Sur de la Florida

Vivió una vida ‘fuerte e independiente’. De repente, llegó el horror en Costa Rica

Padre de la turista asesinada en Costa Rica habla de su dolor

Carlos Caicedo habló en una conferencia de prensa en la capital de Costa Rica, San José, donde su hija Carla Stefaniak se había ido de vacaciones para celebrar su cumpleaños número 36.
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Carlos Caicedo habló en una conferencia de prensa en la capital de Costa Rica, San José, donde su hija Carla Stefaniak se había ido de vacaciones para celebrar su cumpleaños número 36.

Ni siquiera la niñera podía controlar el intenso temperamento de la niña de ocho años.

Obedecer las órdenes de los mayores no era exactamente la forma en que Carla Stefaniak le gustaba comportarse, de modo que cuando se le encomendaba hacer algo, rápidamente la chica rebelde protestaba.

“No eres mi mamá, así que no me puedes decir lo que tengo que hacer”, decía Stefaniak mientras metía en el corral a sus hermanos más pequeños, de seis y dos años. Aunque la niñera se las agenciaba para controlar a los dos niños, más de una vez Stefaniak salió corriendo de la casa, lo que desataba una persecución y una búsqueda por todo el barrio.

“Nadie se puede imaginar los dolores de cabeza que le dio a nuestros padres. Pero había memorizado donde quedaba la casa de nuestra tía y entonces, atravesando toda la ciudad, iba para allá y llegaba y tocaba el timbre”, le dijo esta semana al Miami Herald, Mario Caicedo, el hermano más pequeño de Stefaniak, que vive en Orlando.

“Así era mi hermana de niña y luego de adulta: fuerte e independiente. Nunca cambió”.

Esa misma determinación condujo a Stefaniak, que trabajaba como agente de seguros en Miami, hacia la madurez y en años recientes, por todo el mundo, en su meta por convertirse en una personalidad influyente de las redes sociales. En su galería de Instagram, Stefaniak aparece caminando por las heladas tierras de Groenlandia, montada en lujosos yates por el Caribe y posando apasionadamente delante de un cielo espectacular.

Su objetivo, sin embargo, quedó trunco en su última escala, San José, Costa Rica, donde Stefaniak fue hallada muerta a cuchilladas días antes de cumplir 36 años el 28 de noviembre.

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Carlos Caceido, el padre de Carla Stefaniak. Enrique Martinez AP Photo

“Era un espíritu libre que hacía que otras personas se sintieran libres”, dijo Caicedo. “Por eso ganó tantos corazones, pero ahora los nuestros están rotos”.

Según el Departamento de Investigación Judicial de Costa Rica (OIJ), el brutal asesinato de Stefaniak pudo haber estado motivado sexualmente. El sospechoso de su desaparición, un guardia de seguridad que trabajaba en el complejo de apartamentos de Airbnb donde Stefaniak se había hospedado, podría dentro de poco enfrentar una acusación de homicidio.

Stefaniak llegó al país el 22 de noviembre, la última vez que se supo de ella fue la noche del 27 de noviembre. Al día siguiente no abordó el vuelo que tenía reservado para el Aeropuerto Internacional de Hollywood-Fort Lauderdale.

Tras una búsqueda mundial a través de las redes sociales con el hashtag #FindingCarla, el cadáver parcialmente desnudo de Stefaniak se encontró el lunes 3 de diciembre, degollada, con el cuello roto y heridas de cuchillo. Había sido envuelta en plástico y enterrada a poca profundidad a unos 1,000 pies de donde se había estado hospedando. El avanzado estado de descomposición del cadáver indicaba que su muerte había tenido lugar días antes, dijeron el miércoles las autoridades de Costa Rica. El viernes se anunció que se encontró el teléfono celular de Stefaniak, así como ropa y un iPad. Hasta ahora, las autoridades no han especificado qué quiere decir “motivado sexualmente”.

“Yo no dudaría para nada que el crimen tuviera motivos sexuales. Bastaba con mirarla. Era una mujer despampanante”, dijo Laura Jaime, su mejor amiga y compañera de casa en Miami Beach y Hallandale Beach, donde vivía últimamente. “Pero su escultural belleza no le daba a nadie el derecho a matarla”.

Bismarck Espinosa Martínez, un inmigrante nicaragüense de 32 años que llegó a Costa Rica en junio, está preso bajo custodia preventiva de tres meses, hasta que lo encaucen formalmente. De acuerdo con las autoridades, Espinosa Martínez le dio declaraciones “contradictorias” a la policía. El OIJ dijo que Espinosa Martínez vivía al lado de la unidad que Stefaniak había alquilado. Se desconoce si será encausado bajo cargos oficiales. Tampoco cuándo.

“Alguien tuvo que ser lo suficientemente malvado para hacerle a Carla las espantosas cosas que le hicieron”, dijo Jaime, de 32 años.

La joven hizo una pausa para recuperar el aliento.

“Pero también es obvio que se defendió. Carla luchó por su vida hasta la muerte. No hay dudas sobre eso. Nuestra chica batalló como la guerrera que era”.

Una mujer de Miami ‘desaparece’ de la casa de alquiler Airbnb donde se hospedaba durante un viaje a Costa Rica. La desesperada familia necesita la ayuda del público.

Una diva

Para su amiga Jaime, Carla era una “mujer explosiva”.

“Carla tenía una personalidad tan de diva, que celebraba su cumpleaños no solo el día que nació, sino el mes entero. Y ella estaba absolutamente segura de eso”, dijo Jaime, a la vez que mostraba fotografías de fiestas en que estuvieron juntas.

La celebración de cumpleaños de Stefaniak se planeó con “mucha intención y con meses de antelación”, dijo Jaime. “Ella sabía dónde se iba a hospedar, y sabía dónde iría a tomar un millón de fotos. También sabía que nos iba a bombardear los teléfonos con todas fotos”.

En un principio, Stefaniak pensaba viajar con otra íntima amiga, pero cuando la joven encontró un nuevo empleo que no podía abandonar para irse de vacaciones, Stefaniank tuvo que cambiar los planes. Y fue entonces que la cuñada de Stefaniak, April Burton, se sumó al viaje a última hora.

Después de cinco días de estar recorriendo Costa Rica, Burton volvió a la Florida. Stefaniak tenía previsto volar de regreso al día siguiente.

Durante su última noche en el paraíso, Stefaniak se hospedó en Escazu, un suburbio en las afueras de San José, la capital, después de dejar a Burton en el aeropuerto y devolver el auto alquilado. Regresó al lugar en un Uber.

A pesar de comentarle a Jaime sobre la “atmósfera extraña” que había en el apartamento, Carla también le dijo que “el lugar era muy bonito y moderno adentro”, dijo Jaime, recordando una llamada por FaceTime donde su amiga le enseñó lo último que había comprado: un par de argollas verdes tejidas.

Había tormentas, se había ido la electricidad desde las 9 a.m. y Stefaniak le mencionó a Jaime haberle pedido a un guardia de seguridad que le comprara una botella de agua.

Llegó la medianoche, y también los mensajes de feliz cumpleaños. Pero no hubo ninguna respuesta de Carla.

Fue entonces que Jaime supo que algo andaba mal.

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Villa Le Mas era la propiedad de alquiler de Airbnb donde se alojaba Carla Stefaniak. El 3 de diciembre, las autoridades costarricenses encontraron su cuerpo a unos 1,000 pies de la propiedad. Alexander Villegas

“Carla era el tipo de persona que se despertaba con el teléfono en la mano”, dijo Jaime. “Desde el momento en que abría los ojos, lo primero que miraba era la pantalla de su celular, sobre todo el día de su cumpleaños”.

Jaime se dirigió al aeropuerto.

“Lo sabía. Tenía un salto en el estómago que me lo decía”, afirmó.

Jaime esperó en el aeropuerto, con la esperanza de ver a su amiga desde hacía 15 años salir del avión.

Se acercó a una empleada de Southwest Airlines, y le preguntó si Stefaniak estaba a bordo.

“Me dijeron que no podían revelar esa información por razones de privacidad”, dijo Jaime.

Pero cuando otra empleada vio la angustia que tenía en la cara Jaime, le dijo en un susurro: “Carla Stefaniak no venía en el avión”.

En cuestión de minutos, Jaime llamó a la Embajada de EEUU en Costa Rica. ¿Tal vez le robaron el celular y el pasaporte? ¿Tal vez fue detenida en el aeropuerto?

Búsqueda mundial

En menos de 24 horas, más de dos docenas de amigos de Stefaniak por todo el planeta dejaban a un lado sus trabajos y su vida diaria para lanzar lo que pronto se convertiría en un búsqueda mundial de su querida Carla.

En el equipo digital había amigos de Stefaniak de Oklahoma, Texas, la Florida, Nueva York, Alemania, Australia, Brasil y su país, Venezuela.

Los amigos crearon un grupo en Facebook, “Finding Carla”, y se asignaron cinco administradores encargados de diferentes tareas. Los amigos y la familia donaron de $50 a $100 para financiar la campaña. Contrataron una firma de relaciones públicas para comunicarle a los medios de prensa sobre la desaparición de Carla.

“Carla era una verdadera e incansable luchadora, y en su honor, también nosotros”, dijo Jaime. “A ella le encantaban las redes sociales, de modo que fue allí donde primero fuimos. Teníamos que presionar para que nuestro sistema de justicia prestara atención”.

Miles de personas compartieron las publicaciones. Las autoridades abrieron una investigación en Costa Rica. Poco después, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) se sumó a la pesquisa.

“Nuestro objetivo era encontrarla y lo hicimos. Aunque no de la forma en que queríamos”, dijo Jaime.

Su vida laboral

Stefaniak no era una simple empleada; era como de la familia. Cuidaba a los hijos de Vanessa Hernández, su jefa durante seis años en la oficina de seguros de Hallandale Beach donde trabajaba. Y se encargaba del negocio cuando Hernández tenía que salir de la ciudad.

Stefaniak trabajaba nueve horas al día, seis días a la semana. A la hora del almuerzo, las dos compartían las órdenes que habían pedido. Como aperitivo siempre encargaban aguacate. La primera media hora comían, la otra media hora dormían la siesta.

“Nos parecía que recargábamos las pilas”, dijo Hernández.

Fue el agudo sentido del humor y la actitud rebelde lo que se ganaba el corazón de los que la conocían. Cuando llegaba tarde al trabajo, su excusa era que se estaba estirando el cabello y perfeccionando el maquillaje para triunfar más a la hora de tratar con los clientes y venderles seguros.

“Me sobornaba, comprándome café, dulces y pastelitos”, dijo Hernández, sonriendo.

Mirando las páginas de Instagram de su mejor amiga, Jaime trata de encontrar paz. Enseña la última foto que Stefaniak colgó.

“Voy a extrañar este lugar”, escribió Stefaniak desde Quepos, Costa Rica. Sobre el texto hay una foto de ella en un traje de baño color turquesa en una piscina. Está acostada al borde de la piscina, rodeada de las copas de los árboles.

“La foto me eriza”, dijo Jaime. “Está acostada, mirando hacia arriba. El cielo está despejado”.

Entonces Jaime traga en seco.

“Es como si supiera lo que iba a pasarle”.

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