Sur de la Florida
Presionaron a Trump para cerrar albergue para menores migrantes en Texas. Ahora le apuntan a Homestead
Algunos parecían nerviosos, otros ligeramente esperanzados, mientras esperaban sentados a la larga mesa de madera de la cafetería.
Habían pasado algunas semanas—o meses— desde que los ocho adolescentes, todos menores de 17 años, fueron detenidos en la instalación para migrantes cuyas barracas están detrás de una valla metálica parcialmente rodeada de alambre de púas en la antigua Base de la Fuerza Aérea en Homestead. Habían pedido asilo en Texas y Arizona, en la frontera con México, después de huir de pandillas y la pobreza en Centroamérica.
Agentes de la Patrulla Fronteriza los detuvieron y los llevaron por avión al otro extremo del país en Homestead, uno de dos centros de detención de migrantes donde el gobierno federal, debido a que los centros están en terrenos federales y se consideran “albergues temporales de emergencia”, puede albergar durante meses un máximo de 1,300 menores de entre 13 y 17 años. Y en momentos que el gobierno federal está cerrando la otra instalación en Texas, la administración del presidente Trump ha dicho que colocará mil camas más en Homestead.
Eso llamó la atención de legisladores y defensores de los inmigrantes, quienes, impulsados por el éxito conseguido en lograr que el gobierno cerrara el albergue de Texas, están poniendo la mira en el cierre de Homestead.
“El uso de este estatus temporal, para soslayar las normas, y mantener a los niños encerrados mucho tiempo, mucho más de lo fijado en el Flores Agreement, eso da miedo”, dijo el sendor Jeff Merkley, demócrata por Oregon, quien volvió a presentar esta semana un proyecto de ley dirigido a cerrar el albergue de Homestead.
“Los niños deben estar en casas, escuelas y parques, no detrás de alambre de púas”, expresó Merkley en un comunicado. “El dinero de nuestros impuestos se está usando para traumatizar menores manteniéndolos en campamentos de detención en vez de en los brazos de sus familiares. Esto es algo funesto”.
Los menores detenidos en Homestead recorrieron desiertos y cruzaron ríos, sin ningun familiar que los acompañara, en busca de una mejor vida en Estados Unidos. Una vez que llegan al centro son separados por género. Allí comen, duermen y toman clases.
Por lo general hace fila para recoger sus bandejas de almuerzo, como una cafetería escolar.
Hace unos 10 días tuvieron un visitante.
“Bienvenidos a Estados Unidos. Nos alegra que estén aquí, dijo Alex Azar, secretaria del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), quien había llegado por la mañana y se marchó horas después. Lynn Johnson, secretaria adjunta de la Administración de Niños y Familias, lo acompañó.
Un gerente interpretaba mientras los niños estaban sentados a la mesa con la “junta estudiantil”, elegida por ellos mismos, cuatro niñas y cuatro varones.
“Queremos conocer sus experiencias, todo, lo bueno y lo malo, cualquier cosa que quieran que solucionemos”, dijo Azar.
Cuando les llevaron la comida a la mesa, una hondureña de 15 de años le tomó la palabra.
Mientras hacía un gesto repetitivo con el pie sobre el suelo, la niña, que tenía 11 marcas de cortadas en el antebrazo izquierdo, tragó en seco e hizo acopio de confianza para decir lo que pensaba.
“Hola, me alegra estar aquí, pero hay algunas cosas que me gustaría que usted considerara”, dijo la menor, a quien el HHS pidió al Miami Herald que no identificara. Las gotas de sudor le corrían por la frente y movía los dedos con nerviosismo.
“Algunas veces mi hermana no me contesta el teléfono y se me acaba el tiempo, no puedo hablar. ¿Podemos tener más tiempo para hablar con nuestras familias?”
El silencio llenó el lugar. Azar y Johnson mencionaron las normas de llamadas del albergue, que permiten a cada niño una llamada de 10 minutos dos veces a la semana. Su hermana vive en algún lugar de Estados Unidos.
“Voy a analizar eso”, dijo Johnson, sonriendo y asintiendo con la cabeza.
Los recorridos de esta instalación son poco comunes, y cuando se hacen son estrictamente supervisados. Sin embargo, la semana pasada una reportera del Miami Herald fue autorizada a visitar el albergue de Homestead, un mes después que el gobierno del presidente Donald Trump anunció que iba a cerrar un albergue grande en Texas y agregaría mil camas a la instalación de la Florida.
Una portavoz del HHS dijo que no se permitirían cámaras ni grabaciones de ningún tipo, sólo papel y bolígrafo, “para proteger la privacidad de los niños”. No se podía preguntar nada a los menores. La última vez que el Herald hizo este recorrido fue en el 2016, cuando el gobierno de Obama abrió la instalación para recibir a los menores que llegaban solos a la frontera.
El albergue, ubicado en 920 Bouganville Rd., es ahora el mayor del país que acoge a menores solos. En toda la nación hay al menos 100 albergues de este tipo.
La instalación de Homestead ha sido escenario de protestas desde que se implementó la política de “cero tolerancia” del presidente Trump en abril del año pasado, que llevó a que casi 3,000 niños fueran separados a la fuerza de sus padres. Bajo esa política, los adultos que entraran ilegalmente al país eran enjuiciados, mientras que cualquier menor que los acompañara era detenido en centro como el de Homestead, a veces a miles de millas de su familia.
El Herald también recorrió un albergue pequeño en Cutler Bay, el Monseñor Bryan Walsh Children’s Village, de Caridades Católicas, antiguamente llamado Boystown. Allí, el gobierno federal alberga bebés, menores de 13 años, jovencitas embarazadas y adolescentes con necesidades especiales, una 80 personas en total. Ese albergue se creó después que Fidel Castro llegó al poder en Cuba en 1959 y miles de menores no acompañados llegaron de la isla durante la Operación Pedro Pan.
El tercer albergue es His House Children’s Home en Miami Gardens.
Según funcionarios federales, ninguno de los tres albergues en la Florida está albergando menores separados de sus padres en la frontera, sino niños que llegaron solos.
En junio del año pasado —dos meses después que comenzó la separación de familias— un juez federal en San Diego ordenó al gobierno que detuviera las separaciones en la frontera. Pocos días después de ese fallo, el presidente Trump, enfrentado a fuertes protestas, firmó una orden ejecutiva que rescindió la política.
Jonathan White, quien supervisó el cuidado de los menores a cargo del HHS, testificó en una audiencia del Congreso el jueves que la mayoría de los niños se han reunido con su familia.
“De los 2,816 niños que pudimos identificar que estaban separados, solamente quedan seis por reunificar”, declaró en la audiencia de la subcomisión de supervisión de la Comisión de Energía y Comercio, según USA Today.
En Homestead, a los niños algunas cosas la gustaron y otra no en su rutina diaria.
“Estoy agradecida por estar aquí, pero los colchones son muy delgados o muy duros. A veces nos despertamos con dolor en el cuello, la espalda y la cabeza”, dijo una niña.
Otra adolescente, una guatemalteca de 16 años, dijo: “Estoy muy agradecida por los terrenos de fútbol, la ropa y los zapatos, si no fuera por eso no tendría nada. Pero tengo que decir que los zapatos se rompen con mucha facilidad”.
“Vamos a ver cómo solucionamos eso”, le contestó Johnson.
Azar se agachó a mirar de cerca los zapatos en cuestión y siguió compartiendo el almuerzo con el grupo: pescado frito, frijoles rojos y arroz, con dos galletitas de chocolate, leche, agua o jugo.
“Ah, por favor, sobre la comida aquí. No es que sea mala, pero nuestras tradiciones son diferentes”, dijo una jovencita de 15 años. “Nos gustaría más variedad”, dijo.
Ella y los otros casi no tocaron el almuerzo.
Azar dijo que iba a ver qué cambios se pueden hacer en el menú. “¿Hay alguna comida de a aquí que les guste?
Todos dijeron que les encantaba la pizza.
Un nuevo objetivo
Pero para algunos legisladores y activistas, “que les den pizza y helado no significa que sean libres”, dijo Joshua Rubin, un desarrollador de software de Nueva York convertido que se dedica a observar de cerca la situación en los albergues.
“Una jaula de oro sigue siendo una jaula”, dijo.
Rubin, de 67 años, ha sido una de las voces más fuertes frente al campamento de Tornillo en Texas. Después de enterarse de la situación por las noticias en casa, empacó sus cosas, condujo miles de millas, durmió en una casa rodante varios meses y se dedicó a documentar lo que veía afuera del campamento. Rubin atrajo la atención nacional tras lanzar una página de Facebook page —Witness: Tornillo— con la meta de cerrar el campamento.
“Y lo cerraron, nuestro próximo objetivo es Homestead”, dijo Rubin al Miami Herald el jueves.
Pocos minutos antes, Rubin participó en una conferencia de prensa afuera del Capitolio en Washington, donde la representante federal Judy Chu, demócrata por California, junto con el senador Jeff Merkley, demócrata por Oregon, volvieron a presentar un proyecto de ley para cerrar los campamentos de menores, que presentaron originalmente en diciembre para cerrar el de Tornillo.
La iniciativa, que está buscando más patrocinadores, prohíbe al HHS “mantener u operar albergues temporales de emergencia, incluidos los de Tornillo, Texas, y Homestead, en Florida”.
Homestead y Tornillo son únicos y similares en el sentido de que son los únicos dos albergues en el país ubicados en terrenos federales y los únicos dos clasificados como “albergues temporales de emergencia”.
Estos albergues, según funcionarios federales, son cualquier “instalación sin licencia que ofrezca albergue temporal de emergencia y servicios para menores extranjeros solos cuando las instalaciones con licencia están llenas”.
No tener licencia significa que instalaciones como la de Homestead no tienen que estar certificadas por autoridades estatales responsables de regular instalaciones que alberguen menores. Los albergues temporales no tienen que cumplir el llamado “Flores Settlement” de 1997, que limita el tiempo y las condiciones bajo las cuales las autoridades federales pueden detener a los menores solos: 20 días.
También requiere que los funcionarios de inmigración den a los menores detenidos cierta calidad de vida, como alimentos, agua potable, asistencia médica en emergencias, inodoros, lavamanos, climatización, supervisión y la mayor separación posible de adultos con los que no tengan relación, según un informe del Congressional Research Center.
“Me alegra mucho la voz de este movimiento que exhortó a cerrar este campamento funcionó. Tornillo ya no funciona”, dijo Merkley. “¿Podemos hacer lo mismo con Homestead?”
Según Merkley, el tiempo promedio que un niño migrante estuvo detenido en Tornillo fue casi 60 días. En Homestead es 67 días, hasta el 5 de febrero, según el HHS. En el caso de los menores solos en todos los albergues del país, hasta diciembre del 2018 el tiempo promedio se calculó en 89 días, confirmaron funcionarios.
Algo que contribuyó a la demora fue el proceso de verificación de huellas dactilares del FBI. Antes que un niño pueda transferirse al cuidado de familiares o patrocinadores, todos los adultos en ese núcleo familiar tenían que entregar sus huelas dactilares para verificar sus antecedentes. Pero en medio de una presión cada vez mayor, el gobierno ahora se limita a exigir que sólo se verifiquen los antecedentes del guardián principal.
La Florida tiene la tercera mayor cantidad de menores solos desde el 2014, un total de unos 22,000. Los menores han sido colocados con patrocinadores, por lo general familiares o amigos cercanos de la familia que viven en el estado.
Según el HHS, el costo diario promedio de cuidar a un niño migrante en un albergue regular, no temporal, es de $256 diarios.
“El costo de los albergues temporales es significativamente mayor por la necesidad de establecer las instalaciones y contratar rápidamente al personal durante un tiempo corto”, dijo Evelyn J. Stauffer, portavoz del HHS. “En este momento, el costo diario de cuidar de un menor en un albergue temporal es aproximadamente $775, sobre la base de nuestra experiencia en Homestead”.
Eso significa que, a plena capacidad con 1,300 albergados, la operación del albergue de Homestead costaría $1,007,500 diarios.
La vida en el albergue
Uno por uno, los adolescentes se ponen en filas, una de niñas y la otra de varones, ordenados por edad.
Con toallas, ropa interior, otro tipo de prensas y zapatos en la mano, los separan en grupos pequeños y entran a las ducha.
Cuando llegan a la instalación por primera, vez les dan pulseras de identificación y ropa. Les dan blusas y camisas de diferentes colores, shorts, pantalones deportivos, camisetas, ropa interior, kits de higiene y una bolsa negra.
Entonces se desinfectan las manos y entran a las duchas.
El albergue de Homestead, uno de unos 100 que el gobierno opera en todo el país, comenzó con unos 200 niños migrantes en el 2016. La idea era que fuera una válvula de escape para manejar el exceso de jóvenes que esperaban una audiencia de inmigración.
Sin embargo, después de llegar a su capacidad inicial de 800 personas, fue ampliado a su nivel actual de 1,300.
En momentos que las autoridades están por cerrar la instalación de Tornillo, las autoridades han dicho que se agregarían unas 1,000 camas al albergue de Homestead. El HHS declinó comentar sobre si están ampliando la instalación o sencillamente albergará a más personas.
Los niños reciben tres comidas y dos meriendas al día, para un total de 3,500 calorías diarias.
También reciben tratamiento médico y toman clases en aulas. Hay asesores que prestan servicio a niños que han sufrid abuso mental, físico o sexual, así como a otros que han escapado por la amenaza de las pandillas y la pobreza extrema. Los vacunan y les hacen la prueba de la tuberculosis. A todas las niñas de 10 años y mayores le hacen una prueba de embarazo.
En todas las tiendas de campaña blancas, además de los edificios de hormigón, hay agentes armados. Las tiendas de campaña, que son climatizadas, son los lugares donde se realizan los servicios religiosos, espectáculos de entretenimiento y concursos de Xbox.
Cada vez que un niño entra o sale de un edificio, le escanean la pulsera de identificación.
Esa información de compila y se envía a la sala de control del albergue, equipada con una docena de monitores de televisión. En una pantalla se ve un mapa que le sigue la pista a los jóvenes que son transportados a casa de sus patrocinadores. Cada menor es acompañado de un adulto, cuyo teléfono y vehículo son supervisados en tiempo real con tecnología GPS.
En algunos casos, la pantalla mostraba que la persona estaba sobre el Atlántico, lo que significa que el menor estaba camino a su destino en un avión. Otros se mostraban viajando en el noreste y la zona centro-norte del país.
Otras dos pantallas muestran el último punto en que le escanearon la identificación a los menores. Otros monitores muestran el tiempo, estadísticas de la cantidad de menores en la instalación y videos de vigilancia.
Durante la primera semana en el albergue, a los menores se les asigna una litera, que están alineadas en una enorme área, con taquillas debajo de cada cama. En el pasillo, pizarras de corcho con el cronograma diario de actividades adornan las paredes. Por todo el lugar se ven consolas de XBox y juegos de mesa.
Hay una pintura que muestra un desierto con un cactus y el sol poniéndose en el horizonte. Otra pieza de arte dice, en español “El amor es lo único que crece cuando se comparte”. Por todas partes hay volantes que abordan situaciones de agresión sexual y acoso.
Todos los niños estudian inglés, historia de Estados Unidos, y toman clases de redacción y lectura en la instalación. Todos se despiertan a las 6 a.m. y las luces se apagan a las 10 p.m. La mayor parte del personal es bilingüe.
Unos días después de llegar, los sacan de las literas y los asignan a dormitorios pequeños en el edificio del Job Corps. Cada grupo de 12 menores queda asignado a un “líder” durante la noche. De día, la proporción es un empleado por cada seis adolescentes.
En el caso de los albergues más pequeños, como Children’s Village o His House, donde están albergados niños pequeños o jovencitas embarazadas, hay un empleado por cada seis personas por las noches, y uno por cada cuatro durante el día. El personal trabaja en turnos y la supervisión abarca las 24 horas del día.
“A estos niños les dicen que éste es un lugar fabuloso, como un campamento de verano”, dijo Rubin. “Lo que yo veo es que los acompañan cuando van al baño. No les permiten ir de una tienda de campaña a otra, no pueden visitar a amigos o recibir visitas. Cuando único se pueden divertir es cuando juegan con la pelota de fútbol”.
En el Children’s Village , operado por Caridades Católicas, de las literas cuelgan rosarios. Uno, hecho a mano, dice en español: “Te amo Mamá”.
Hasta el 30 de enero, la instalación albergaba a cuatro niños menores de 4 años, entre ellos uno de 1 año. Aunque sus madres, que por lo general tienen menos de 17 años, asisten a clases, los bebés están jugando o al cuidado de un adulto.
“Todo está bien, tu mamá va a venir pronto”, le dijo una mujer a una niña, que entonces se enjugó las lágrimas y saludó con la mano a la reportera.
“Estoy muy contento de ver estos albergues en persona. Un almirante chino dijo una vez: ‘Te pueden dar toda la información sobre algo muchas veces, o puedes verla una vez’ ”, dijo Jonathan Hayes, director en funciones y jefe de personal de la Oficina de Estados Unidos para los Refugiados.
“Estoy muy orgulloso de nuestros albergues”, le dijo a un reportero. “Usted lo vio, esos niños están contentos”.
De adultos es diferente
Pero una vez que estos adolescentes cumplen 18 años, todo cambia.
Según Lisa Lehner, abogada de la entidad sin fines de lucro Americans for Immigrant Justice, una vez que un adolescente migrante cumple 18 años, la Policía de Inmigración y Aduanas se aparece con las esposas en la mano.
“A los varones los esposan en tres puntos: las manos, que van encadenadas a la cintura, y grilletes en los pies”, dijo Lehner. “A las niñas solamente las amarran por los pies”.
Lehner representa a migrantes que ya no tienen edad para estar en albergues como el Homestead, y pide a los tribunales federales que los liberen. Dice que casi todos los migrantes de 18 años son llevados al Centro de Transición de Broward, en Pompano Beach. Y agrega que la entidad está trabajando con una “cantidad histórica de migrantes de 18 años”.
Según información compilada por Americans for Immigrant Justice, el albergue de Homestead envió el mes pasado 21 adolescentes al centro de detención de Broward:Los albergues como el de Homestead ofrecen clases, los centros para adultos no.“El entorno en los centros de detención para adultos es muy diferente al de los albergues. A los varones les ponen uniformes naranja, a las niñas, marrón”, dijo Lehner. “Y los albergan con los adultos”.
La mayoría de los jovencitos bajo custodia del ICE tienen patrocinadores, familiares, a veces son los propios padres, y amigos, pero por diferentes razones no pueden irse con el patrocinador mientras están en el albergue.
“En algunos casos, los liberan del centro de detención de Broward al poco tiempo, a veces no”, dijo Lehner en un correo electrónico. “Esto depende de factores como cuán diligente sean los agentes de deportación al contactar al patrocinador y coordinar la liberación, si esa persona tiene dinero para pagar el menor [el pasaje de avión, tren o autobús] cuando lo liberen”.
Algunos de los agentes de deportación no hablan español, lo que puede ser un obstáculo porque todos los menores son de Guatemala, Honduras y El Salvador.
“Además de los patrocinadores individuales, hemos logrado ubicar hogares en todo el país que acogen a estos jovencitos, pero el ICE no hace esto, aunque la ley les exige que busquen alternativas a la detención”, dijo Lehner, señalando que hay dos estatutos federales que indican que cuando un menor cumple 18 años, es responsabilidad del ICE encontrar el “entorno menos restrictivo” para que residan si se van a quedar en el país.
En su lugar, dice Lehner, el ICE los coloca en el “entorno más restrictivo”.
El jueves no fue posible contactar al ICE para que comentara al respecto.
En el 2017, una mujer de Homestead que trabajaba supervisando menores en el albergue de esa localidad admitió haber enviado fotos sexualmente explícitas de sí misma a un jovencito de 15 años en el albergue, haber recibido un video pornográfico del menor y pedirle que la visitara en Miami para tener relaciones sexuales.
En junio, una joven inmigrante hondureña de 15 años, que había estado en el albergue tres semanas, se escapó cuando la llevaban a una cita médica un viernes por la mañana. A final de cuentas las autoridades la encontraron y la devolvieron al albergue.
Se espera que numerosos manifestantes protesten frente al albergue en las próximas semanas, dicen defensores de los inmigrantes
“Tenemos que atacar en todos los frenes, en el frente legislativo y en el terreno”, dijo Rubin. “Lo bueno es que no tenemos que empezar de cero como con Tornillo. Homestead está en el candelero nacional. Ahora está en el mismo centro de la atención”.
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