policía y los fiscales. Sus víctimas nunca han sido escuchadas, hasta ahora.
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El multimillonario de Palm Beach Jeffrey Epstein es un hombre libre, a pesar de haber abusado sexualmente de docenas de niñas menores, según la Policía y los fiscales. Sus víctimas nunca han sido escuchadas, hasta ahora.

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En una mañana húmeda de octubre del 2007, el fiscal federal de Miami, Alexander Acosta, tenía un desayuno de trabajo con un ex colega, Jay Lefkowitz, abogado de Washington DC.

Era una cita inusual para el fiscal, de 38 años, una estrella republicana en ascenso que había servido en la Casa Blanca en varios cargos antes de ser nombrado fiscal federal en Miami por el entonces presidente George W. Bush.

En vez de reunirse en la sede de la fiscalía federal en Miami, los dos hombres —ambos con raíces profesionales en el prestigioso bufete de abogados washingtoniano de Kirkland & Ellis— se encontraron en el Marriott de West Palm Beach, a 70 millas de distancia. Para Lefkowitz, de 44 años, enviado especial de Estados Unidos en Corea de Norte y abogado corporativo, la reunión era crucial.

Su cliente, Jeffrey Epstein, un multimillonario de 54 años y de Palm Beach, estaba acusado de crear una red de jovencitas —con la ayuda de reclutadoras— para obligarlas a tener relaciones sexuales en su opulenta mansión frente al mar, a veces tres veces al día, según la Policía de Palm Beach.

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Las menores llegaban a casa de Jeffrey Epstein, en El Brillo Way, en Palm Beach, en auto o taxi, donde las recibían en la cocina y la llevaban a la habitación del multimillonario, que las esperaba envuelto en una toalla. Emily Michot emichot@miamiherald.com

El excéntrico gerente de fondos de cobertura, entre cuyos amigos estaban Bill Clinton, Donald Trump y el príncipe Andrés de Inglaterra, también era sospechoso de tráfico de niñas, en muchos casos de otros países, para fiestas de tipo sexual en sus residencias en Manhattan, Nuevo México y el Caribe, según registros del FBI y de tribunales.

Enfrentado a un encausamiento federal de 53 páginas, Epstein pudiera haber terminado en prisión el resto de su vida.

Pero la mañana de la reunión con Acosta se consiguió un acuerdo, una negociación de cargos extraordinaria que ocultaba los delitos de Epstein y la cantidad de personas que participaron.

No solamente Epstein se limitaría a cumplir 13 meses en la cárcel condal: el acuerdo también desactivaba en esencia una investigación del FBI para determinar si había más víctimas y si otras personas poderosas participaron en los delitos sexuales de Epstein, según un análisis del Miami Herald de miles de correos electrónicos, documentos judiciales y registros del FBI.

El acuerdo exigía que Epstein se declarara culpable de dos cargos de prostitución en un tribunal estatal. Epstein y cuatro de sus cómplices identificados en el acuerdo recibieron inmunidad de todos los cargos penales federales. Pero más inusual fue que el acuerdo incluía inmunidad a “cualquier cómplice potencial” en los delitos de Epstein. Estos cómplices o participantes no fueron identificados en el acuerdo, lo que dejó abierto a interpretación si se trataba de otras personas influyentes que también tuvieron relaciones sexuales con menores de edad en las diferentes residencias de Epstein y en su avión privado.

Como parte de la negociación, Acosta aceptó, a pesar de una ley federal que indica lo contrario, no informar a las víctimas de los términos del acuerdo. Como resultado, el acuerdo se selló hasta después que fuera aprobado por el juez, lo que eliminó cualquier posibilidad de que las menores —ni ninguna otra persona— pudieran presentarse en el tribunal y descarrilarlo.

Esta es la historia de cómo Epstein, apoyado en una gran fortuna y representado por un poderoso grupo de abogados, pudo manipular el sistema de justicia penal, y cómo sus acusadoras, todavía traumatizadas por lo ocurrido, creen que los mismos fiscales que juraron defenderlas en verdad las traicionaron.

“Creo que a nadie le han dicho la verdad de lo que Jeffrey Epstein hizo”, dijo una de las víctimas de Epstein, Michelle Licata, quien ahora tiene 30 años. “Él me arruinó la vida a mí y a muchas otras jovencitas. La gente tiene que saber lo que hizo y por qué no lo enjuiciaron, para que eso no vuelva a suceder”.

Acosta, quien ahora tiene 49 años y es secretario federal del Departamento del Trabajo, supervisa una enorme agencia federal a cargo del cumplimiento de las leyes federales del trabajo, incluidas las relacionadas con el tráfico de personas. Acosta también ha estado en una lista de posibles candidatos a reemplazar a Jeff Sessions como secretario de Justicia, quien renunció bajo presión hace poco.

Acosta no respondió a numerosas solicitudes de entrevista ni respondió a preguntas enviadas por correo electrónico.

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Alexander Acosta, ahora secretario del Trabajo del presidente Donald Trump, era fiscal federal del Distrito Sur de la Florida cuando negoció desactivar una pesquisa federal a Jeffrey Epstein. Universidad Internacional de la Florida

Pero registros judiciales revelan detalles de las negociaciones y el papel que jugó Acosta en el acuerdo, que descarriló una pesquisa federal sobre una posible red internacional de tráfico de menores con fines sexuales. Entre otras cosas, Acosta otorgó a los abogados de Epstein libertades extraordinarias para determinar los términos de la negociación de cargos.

“Los daños que ocurrieron en este caso son graves”, dijo Bradley Edwards, ex fiscal estatal que ahora representa a algunas de las víctimas de Epstein. “¿Cómo es posible que un fiscal federal negocie con un acusado de un delito penal y permita que esa persona determine las condiciones del acuerdo?”

Como resultado, las víctimas —ni siquiera el juez— nunca conocerían de cuántas niñas Epstein abusó sexualmente entre el 2001 y el 2005, cuando la policía descubrió sus actividades sexuales con menores de edad. La Policía refirió el caso al FBI un año más tarde, cuando comenzaron a sospechar que la Fiscalía Estatal de Palm Beach estaba socavando su pesquisa.

Versiones coincidentes

“Esto no fue una situación de dos versiones encontradas. Fue una situación en que unas 50 jóvenes dijeron una cosa y otra persona [Epstein] dijo otra. Y las versiones de ellas eran la misma”, dijo Michael Reiter, jefe retirado de la Policía de Palm Beach, quien supervisó la pesquisa.

Más de un decenio después, en momentos que gimnastas olímpicas y actrices de Hollywood se han convertido en catalizador de un análisis interno nacional sobre el abuso sexual, las víctimas de Epstein han quedado prácticamente olvidadas.

Las mujeres —que ahora tienen entre veinte y treinta y tantos años— siguen luchando por una justicia que ni siquiera el paso del tiempo ha logrado conseguir.

Como otras víctimas de agresión sexual, creen que han sido silenciadas por un sistema de justicia penal que se niega testaduramente a obligar a rendir cuentas a Epstein y otros hombres poderosos y acaudalados.

“Jeffrey abusó de niñas que estaban en una situación precaria, prácticamente desamparadas. Se ensañó con niñas, pensó que nadie les iba a creer, y tuvo razón”, dijo Courtney Wild, quien tenía 14 años cuando conoció a Epstein.

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Courtney Wild, quien ahora tiene 31 años, fue una de las víctimas de abuso sexual de Jeffrey Epstein a partir de los 14 años. Epstein le pagaba a Wild, y a muchas otras niñas, para que le dieran masajes, y entonces las obligaba a desvestirse y realizar actos sexuales. Epstein también usaba a las menores para que le buscaran otras víctimas. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Durante los últimos 12 meses, el Miami Herald analizó documentos judiciales, demandas y declaraciones recopilados durante una década, así como documentos del FBI recién dados a conocer. Personas clave que participaron en la investigación —quienes en su mayoría hasta ahora no habían hablado del asunto— también fueron entrevistadas. El Miami Herald también obtuvo nuevos registros, entre ellos una copia completa de la investigación de la Policía de Palm Beach y declaraciones de testigos que estaban bajo reserva.

El Miami Herald conoció que, como parte de la negociación de cargos, Epstein ofreció lo que el gobierno dio en llamar “asistencia valiosa” por información no especificada que entregó a investigadores federales. Aunque los documentos obtenidos por el Herald no detallan de qué trataba esa información, el caso de delitos sexuales de Epstein ocurrió en el momento que el mercado de hipotecas de alto riesgo se desplomó, lo que dio lugar a la crisis financiera mundial del 2008.

Los registros muestran que Epstein fue un testigo federal clave en el encausamiento penal de dos destacados ejecutivos de la firma Bear Stearns acusados de estafa con valores empresariales. Epstein era uno de los mayores inversionistas en el fondo de cobertura manejado por los ejecutivos, quienes más adelante fueron exonerados. No se conoce qué papel, si acaso tuvo alguno, jugó el caso en la negociación de cargos de Epstein.

El Miami Herald también identificó a unas 80 mujeres que dijeron fueron víctimas de abuso sexual por parte de Epstein entre el 2001 y el 2006. Unas 60 de ellas fueron ubicadas en todo Estados Unidos y en el extranjero. Ocho aceptaron ser entrevistadas, con o sin atribución de declaraciones. Cuatro estuvieron dispuestas a hablar en un video.

Esas mujeres son ahora madres, esposas, enfermeras, cantineras, agentes de bienes raíces, peluqueras y maestras. Una es actriz en Hollywood. Varias han tenido que hacer frente al trauma, la depresión y la adicción. Algunas han pasado tiempo en prisión.

Unas pocas no sobrevivieron. Una joven fue hallada muerta el año pasado en un motel desvencijado en West Palm Beach, víctima de una sobredosis de heroína. Dejó un hijo joven.

Como parte de la negociación de cargos, Epstein tuvo que inscribirse como delincuente sexual y pagar compensación a las tres docenas de víctimas identificadas por el FBI. En muchos casos, los acuerdos financieros confidenciales se concretaron después que los abogados de Epstein sacaron a la luz todos los detalles oscuros de la vida de las víctimas en un esfuerzo por presentarlas como mujeres cazafortunas.

“Una se maltrata física y mentalmente”, dijo Jena-Lisa Jones, quien dijo que Epstein abusó de ella cuando tenía 14 años. “Una ni siquiera puede dejar de pensar en eso. Una sola palabra puede provocar algo. Para mí, la palabra es ‘pura’ porque él me llamaba así en aquella habitación, y entonces recuerdo todo lo que me hizo allí”.

Ahora, más de una década después, dos demandas civiles no relacionadas —el juicio de una de ellas debe comenzar el 4 de diciembre— pudiera revelar más sobre los delitos de Epstein. Ese caso, que se verá en un tribunal estatal del Condado Palm Beach, involucra a Epstein y a Edwards, a quien Epstein había acusado de conducta indebida en la representación de varias víctimas. El caso es de notar porque será la primera vez que víctimas de Epstein tendrán la oportunidad de hablar en un tribunal, y varias tienen programado testificar.

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Jena-Lisa Jones, de 30 años, con su hijo de 18 mees, Raymond, dice que tenía 14 años cuando le presentaron a Jeffrey Epstein, quien le pagó $200 por darle un masaje en su mansión. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Una segunda demanda, conocida como la demanda de los derechos federales de las víctimas, sigue pendiente en el sur de la Florida después de una década de batallas legales. Esa demanda trata de invalidar el acuerdo de negociación de cargos con la esperanza de enviar a Epstein a una prisión federal. Wild, quien nunca ha hablado en público del asunto hasta ahora, es Jane Doe No. 1 en el caso “Jane Doe No. 1 y Jane Doe No. 2 vs. the United States of America”, una demanda federal que alega que el acuerdo de negociación de cargos de Epstein con el gobierno federal fue ilegal.

Fiscales federales, entre ellos Acosta, no solamente infringieron la ley, alegan las mujeres en documentos presentados al tribunal, sino que se confabularon con Epstein y sus abogados para evitar el escrutinio público y engañar a sus víctimas en violación de la ley federal de Derechos de las Víctimas. Esa ley otorga a las víctimas una serie de derechos, como el que les notifiquen de cualquier procedimiento judicial y la oportunidad de presentarse en la audiencia de sentencia.

“Tan pronto como se firmó el acuerdo, silenciaron mi voz y las de todas las otras víctimas de Jeffrey Epstein”, dijo Wild, quien ahora tiene 31 años. “Este es un caso de justicia, no para nosotras, sino para todas las otras víctimas que no son estrella olímpicas o de Hollywood”.

Los fiscales federales han alegado en documentos judiciales que no infringieron la ley de Derechos de las Víctimas porque nunca se presentaron cargos federales en el Distrito Sur de la Florida, un argumento que un juez desestimó posteriormente.

A pesar de evidencias físicas sustanciales y numerosos testigos que corroboraron las versiones de las menores, el acuerdo secreto permitió a Epstein declararse culpable de dos cargos graves de prostitución. Epstein admitió haber cometido un solo delito contra una niña, a quien catalogaron de prostituta aunque tenía 14 años, muy por debajo de la edad de consentimiento sexual, que en la Florida es 18 años.

“Se aprovecharon de ella dos veces, primero Epstein y después el sistema de justicia penal que catalogó de prostituta a una niña de 14 años”, dijo Spencer Kuvin, el abogado que representó a la menor.

“Es vergonzosa la manera en que restaron importancia a sus delitos y restaron valor a sus víctimas al llamarlas prostitutas”, dijo Yasmin Yafa, abogada de derechos humanos y directora ejecutiva de Rights4Girls, quien trabaja para eliminar la explotación de niñas y jóvenes.

“No existe una prostituta menor de edad. Según las leyes federales, eso se llama tráfico sexual de menores, lo mismo si Epstein las controlaba o no. Es un acto sexual con fines comerciales, y lo podrían haber encarcelado por el resto de su vida”, dijo.

Sería fácil desestimar el caso de Epstein como otro ejemplo de la existencia de dos sistemas de justicia en Estados Unidos, uno para los ricos y otro para los pobres. Pero un análisis exhaustivo del caso muestra algo mucho más preocupante.

El análisis de la enorme cantidad de cartas y correos electrónicos que hay en los registros judiciales permite echar un vistazo a las negociones de cargos, lo que revela un nivel inusual de colaboración estrecha entre fiscales federales y el equipo defensor de Epstein, algo que incluso abogados del gobierno, en documentos presentados recientemente al tribunal, reconocen que es algo fuera de lo común.

Acosta explicó en el 2011 que fue presionado indebidamente por los poderosos abogados de Epstein: Lefkowitz; Alan Dershowitz, profesor de la Universidad de Harvard; Jack Goldberger; Roy Black, ex fiscal federal Guy Lewis, Gerald Lefcourt y Kenneth Starr, ex fiscal especial del caso Whitewater quien investigó las relaciones sexuales del presidente Bill Clinton con Monica Lewinsky.

El plan de ‘evitar a la prensa’

Eso incluyó impedir que las víctimas de Epstein conocieran el acuerdo, muestran correos electrónicos.

“Gracias por lo que me prometió durante nuestra reunión del 12 de octubre”, escribió Lefkowitz en una carta a Acosta después del desayuno en Palm Beach. Lefkowitz agregó que esperaba que Acosta mantuviera su promesa de mantener el acuerdo confidencial.

“Usted... me aseguró que su despacho no… contactaría a ninguno de los individuos identificados, testigos potenciales o demandantes civiles en potencia, y sus abogados respectivos, en este asunto”, escribió Lefkowitz.

En un correo electrónico tras otro, Acosta y la fiscal federal principal del caso, A. Marie Villafaña, se plegaron a las exigencias de los abogados de Epstein, que se enfocaron en formas de limitar el escándalo acallando a las otras víctimas y a los medios de comunicación, incluidas sugerencias que los cargos se presentaran en Miami, en vez de Palm Beach, donde vivían las víctimas de Epstein.

“Sobre cómo ‘evitar a la prensa’... yo puedo presentar el cargo en el tribunal de distrito en Miami, lo que pudiera reducir significativamente la cobertura de la prensa. ¿Quiere que estudie eso?”, le escribió Villafaña a Lefkowitz en un correo electrónico de septiembre del 2007.

Los fiscales identificaron a 36 víctimas menores de edad, pero ninguna estuvo presente cuando sentenciaron a Epstein el 30 de junio del 2008 en un tribunal estatal en el Condado Beach. La mayoría de las víctimas se enteró por las noticias, pero no entendieron qué había sucedido con la investigación federal que les aseguraron seguía en curso.

Edwards presentó una moción de emergencia en el tribunal federal para bloquear el acuerdo, pero para el momento que el acuerdo se dio a conocer —más de un año después— Epstein ya había cumplido su sentencia y estaba libre.

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El abogado Bradley Edwards representa a varias mujeres jóvenes que dicen fueron agredidas sexualmente cuando eran menores de edad por Jeffrey Epstein, multimillonario de Palm Beach. El bufete de Edwards en Fort Lauderdale está lleno de documentos relacionados con el caso de Epstein. Emily Michot emichot@miamiherald.com

“La confabulación entre el gobierno y Epstein fue ‘busquemos la manera de hacer que esto pase lo más desapercibido posible’”, dijo Edwards, quien representa a Wild y a Jane No. 2, quien declinó hacer comentarios para este reportaje.

“Al no consultar nunca con las víctimas, y mantenerlo en secreto, eso mostró que alguien con dinero puede salirse casi siempre con la suya”.

Pero no fue la última vez que Epstein recibió un trato especial. A diferencia de otros condenados por delitos sexuales, Epstein no enfrentó el tipo de justicia que muchas veces le aplican a esos condenados en las prisiones estatales. En vez de ser enviado a una prisión estatal, a Epstein lo ubicaron en un ala privada de la cárcel del Condado Palm Beach. Y en vez de estar sentado buena parte del día en una celda, la Policía de Palm Beach lo dejó salir para trabajar, lo que le permitía estar fuera de la instalación seis días a la semana durante 12 horas, para ir a una cómoda oficina que había establecido en West Palm Beach. Esto se hizo a pesar de las reglas explícitas de la Policía de Palm Beach que indican que los condenados por delitos sexuales no cumplen los requisitos para salir a trabajar.

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Jeffrey Epstein, acusado de abusar sexualmente de decenas de niñas, sonría cuando le tomaron la foto de fichaje para el registro de agresores sexuales de la Florida. En una ocasión, Epstein comparó sus delitos con ‘robarse un bagel’. Registro de agresores sexuales de la Florida

El jefe de la Policía de Palm Beach, Ric Bradshaw, no contestó a preguntas del Miami Herald sobre la autorización para trabajar a Epstein.

Ni Epstein ni su abogado, Jack Goldberger, respondieron a varias solicitudes de comentario para este reportaje. Durante declaraciones juradas tomadas como parte de docenas de demandas presentadas contra Epstein por sus víctimas, Epstein ha invocado su derecho constitucional a no autoincriminarse, y en una ocasión lo hizo más de 200 veces.

En el pasado, sus abogados han dicho que las menores mintieron sobre su edad, que sus versiones fueron exageradas y que eran testigos poco confiables inclinadas a usar drogas.

En el 2011, Epstein trató que le cambiaran su estatus de delincuente sexual en Nueva York, donde tiene una casa y tiene que reportarse cada 90 días. En Nueva York, Epstein está clasificado como delincuente sexual de nivel 3, considerado el riesgo más elevado debido a la probabilidad de reincidencia.

Un asistente del fiscal de distrito de Nueva York Cyrus Vance alegó a nombre de Epstein y dijo a la jueza Ruth Pickholtz que el caso de la Florida nunca llevó a un encausamiento y que sus víctimas menores de edad no cooperaron en el caso. Sin embargo, la jueza Pickholtz rechazó la petición, expresando asombro de que un fiscal de New York hiciera tal solicitud a nombre de un delincuente sexual en serie acusado de abusar de tantas menores.

“Tengo que decirle que estoy muy asombrada porque nunca he visto a una fiscalía hacer algo así. Yo he manejado muchos casos [de abuso sexual] menos serios que este donde [el fiscal] nunca presento un argumento así”, dijo la jueza.

La casa en El Brillo Way

Las mujeres que fueron a la mansión de Jeffrey Epstein cuando eran niñas tienden a dividir su vida en dos partes: antes y después de Jeffrey.

Antes de conocer a Epstein, Courtney Wild era capitana de las cheerleaders, primera trompeta y estudiante destacada en la escuela intermedia Lake Worth.

Después de conocer a Epstein, fue desnudista, adicta a las drogas y estuvo detenida en la Institución Correccional Gadsden en el Panhandle de la Florida.

A Wild le presentaron a Epstein en el 2002, cuando tenía 14 años.

Era una chica de piel blanca, pequeña de estatura, esbelta, rubia y de ojos azules. Wild, quien después ayudó a reclutar a otras niñas, dijo que Epstein prefería a las niñas blancas, con apariencia de prepubescentes y que fueran fáciles de manipular.

“Para cuando yo tenía 16 años, quizás ya le había llevado 70 u 80 niñas, todas de 14 o 15 años. Él estuvo mucho tiempo en mi vida”, dijo Wild, a quien liberaron de prisión en octubre tras cumplir tres años por cargos de drogas.

Las niñas —en su mayoría de entre 13 y 16 años— eran llevadas a la mansión frente al mar de Epstein por otras jóvenes, quienes frecuentaban centros comerciales, fiestas y otros lugares donde se congregaban jovencitas, y les decían que podían ganarse entre $200 y $300 por dar un masaje a un hombre, Epstein, según un reporte policial al que el Herald tuvo acceso.

El principal detective de la Policía de Palm Beach en el caso, Joe Recarey, dijo que la operación funcionaba como una estafa piramidal, pero con sexo en vez de dinero.

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Joseph Recarey, ex detective de la Policía de Palm Beach quien lideró la investigación de Jeffrey Epstein, dijo que las actividades sexuales del multimillonario con niñas parecía una estafa piramidal.. Emily Michot emichot@miamiherald.com

“La entrevista normal con una niña era algo así: ‘Fulana de Tal me llevó. Yo no me sentía muy a gusto con lo que pasó, pero me pagaron bien, así que me dijeron que si no quería ir más podía llevar a otra personas y me iban a pagar por eso’ ”, dijo Recarey.

Durante los masajes, dijo Recarey, Epstein abusaba sexualmente de las niñas, les pagaba extra por relaciones sexuales y les ofrecía más dinero por encontrar más niñas.

Recarey, en su primera entrevista sobre el caso, dijo que las pruebas que recopilaron para apoyar las versiones de las niñas eran abrumadoras, como registros telefónicos, mensajes escritos encontrados en la basura de la casa de Epstein y la bitácora de su avión privado, que mostró que el aparato estuvo en Palm Beach en los días que las menores tenían programado darle un masaje.

Epstein podía ser un benefactor generoso que hacía regalos a sus menores preferidas, recordó Recarey. Alquilaba un auto a una jovencita para facilitarle que lo fuera a ver. Una vez envió un ramo de rosas a la escuela secundaria local después que una de las menores se presentó en una producción teatral. Las instrucciones de la entrega de las flores y la tarjeta de calificaciones de una de las niñas se encontraron en un registro de la mansión y la basura. Las autoridades también encontraron recibos del alquiler de autos y regalos, dijo Recarey.

Epstein aconsejaba a las niñas sobre cosas de la escuela y les decía que las iba a ayudar a ir a la universidad, a la escuela de modelaje, de diseño de modas o de actuación. Al menos dos de las víctimas de Epstein dijeron a la Policía que estaban enamoradas de él, según el informe policial.

El informe en cuestión muestra la uniformidad de las versiones de las menores, que incluso tenían descripciones detalladas de los genitales de Epstein.

“Había víctimas que no se conocían, que nunca se habían visto, y contaron la misma historia”, dijo Michael Reiter, jefe retirado de la Policía de Palm Beach.

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Michael Reiter, capitán retirado de la Policía de Palm Beach, fue el detective principal durante la investigación a Jeffrey Epstein. Reiter dice que las jovencitas que Epstein llevaba a su mansión no necesariamente se conocían entre sí pero contaron historias casi idénticas. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Reiter, quien también habla públicamente por primera vez sobre el asunto, dijo que los detectives estaban asombrados por la gran cantidad de jovencitas que entraban y salían de casa de Epstein, la frecuencia —a veces varias el mismo día— y lo jóvenes que eran.

“Todo comenzó con darle un masaje en la espalda a un hombre, pero en muchos casos llegó a más que eso, llegando a veces a casos de agresión sexual”, dijo.

La mayoría de las menores dijeron que llegaban a la mansión en auto o taxi, y que entraban por una puerta lateral, donde una asistente llamada Sarah Kellen las llevaba a una cocina, indica el informe. Entonces un chef les preparaba una comida o les ofrecía cereal. Las niñas, en su mayoría de escuelas de la zona, entonces subían por una escalera a una habitación grande con baño.

Allí las recibía entonces Epstein, con solamente una toalla que le cubría el cuerpo. El hombre escogía una loción y se acostaba bocabajo en una mesa de masajes, decía a la jovencita en cuestión que se desvistiera, parcial o totalmente, y le masajeara la espalda y los pies. Entonces se volteaba en la mesa y les decía que le masajearan el pecho, muchas veces instruyéndolas a que le pellizcaran los pezones, mientras él se masturbaba, según el informe policial.

A veces trataba de penetrarlas con los dedos o usar un vibrador. Epstein llegaba hasta donde las menores le permitía, incluido el coito, según documentos de la policía. A veces le pedía a una joven, a quien describió como su esclava sexual yugoslava, Nadia Marcinkova, mayor de 18 años, que los acompañara, le dijeron las jovencitas a Recarey. Muchas veces Epstein fotografiaba a las jóvenes en medio de relaciones sexuales y las mostraba en toda la casa, dijo el detective.

Una vez satisfecho sexualmente, Epstein se daba una ducha en el enorme baño, que según las jovencitas tenía un sofá rosa y verde.

Kellen (que ahora se apellida Vickers) y Marcinkova, a través de sus abogados, declinaron hacer declaraciones para este reportaje.

Nunca era suficiente

Una de las jovencitas dijo a la Policía que una reclutadora de Epstein se le acercó cuando tenía 16 años y trabajaba en el centro comercial de Wellington. Durante más de un año, la jovencita fue a casa de Epstein cientos de veces, dijo. La joven le contó llorosa a Recarey que muchas veces tenía relaciones sexuales con Marcinkova —quien usaba consoladores y otros juguetes sexuales— mientras Epstein observaba y coreografiaba los movimientos de la menor para satisfacerse, según el informe policial. Otras veces, dijo, estaba tan adolorida después que apenas podía caminar, agrega el informe policial.

Pero dijo que se mantuvo firme en su decisión de no tener coito con Epstein. Sin embargo, la menor dijo que un día Epstein, incapaz de controlarse, la colocó a la fuerza sobre la mesa de masajes y la penetró, dice el informe policial. La jovencita, que en ese entonces tenía 16 o 17 años, dijo que Epstein le pidió perdón y le dio $1,000, agrega el informe policial.

La mayoría de las jovencitas eran de familias desaventajadas, de núcleos familiares de un solo padre o se habían criado en hogares de acogida. Algunas habían pasado por situaciones serias: tenían padres y amigos que se habían suicidado, madres de quienes sus esposos o parejas habían abusado sexualmente; padres que abusaban sexualmente de ellas y les pegaban. Una jovencita había observado a su padrastro estrangular a su propio hermanastro de 8 años, según registros judiciales obtenidos por el Miami Herald.

Muchas de las jovencitas estaban a un paso del desamparo.

“Éramos niñas tontas y pobres”, dijo una mujer quien no quiso ser identificada porque nunca le ha contado a nadie lo que pasó con Epstein. En esa época, recordó, tenía 14 y estudiaba en primer año de la escuela secundaria.

“Sólo queríamos dinero para ropa, para zapatos. Yo recuerdo haber usado zapatos que me quedaban pequeños tres años consecutivos. No teníamos familia, nadie que nos guiara, y entonces venían y nos decían que lo único que teníamos que hacer era sentarnos en una habitación desnudas de la cintura para arriba, que él nada más nos iban a mirar. Todo sonaba tan sencillo, ganar dinero por sentarse ahí”.

La mujer, que fue varias veces a casa de Epstein, dijo que no le gustaba al hombre porque tenía los senos muy grandes. La última vez que fue, dijo, una niña salió llorando, y entonces les ordenaron que se marcharan, y tuvieron que pagarse el taxi.

Algunas de las jovencitas dijeron a la Policía que las reclutadoras le decían que tenían que mentir a Epstein sobre su edad y decirle que tenía 18 años. Los abogados de Epstein alegaron después que incluso si las jóvenes tenían menos de 18 años, no había manera que Epstein lo supiera. Sin embargo, según las leyes de la Florida, no conocer la edad de una persona no es defensa para tener relaciones sexuales con un menor.

Wild, quien trabajó para Epstein hasta que tuvo 21 años, dijo que sí sabía que eran menores, porque Epstein mismo así lo había exigido.

“Él me dijo que mientras más jóvenes, mejor”, dijo, explicando que a medida que tuvo más edad y tuvo menos acceso a jovencitas, Epstein se molestaba con su incapacidad para encontrarle las niñas que deseaba.

“Si yo tenía una jovencita para llevarle a la hora del desayuno, el almuerzo y la comida, entonces iba a su casa tres veces el mismo día. Él quería tantas niñas como yo pudiera conseguirle. Nunca era suficiente”.

Todo se viene abajo

Todo empezó a conocerse en marzo del 2005, cuando los padres de una niña de 14 años informaron a la Policía de Palm Beach que Epstein había abusado de ella sexualmente en su mansión. La menor confesó con renuencia que otras dos jovencitas la habían llevado a la mansión, y que esas niñas le mostraron a otras dos que habían estado allí.

Para cuando los detectives identificaron a una de las víctimas, ya había otras dos o tres más que encontrar. Muy pronto fueron decenas.

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El avión privado de Jeffrey Epstein en el Aeropuerto Internacional de Palm Beach, en una imagen del 24 de mayo del 2018. El multimillonario usa el avión para viajar entre sus viviendas en Palm Beach, Nueva York, Nuevo México y las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Durante la década en que según la Policía abusó de docenas de niñas, usaba un avión diferente, apodado el Lolita Express’. Emily Michot emichot@miamiherald.com

“No sabíamos cuándo íbamos a encontrarlas a todas”, dijo Reiter.

Al final, las jovencitas contaron a las autoridades que había otras menores y jóvenes que habían visto en la mansión de Epstein, y que muchas no hablaban inglés, dijo Recarey. Eso llevó a Recarey a sospechar que los abusos de Epstein no se limitaban a Palm Beach. La Policía obtuvo la bitácora de su avión privado y encontró nombres de mujeres que sospechaban eran menores de edad en la lista de pasajeros, junto con los nombres de algunas personas famosa y poderosas que eran pasajeros en el avión, dijo Recarey.

Un nuevo informe del FBI muestra que en el momento de ejecutarse el acuerdo de negociación de cargos la agencia estaba entrevistando a testigos y víctimas “en todo Estados Unidos”. La pesquisa se extendía desde la Florida hasta Nueva York y Nuevo México, muestran los registros. El FBI liberó el informe en respuesta a una demanda presentada por Radar Online y se publicó en el portal digital del FBI después que el Miami Herald y otras organizaciones noticiosas presentaron solcitudes, dijo Daniel Novack, el abogado que presentó sin cobrar nada el caso sobre la base de la Ley de Libertad de Información.

De hecho, una demanda, que sigue pendiente en Nueva York, alega que Epstein usó una agencia internacional de modelaje para conseguir niñas de 13 años en Europa, Ecuador y Brasil. Las niñas vivían en un edificio en Nueva York propiedad de Epstein, quien pagó sus visas, según la declaración jurada de Maritza Vásquez, quien una vez fue contadora de la agencia de modelaje, Mc2.

Mike Fisten, ex sargento de la Policía de Miami-Dade quien también fue investigador de homicidios y miembro del Equipo Especial del FBI contra la Delincuencia Organizada, dijo que el FBI tenía pruebas suficientes para encarcelar a Epstein durante muchos años, pero Acosta se impuso. Algunos de los agentes que participaron en el caso quedaron desilusionados con que Acosta cediera a la presión de los abogados de Epstein, dijo.

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Mike Fisten, ex sargento y detective de homicidios de la Policía de Miami-Dade, quien ahora es investigador privado de Bradley Edwards, abogdo de algunas de las víctimas de Jeffrey Epstein, dijo que el castigo que Epstein recibió fue una ‘broma’. Emily Michot emichot@miamiherald.com

“El día que un fiscal federal tenga miedo de un abogado o de un acusado, es un día muy triste para este país”, dijo Fisten, quien ahora es investigador privado que trabaja con Edwards.

Demandas y contrademandas

Ahora, una compleja red de litigios pudiera revelar más sobre los delitos de Epstein. Una demanda, que debe ir a juicio el 4 de diciembre en el Condado Palm Beach, involucra al tristemente célebre estafador Scott Rothstein, en cuya firma Edwards trabajó una vez.

En el 2009, Epstein demandó a Edwards, alegando que Edwards estaba involucrado con Rothstein y estaba usando las demandas civiles de las niñas para perpetuar la enorme operación de estafa de Rothstein. Pero Rothstein dijo Edwards no sabía nada, y Epstein abandonó la demanda.

Edwards contrademandó por acusación con malas intenciones, alegando que Epstein lo demandó para vengarse por su representación agresiva de las víctimas de Epstein.

Varias mujeres que visitaron la mansión de Epstein cuando eran menores de edad tienen programado declarar contra él por primera vez.

La senadora estatal floridana Lauren Book, sobreviviente del abuso sexual infantil y quien ha cabildeado para que se aprueben defendido leyes duras contra los delincuentes sexuales, dijo que el caso de Epstein debe servir de ejemplo en los casos penales de delitos sexuales contra menores.

“¿Dónde está la indignación a favor de estas mujeres? ¿Dónde están los protectores? ¿Quién está tocando a la puerta del secretario del Trabajo, o el juez, o el jefe de la Policía de Condado Palm Beach, para exigir justicia y el derecho a ser escuchado?”, preguntó Book.

La fiscal federal adjunta Villafaña expresó en documentos presentados al tribunal que los fiscales hicieron su “mejor esfuerzo” por cumplir la ley de Derechos de Víctimas de Delitos, pero usaron su “discreción como fiscales” cuando decidieron no notificar a las víctimas. La razón que dieron fue que el acuerdo de negociación de cargos tenía una cláusula de compensación que contemplaba que las jovencitas tenían una oportunidad de pedir compensación a Epstein. Si el acuerdo no se hubiera cumplido, lo que de hecho habría llevado a un juicio, los abogados de Epstein podrían haber usado la cláusula de compensación para socavar la credibilidad de las jóvenes en calidad de testigos, alegando que habían exagerado el comportamiento de Epstein con la esperanza de sacarle dinero.

Acosta nunca ha explicado completamente por qué pensó que mantener el acuerdo sellado era lo mejor para las niñas y sus padres. O por qué se cerró la investigación del FBI, en momentos que, muestran documentos recientemente dados a conocer, que el caso seguía identificando más víctimas y pruebas de una posible confabulación de tráfico sexual que iba mucho más allá de Palm Beach.

Cuando el presidente Trump lo nominó como secretario del Trabajo en el 2017, Acosta fue interrogado sobre el caso de Epstein durante la audiencia de confirmación en el Senado.

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La mansión en Palm Beach del agresor sexual Jeffrey Epstein. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

“Al final, sobre la base de la evidencia, profesionales de una fiscalía decidieron que una negociación de cargos que garantice que alguien vaya a la cárcel, que garantice que esa persona quede inscrita [como delincuente sexual] y que garantice otras cosas, es algo positivo”, dijo Acosta de su decisión de no encausar a Epstein en el tribunal federal.

Dianne Feinstein, senadora federal demócrata por California, al oponerse a Acosta como nominado a secretario de Trabajo, dijo que “la manera en que manejó un caso de tráfico sexual de niñas menores de edad cuando era fiscal federal sugiere que no pondrá los intereses de los trabajadores y de la gente de a pie por delante de los intereses de los poderosos”.

Marci Hamilton, profesora de Derecho de la Universidad de Pennsylvania y una de las personas que más defiende la modificación de las leyes sobre los delitos sexuales contra los niños, dijo que lo que hicieron Acosta y otros fiscales es similar a lo que hizo la Iglesia católica para proteger a los sacerdotes pedófilos.

“El verdadero delito con los sacerdotes católicos fue que los protegieron”, dijo Hamilton. “La orquestación del poder por parte de los hombres solamente funciona cuando todos aceptan mantenerlo en secreto. Esto es algo que el mundo tiene que conocer”.

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