Sur de la Florida

Demócratas critican a Trump en debate en el que Kamala Harris ataca a Joe Biden

Seis de los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos, Pete Buttigieg, Joe Biden, Bernie Sanders, Kamala Harris, Kirsten Gillibrand y Michael Bennet, saludan al público a su llegada al escenario del Arsht Center, en el downtown de Miami, para la segunda noche del primer debate del Partido Demócrata, el jueves 27 de junio.
Seis de los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos, Pete Buttigieg, Joe Biden, Bernie Sanders, Kamala Harris, Kirsten Gillibrand y Michael Bennet, saludan al público a su llegada al escenario del Arsht Center, en el downtown de Miami, para la segunda noche del primer debate del Partido Demócrata, el jueves 27 de junio. pportal@miamiherald.com

Los principales candidatos demócratas a la presidencia se unieron el jueves en los ataques a las políticas de Donald Trump en un debate televisivo en Miami, en el que la senadora por California Kamala Harris aprovechó para realzar su figura a nivel nacional.

Harris llegó a la Florida con un objetivo y lo cumplió. En la primera hora del debate acaparó la atención al mandar a los candidatos a callar cuando todos gritaron a la vez; también por criticar de modo dramático a Trump por separar a las familias de inmigrantes y “alardear” de una economía boyante cuando muchos tienen varios trabajos para sobrevivir, y atacar al ex vicepresidente Joe Biden por haber votado en contra de iniciativas para acabar con ciertas prácticas de segregación racial en las escuelas.

La senadora dijo que de ser electa, usaría el micrófono que tendría como presidenta para “reflejar los valores del país”. La frase “En América, nadie debería tener más de un trabajo”, arrancó fuertes aplausos al público.

La segunda noche del debate de los candidatos demócratas a la presidencia concentró a varios —Biden, el senador independiente por Vermont Bernie Sanders, Harris y el alcalde de South Bend, Indiana, Pete Buttigieg— de los que lideran en las encuestas para enfrentarse a Trump, quien aspira a mantenerse en la Casa Blanca en las elecciones del 2020.

La dinámica de la noche fue diferente de lo que pasó el miércoles, cuando varios de los candidatos menos populares —todos por debajo del 5 por ciento en las encuestas— chocaron sobre inmigración e intentaron chapurrear el español, en un guiño al voto latino que ambos bandos quieren conquistar. Solo la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, que destacó por momentos en el debate del miércoles, tenía una intención de voto por encima del 10 por ciento.

Pero el jueves, los candidatos no perdieron tiempo y atacaron las políticas de Trump sobre salud pública, inmigración e impuestos.

Sanders prometió abolir las decisiones de Trump en materia de inmigración a través de órdenes ejecutivas. Biden dijo que eliminaría las rebajas en los impuestos que la reforma fiscal promovida por Trump otorgó a los más ricos y reuniría inmediatamente a las familias de inmigrantes separadas por su administración.

“Eso es indignante”, dijo.

Para Biden, por mucho el favorito hasta ahora y con mayor reconocimiento nacional, “la tercera podría ser la vencida”, pues el ex senador de 76 años, ya ha intentado llegar a la Casa Blanca dos veces en su carrera —la primera en 1988, cuando se retiró después de ser acusado de plagio, y la segunda en 2008, cuando abandonó la idea de ser el candidato principal para convertirse en el compañero de fórmula de Barack Obama.

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El senador Bernie Sanders y el ex vicepresidente Joe Biden durante un corte comercial del debate. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

Biden casi dobla a Sanders en las encuestas y se ha presentado como el candidato con la experiencia y popularidad para vencer a Trump y devolver el país a la normalidad.

“Tenemos que restaurar el alma de esta nación, que ha sido hecha pedazos por este presidente”, dijo refiriéndose a Trump. “Tenemos que unir a los Estados Unidos, si estamos unidos no hay nada que no podamos hacer”.

En esa misma cuerda, Biden prometió “devolver la dignidad a la clase media estadounidense”, a través de la expansión del Affordable Care Act conocido como Obamacare, la eliminación de rebajas a los más afluentes en el sistema de impuestos y hacer gratuitos los colegios comunitarios.

Los candidatos estuvieron de acuerdo en extender la cobertura de salud a los inmigrantes indocumentados así como en aumentar los controles sobre las armas de fuego. Temas como el derecho a las mujeres al aborto, el cambio climático y la política exterior hicieron breves apariciones.

Más allá de los puntos en común, el debate también mostró las diferencias entre la visión de candidatos de centro del Partido Demócrata como Biden y Sanders, el senador independiente por Vermont, de 77 años, que ha movilizado al ala más a la izquierda del partido, y sobre todo a votantes más jóvenes en torno a su propuesta de socialismo democrático.

Su versión del socialismo, sin embargo, no es popular entre grupos de votantes latinos en el sur de la Florida, quienes huyeron de países que se declararon socialistas en el hemisferio.

Interrogado sobre cómo un candidato que se proclama socialista podría ganarle a Trump, Sanders respondió que las encuestas así lo indican.

“Bueno, estoy 10 puntos por delante de Trump. Los estadounidenses entienden que Trump es un farsante, un racista, un mentiroso patológico que dijo que iba a representar a las familias trabajadoras”, contestó Sanders. “Exponiendo a Trump por ser el fraude que es, así es como se le gana a Trump”.

Sanders (Bernie, para sus seguidores) perdió en las primarias contra Hillary Clinton en el 2016, pero desde entonces, el partido no ha sido el mismo y sus propuestas para hacer que las universidades públicas sean gratuitas o su plan Medicare for All —que propone eliminar los seguros de salud privados e implementar un plan único de cobertura subsidiado por el gobierno— han obligado al resto de los candidatos a tomar posiciones sobre estos temas.

Al inicio del debate, Sanders resumió su nueva “visión” para el país que incluye la cobertura universal de salud, la universidad gratuita y el aumento de los impuestos a las corporaciones e instituciones financieras representadas por Wall Street. Tras enumerar los beneficios de su programa Medicare for All, por ejemplo la disminución de los costos para los pacientes, y prometer la reducción de los precios de las medicinas, el senador admitió que la propuesta aumentaría los impuestos a la clase media.

Parte de la discusión del jueves se centró en cómo llegar a una cobertura universal de salud en los Estados Unidos. Buttigieg y la senadora por Nueva York Kirsten Gillibrand apoyan una solución intermedia que permita mantener los seguros privados de salud junto a una cobertura subsidiada por el gobierno, como un primer paso para llegar a esa cobertura universal.

Para Harris y Buttigieg, el debate del jueves representaba retos muy distintos a los candidatos en la cima de las encuestas. La senadora y ex fiscal general de California tuvo un fuerte comienzo en la campaña pero aún no es demasiado conocida en todo el país. Con una reputación de ser una buena oradora y una interrogadora inquisitiva en las audiencias del Senado, Harris necesitaba demostrar que puede atraer a los votantes afroamericanos entre un grupo de candidatos como Biden y el senador por New Jersey Cory Booker, que pueden ser también atractivos para este grupo clave de votantes.

Harris ha propuesto aumentar el salario de los maestros, regular las armas de fuego con acciones ejecutivas y ha alzado la voz a favor de un juicio político contra el presidente Donald Trump. Pero aunque ha apoyado alguna de las iniciativas más liberales en el partido como Medicare for All y el Green New Deal, el ala más a la izquierda le ha cuestionado algunas de sus decisiones cuando era fiscal general de California.

Buttigieg, quien aparece muy cerca de Harris en las encuestas, ha tenido una campaña meteórica, tras presentarse como un candidato joven, intelectual y competente para hacerle frente a Trump. El ex oficial de inteligencia de la Marina, quien cumplió misión en Afganistán, aspira a ser el presidente más joven en la historia de Estados Unidos. También sería el primer presidente abiertamente gay, ya que está casado con el profesor Chasten Glezman.

Justo antes del debate, Buttigieg logró el apoyo oficial de los alcaldes de Parkland y Fort Lauderdale, en el sur de las Florida.

Aunque algunas de sus ideas son revolucionarias, por ejemplo, aumentar a 15 el número de jueces en la Corte Suprema o reemplazar el colegio electoral, el modo racional y calmado en que presenta las políticas le ha permitido llegar a votantes más moderados. Buttigieg, que está a favor de una serie de políticas progresistas, hasta ahora ha evadido presentar detalles concretos, aunque su campaña resalta su apoyo a aumentar el salario mínimo a $15 por hora, prohibir las armas de asalto tipo militar, convertir en estado a Puerto Rico e implementar el Green New Deal, entre otras iniciativas.

En el debate del jueves, el joven alcalde de 37 años debía mostrar que puede competir en el estrado con los pesos pesados del partido.

“El alcalde Pete” también tuvo sus momentos en la noche, por ejemplo, cuando criticó al establishment político en Washington por no ponerse de acuerdo para aprobar políticas que son populares entre los estadounidenses como la cobertura universal de salud. En otro momento críticó a Trump por la política de separación de las familias inmigrantes y a otros candidatos por prometer políticas como el Medicare for All sin explicar cómo las financiarían.

Buttigieg también criticó al partido republicano por un uso “hipócrita” de la religión.

“Defendemos a las personas de cualquier religión y de todas las religiones, pero deberíamos denunciar la hipocresía cuando la vemos. Dios no toleraría poner a los niños en jaulas, o separar a las familias”, dijo.

Queda por ver si será suficiente para mantenerse entre el nutrido grupo de contrincantes.

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