Sur de la Florida

En el debate sobre las armas, Parkland lo cambió todo. Y no cambió nada

Primera de dos partes

Cuando un contrariado ex alumno de secundaria en Parkland mató el año pasado a 17 personas, en su mayoría muchachos con quienes había compartido aula a lo largo de los años, parecía cierto que iban a cambiar los parámetros del debate sobre las armas de fuego en Estados Unidos, particularmente cuando los apasionados sobrevivientes tomaron las redes sociales por asalto para exigir nuevas restricciones a las armas de fuego.

Recaudaron millones de dólares, inscribieron a miles de electores jóvenes, contrataron a un cabildero de Washington y confrontaron dramáticamente en televisión a políticos partidarios de las armas.

El presidente Trump los recibió en una audiencia en la Casa Blanca y los escuchó con empatía, y entonces criticó a los legisladores por quedar “petrificados” ante la National Rifle Association. Incluso en la Florida, cuna de las leyes de defensa propia, donde la NRA tiene una enorme influencia, lo que se aprobó fue una ley anunciada a bombo y platillo, a cuya firma invitaron a los padres de Parkland.

Pero un año después, el 2018 es muy parecido a 1929, cuando los estadounidenses quedaron estremecidos ante la Masacre del Día de San Valentín, pero al final no hicieron nada para cambiar a largo plazo las leyes sobre las armas. O 1968, cuando casi lo mismo sucedió a raíz del asesinato político de Robert Kennedy y Martin Luther King. O 1993, cuando el presidente Ronald Reagan casi pierde la vida a manos de un loco que quería impresionar a una actriz. O 1999, 2007 o 2012, cuando matanzas en escuelas en varias partes del país cegaron 74 vidas.

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James Brady, secretario de Prensa del presidente Ronald Reagan, gravemente herido en 1981 afuera de un hotel de Washington DC en 1981, después que un hombre abrió fuego contra el mandatario, quien también resultó herido.

Se aprobaron leyes —entre ellas la Ley de Control de Armas de 1968 después de los asesinatos, y la Ley Brady, que lleva el nombre del secretario de prensa de Reagan, James Brady, herido de gravedad en el atentado— que más tarde perdieron fuerza con fallos judiciales y contraataques judiciales.

Ya están tratando de impugnar algunas de las leyes estatales aprobadas después de la matanza de Parkland, entre ellas el estatuto de la Florida que aumenta la edad para que alguien pueda comprar un arma y que facilita que la policía le quite las armas a personas con enfermedades mentales: varios líderes legislativos dicen que un proyecto de ley, ya presentado, que echa atrás muchas de las cláusulas tiene probabilidades razonables de aprobarse.

En la Florida, donde ocurrió la matanza, el candidato a gobernador más alineado con los estudiantes de Parkland perdió la elección ante Ron DeSantis, apoyado por la NRA.

Y en el caso del presidente, dos meses después que aguijoneo a los legisladores por inclinarse ante los cabilderos de las armas, Trump habló ante la convención del grupo en Dallas y los recibieron con ovaciones.

Y las muertes no han parado. The Trace, una organización que estudia asuntos relacionados con las armas de fuego, le siguió la pista a la cantidad de muertes por armas en un período de 12 meses que comenzó el 14 de febrero del 2018. La organización se alió con McClatchy para producir una serie de reportajes sobre las conclusiones del estudio, incluidas minibiografías de las víctimas, que llegaron a casi 1,200, escritas por estudiantes.

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Doce años después de ser gravemente herido por John Hinkley cuando trató de asesinar al presidente Ronald Reagan, el presidente Bill Clinton firma la Ley Brady, que implementa la verificación de antecedentes para los que quieren comprar armas de fuego.

“Lo ocurrido en Parkland fue terrible”, dijo Carl T. Bogus, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Roger Williams en Rhode Island y autor del libro The Second Amendment in Law and History (La segunda enmienda en la ley y la historia). “Pero no es la primera vez que algo terrible sucede con las armas y el país no hace nada”.

Hay muchas personas que trabajan para imponer mayores restricciones a las armas que se muestran en desacuerdo con Bogus, muchas de ellas con vehemencia.

“Eso es un disparate, un disparate total”, dijo Fred Guttenberg, cuya hija de 14 años, Jaime, fue una de las víctimas en Parkland. “Si usted observa las elecciones el año pasado, en que la Cámara de Representantes pasó [al control de los demócratas] los que perdieron fueron los que la gente sacó del poder por ser partidarios de las armas, y todos representantes que eligieron lo fueron por favorecer más normas de control sobre las armas.

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Fred Guttenberg, cuya hija de 14 años, Jaime, pereció en la masacre en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, dijo ‘la mayoría del prueblo ahora está con nosotros’.

“Una mayoría de la gente está con nosotros ahora. Creo que veremos al Senado seguir el ejemplo en las próximas elecciones, y se aprobará algunas leyes sobre las armas, y Trump las va a firmar si todavía está ahí, porque seguro que quiere el crédito. Y si no está ahí, entonces lo hará un demócrata”.

Según el conteo del Giffords Law Center to Prevent Gun Violence, creado después que la representante federal Gabby Giffords fue herida de gravedad durante un tiroteo en el estacionamiento de un supermercado, se aprobaron 67 leyes a nivel estatal para restringir el acceso (en lo fundamental por parte de agresores domésticos y pacientes mentales) a armas y accesorios que las hacen disparar más rápido. Y, señalan autoridades del centro, 101 candidatos que apoyaron —todos fervientes defensores de restricciones a las armas, como los activistas prefiere llamarlos, defensores de la seguridad con las aras— ganaron sus carreras en las elecciones intermedias de noviembre del 2018.

El control demócrata de la Cámara de Representantes hará casi imposible aprobar leyes a favor de las armas, dijo Peter Ambler, director ejecutivo del Centro Giffords, y de manera más amplia es la señal de que comienza una nueva era en la política sobre las armas.

“La gente está harta”, dijo. “Tuvimos una cifra récord de candidatos que hicieron campaña sobre este tema. Hubo 44 veces más anuncios de campaña sobre la seguridad con las armas que en las elecciones intermedias anteriores. Los candidatos fueron coherentes con sus posturas y con las de sus electores. No se gasta dinero a menos que se piense que va a conseguir los votos”.

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Vista del estacionamiento de supermercado donde la representante federal fue baleada de gravedad. Matt York AP

Pero casi todas estas monedas políticas tienen otra cara también. El partido que controla la Casa Blanca pierde con frecuencia en las elecciones intermedias, y el presidente Trump y los republicanos enfrentaron oposición en muchos asuntos, no solamente las armas. Y la división en el Congreso afecta a todos: el control republicano del Senado afectará cualquier ley contra las armas aprobadas por los demócratas.

A pesar de foco en inscribir jóvenes para votar después de los sucesos de Parkland, algunas encuestas han sugerido que los millenials no tiene mayor inclinación que el público en general a apoyar leyes sobre las armas.

Y cuando el grupo del Centro Giffords alardea que 101 candidatos que apoyó ganaron la elección, es importante recordar que están divididos a la mitad entre 50 estados y el Distrito de Columbia, un promedio de menos de dos por jurisdicción.

Algunos participantes en la gran batalla por las armas de fuego dicen que la matanza de Parkland, aunque fue terrible, era demasiado complicada para que funcionara como la motivación en una campaña contra las armas.

“Fueron muchas causas”, dijo Stephen P. Halbrook, abogado que ha ganado juicios a nombre de la National Rifle Association y ha escrito varios libros sobre la historia de las armas y su control.

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Stephen P. Halbrook, abogado que ha representado a la National Rifle Association, en una presentación en NRA TV.

“Todos han visto los videos de la policía esperando afuera en vez de entrar a donde ocurría el tiroteo. Y aunque el asesino obviamente está loco, el sistema de salud mental no lo había confinado. Fueron muchas cosas no solamente la disponibilidad de las armas”.

De alguna manera, la matanza de Parkland ha tenido un impacto más directo que otros tiroteos de ese calibre. Después del asesinato de escolares en la escuela primaria Sandy Hook, en Connecticut, en el 2012, se presentaron proyectos de ley modestos a nivel nacional sobre las armas, pero también hubo un realineamiento político considerable. El senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, elegido un mes antes, se convirtió en un fuerte defensor de leyes para restringir las armas. Y activistas crearon dos nuevos grupos contra las armas, Everytown for Gun Safety y el Centro Giffords, que se convertirían en participantes importantes en la política sobre las armas. El movimiento para el control de las armas también cambió de estrategia, y en lo fundamental abandonó esfuerzos a nivel federal para trabajar a favor de nuevas leyes a nivel estatal y local, con cierto nivel de éxito.

En el caso de Parkland, la matanza generó 69 proyectos de ley aprobados en legislaturas estatales, entre ellas 18 en estados controlados por los republicanos. Pero muchas fueron medidas que no generaron mucha oposición por partidarios de los derechos sobre las armas, como la prohibición de los llamados bump stocks —que permiten disparar más rápido— y leyes que facilitan a la policía incautar armas de pacientes mentales y agresores físicos.

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Alumnos sobrevivientes de la masacre en la escuela primaria Sandy Hook salen del edificio acompañados por una policía, en una imagen del 14 de diciembre del 2012. Shannon Hicks AP Photo/Newtown Bee

Pero en lo relacionado con la parte fundamental del debate sobre las armas, Halbrook piensa que existe una inercia generalizada.

“Los republicanos no van a conseguir nada de lo que quieren y los demócratas no van a conseguir todo lo que quieren”, dijo.

Para bien o para mal, el debate sobre las armas en Estados Unidos —afectado por factores culturales, políticos y jurídicos— se mantuvo en el mismo lugar que los últimos 90 años, anclado a un par de pulgadas del status quo.

“El panorama político ha cambiado mucho, no solamente el año pasado”, dijo Gary Kleck, profesor emérito de la Facultad de Criminología y Justicia Penal de la Universidad Estatal de la Florida. “En este debate nos hechos no importan. Lo único que importa es la ideología...”.

Durante decenios, los defensores del control de las armas han alegado que los gobiernos pueden implementar restricciones legalmente, incluso algunas severas, sobre la tenencia de armas porque la redacción de la Segunda Enmienda de la Constitución “el derecho de la población a tener y portar armas” se refiere a milicias estatales y no al derecho de los ciudadanos individuales a tener y portar armas.

Pero ese argumento ha sido rechazado por dos fallos de la Corte Suprema federal, District of Columbia vs. Heller, en 2008, y McDonald vs. Chicago, en el 2010— que establecieron por primera vez un derecho inequívoco de los individuos a tener armas en sus casas para propósitos de defensa propia.

“Yo pienso que la Corte Suprema está equivocada, pero es la que confirma las leyes del país”, dijo Bogus.

Bogus opina que un caso que la Corte Suprema acaba de aceptar, una demanda que pide derogar una ordenanza de la Ciudad de Nueva York que dificulta la incautación legal de u arma fuera de la casa, probablemente será otro duro golpe a la causa de la regulación de las armas.

“Pudiera tener un gran efecto sobre las restricciones al porte oculto de armas”, dijo Bogus.

Los casos de Heller y McDonald se decidieron mucho antes que el presidente Trump ocupara el cargo. Pero como las judicaturas federales son de por vida, sus nombramientos, jueces por lo general conservadores y partidarios de los derechos de las armas —más de 80 confirmados hasta el momento, y más de 50 en espera de la aprobación del Senado— pudieran tener una influencia profunda en el debate sobre las armas en los próximos decenios, y afectaría la capacidad del Congreso y las legislaturas estatales para aprobar leyes sobre las armas de fuego.

“Este es un debate en que las dos partes apenas consideran que la otra es un ser humano”, dijo Tom Palmer, politólogo que apoya los derechos a las armas y es vicepresidente del grupo de estudios Atlas Network. “Los que apoyan el control de las armas ven a sus oponentes como personas a quienes no les importa la vida humana, y la gente que defiende el derecho a las armas ve a sus oponentes como personas a quienes no les interesa la libertad”.

El control de las armas se convirtió en un tema político durante la ola de delitos provocada por pandillas rivales durante la era de la prohibición del alcohol en los años 1920, particularmente los tiroteos indiscriminados con la Thompson, una subametralladora tipo militar, que llegó demasiado tarde para participar en la Primera Guerra Mundial.

La Thompson es un arma automática y tiene una cadencia de fuego de aproximadamente 600 disparos por minuto. En 1929, la Thompson fue el arma que usaron los hombres de Al Capone, el tristemente célebre mafioso de Chicago, para matar a siete miembros de la pandilla rival de Bugs Moran. Ahí empezó la primera batalla por el control de las armas en Estados Unidos.

De muchas maneras, el intento de sacar la Thompson de las calles presagió todas las iniciativas de control de las armas que siguieron después.

El principal defensor de la Thompson fue un grupo, hasta ese momento casi apolítico, llamado la National Rifle Association, que logró evitar una prohibición total a favor de un impuesto, enorme para esa época, de $200 sobre la Thompson, que llevó a la duplicación de su precio y en general evitó que llegara a manos de privados.

Y como sería el caso con muchas más medidas de control de las armas a lo largo de los años, no hubo acuerdo sobre si la nueva ley era efectiva.

Desde 1934, las leyes federales sobre armas de fuego por lo general han seguido el mismo patrón, un poco más restrictivas o un poco menos restrictivas. Los partidarios del control de la armas lograron lo que pareció un gran victoria en 1968, raíz del asesinato de Kennedy y Martin Luther King Jr., cuando el Congreso ilegalizó la venta de armas entre los estados. Pero buena parte de la ley quedó sin efecto ocho años después.

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Manifestantes acostados en el suelo en un supermercado Publix en Coral Springs durante una protesta de 12 minutos contra esa cadena de supermercados por el apoyo de la empresa a Adam Putnam, entonces candidato a la gobernación de la Florida. Jose Iglesias JIglesias@miamiherald.com

Otro momento aparentemente histórico en el control de las armas de fuego ocurrió en 1994. Después de varios incidentes con muchas víctimas en que se usaron fusiles tipo militar, el Congress los prohibió. Pero como muchas de las características usadas para definir la categoría “arma de asalto” eran cosméticas en vez de funcionales —como, digamos, que se le pueda colocar una bayoneta o que tenga una empuñadura— los fabricantes eludieron la ley eliminando esas características. La ley debía ser renovada después de 10 años, pero eso nunca ocurrió.

Y a lo largo del camino, el debate se ha vuelto cada vez más agrio. Muchos analistas dicen que la regulación de las armas ya no es un debate de políticas sino otra batalla en la guerra cultural en Estados Unidos, la batalla sobre qué significa ser estadounidense.

“Si se trata del significado de la Segunda Enmienda, es lo que significa el documento fundamental del país”, dijo Emma Long, profesora de Estudios de Estados Unidos en la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, quien ha escrito extensamente sobre las políticas relacionadas con las armas.

“Eso dificulta mucho llegar a un acuerdo. ¿Cómo alguien va a comprometer los ideales de los padres fundadores? Sospecho que sería más fácil si se pudiera sacar la Segunda Enmienda del debate, pero no creo que eso suceda”.

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