Sur de la Florida

Rivalizaron en los debates, pero en visitas a Homestead los candidatos encontraron afinidad

Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana; Kamala Harris, senadora por California, y Kirsten Gillibrand, senadora por Nueva York, visitan Homestead tras los debates en Miami.
Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana; Kamala Harris, senadora por California, y Kirsten Gillibrand, senadora por Nueva York, visitan Homestead tras los debates en Miami. lgrinspan@miamiherald.com

Durante la noche del jueves 27 de junio Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana; Kamala Harris, senadora por California; Kirsten Gillibrand, senadora por Nueva York; y John Hickenlooper, ex gobernador de Colorado, estaban entre los 10 candidatos presidenciales compitiendo en la segunda noche del primer debate demócrata en el downtown de Miami.

A menos de 12 horas de terminado el debate, ese grupo se volvió a encontrar bajo el sol floridiano 30 millas más al sur, en Homestead. En compañía de Julián Castro, ex secretario de Vivienda y Asuntos Urbanos en la administración de Obama, y la representante federal Debbie Mucarsel-Powell, entraron brevemente al centro de detención para niños migrantes de Homestead, el refugio para menores no acompañados más grande del país.

Como a sus rivales demócratas, que también pasaron por Homestead a principios de la semana, a los candidatos que fueron este viernes no les fue permitido hacer el tour por las instalaciones. El Departamento de Salud y Servicios Sociales, que supervisa a Caliburn, la compañía privada que opera el centro, dice que ninguno de los candidatos había organizado una visita con el aviso necesario de dos semanas.

Pero como lo que ha ocurrido esta semana nos ha enseñado, una visita a Homestead no tiene como propósito final ser una misión de investigación. Más que nada, es una oportunidad de criticar las políticas de inmigración de la administración Trump, y el tratamiento de los solicitantes de asilo.

Así fue que los candidatos tomaron turnos en la mañana de este viernes para criticar lo que son, para ellos, condiciones carcelarias dentro del refugio, no licenciado y con fines de lucro, donde viven alrededor de 2,500 chicos. Las comparaciones con las cárceles -un argumento que Caliburn califica como parte de una “descripción falsa y engañosa con intención de buscar rédito político”- están basadas en expedientes judiciales que documentan varias instancias de malas condiciones, incluyendo el uso de confinamiento solitario.

He visitado refugios del Departamento de Salud y Servicios Sociales antes en Texas. Se como son por dentro: como una prisión. Las camas están alineadas como lo estarían en una cárcel. No hay objetos personales, no hay confort. No es un hogar”, dijo la senadora Gillibrand. “Nos hemos enterado de denuncias de agresión sexual en el predio por parte de los empleados. Hemos tenido conocimiento de niños que están pasando por situaciones traumáticas”.

En su alocución, el secretario Castro criticó al centro de Homestead y dijo que se necesita reformar por completo el sistema de inmigración en el país.

“Vinimos aquí hoy para echar un vistazo a un centro de detención privado para ninos. No nos dejaron pasar. Te hace pensar: ¿que están ocultando? ¿La superpoblación? ¿El abuso sexual?” dijo. “Tenemos que parar de jugar juegos con los solicitantes de asilo. Tenemos que asegurarnos que nuestro sistema de cortes de inmigración sea independiente y tenga los suficientes jueces y personal calificado para que los pedidos de asilo sean procesados con mayor rapidez. Tenemos que asegurarnos que estos niños no estén en un centro de detención, sino en casas de familiares”.

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El candidato Julián Castro, uno de los favoritos de la primera noche del debate entre candidatos demócratas. Lautaro Grinspan lgrinspan@miamiherald.com

Aunque ninguno de los políticos con gran perfil que visitaron a Homestead hoy -o cualquier día esta semana- pudieron hacer un tour del centro de detención, una funcionaria electa si lo consiguió, la comisionada de Miami-Dade Daniella Levine Cava. Vio las instalaciones a las 8:00 a.m. del viernes, antes de que llegaran los candidatos presidenciales. Dijo que había organizado su visita hace más o menos dos semanas, sin saber cuánta atención mediática recibiría este día.

“No vimos a niños llorar. Están vigilados constantemente por los empleados”, dijo. “[Pero] lo importante no es lo que se ve por fuera, sino cómo se están sintiendo por dentro. Eso no lo sabemos. Esos niños han sufrido mucho para llegar a este país”.

La comisionada Cava dijo que los casi 2,500 niños están divididos en dos zonas: la zona norte para los niños más grandes y la zona sur para los más pequeños. Todos los chicos, según la comisionada, se duchan una vez por día, tienen artículos de aseo y reciben “tres comidas al día y dos snacks”.

También fue informada de cuanto dura, en promedio, una estadía en el centro: 30 días. “Pero sabemos que para muchos, la espera para irse es mucho más larga, y la población está creciendo”, añadió. “Así que la respuesta es que hay que cerrarlo”.

La representante Mucarsel-Powell no pudo hacer un tour de las instalaciones durante el desplazo del viernes, pero lo ha hecho en ocasiones previas y describió que el lugar se asemeja a una prisión. Rodeada de candidatos presidenciales, habló sobre su propia experiencia migrando a Estados Unidos desde Ecuador.

“Como los miles de chicos que están aquí, yo soy una inmigrante. Vine a los 14 años. [...] Nunca me separaron de mi familia”, dijo. “Y para todos nosotros que hemos huido de la corrupción latinoamericana, para los venezolanos y los cubanos, los nicaragüenses y los salvadoreños, les quiero decir algo. Huimos de gobiernos de corrupción, donde las violaciones de los derechos humanos eran obvias. Eso es lo que está pasando hoy en Estados Unidos”.

Después de haber hecho sus declaraciones a la prensa, los cinco candidatos reunidos en Homestead -así como la autora Marianne Williamson, quien llegó más tarde esa mañana- se alternaron para subirse a lo que se ha transformado en uno de los más importantes objetos políticos en la zona: una escalera de cuatro peldaños al otro lado de la calle y de la barrera perimetral del centro de detención.

En el momento que se subió a la escalera el ex secretario Castro, con binoculares en una mano y un corazón rojo gigante en la otra, filas de niños fueron vistos caminando en el patio del refugio. Muchos de ellos tenían gorras de color naranja (“color que me hace pensar en una cárcel”, dijo Castro). Los activistas presentes saludaron y gritaron “hola” y “los queremos”. Algunos de los niños devolvieron el saludo.

Entre los activistas estaba Julia Montejo, de 24 años, recipiente de DACA. Montejo llegó de Guatemala siendo niña y creció indocumentada en West Palm Beach.

“A mi me enoja que niños de Centroamérica como yo estén sufriendo esto. Yo, gracias a Dios, pude vivir en mi comunidad con mi familia, ir a la escuela, estudiar. Y no tuve que pasar este trauma, porque esto es un trauma lo que están pasando estos niños. Alguien necesita estar aquí presente para asegurarse que siempre haya atención hacia lo que está pasando”.

Una de las activistas más ruidosas era Vielka Wambold, de 58 años. Ha estado acá toda la semana, gritando los nombres de los países de los cuales podrían provenir los niños: “¡Honduras! ¡Nicaragua! ¡El Salvador!”. Dice que se ha dado cuenta que eso hace sonreír a los chicos. De vez en cuando también gritaba “¡soy tu tía!”. Dice que le sorprendió poder ver y charlar con tantos candidatos presidenciales esta semana y piensa que esas visitas fueron importantes.

“Estamos tras ellos desde enero pero vinieron casi sin avisar, a lo último. Estábamos buscando a la gente de poder para ayudar a los niños”, dijo Wambold. “Te voy a decir, el que no vino fue Joe Biden. Yo no sé porqué, no entiendo”.

Lautaro Grinspan is a bilingual reporter at the Miami Herald and el Nuevo Herald. He is also a Report for America corps member. Lautaro Grinspan es un periodista bilingüe de el Nuevo Herald y del Miami Herald, así como miembro de Report for America.
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