Sur de la Florida

‘A quien confronté fue al régimen de Cuba’: niegan residencia permanente a prominente miembro del exilio

Ramón Saúl Sánchez: “Si no me quieren aquí, me iré a Cuba”

El activista y sus abogados esperan que el servicio de inmigración de EEUU recapacite y le otorgue residencia
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El activista y sus abogados esperan que el servicio de inmigración de EEUU recapacite y le otorgue residencia

El Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (USCIS) negó nuevamente este lunes la residencia permanente a Ramón Saúl Sánchez, líder del Movimiento Democracia y una de las figuras más prominentes del exilio histórico cubano en Miami. Ahora Sánchez queda en un limbo legal y podría terminar deportado a Cuba, de donde salió cuando era niño, hace 52 años.

“Con tristeza les comunico que el gobierno de Estados Unidos me acaba de denegar la residencia con un documento de 17 páginas de justificaciones. Agradezco los 52 años vividos en esta tierra generosa que he llegado a amar como a mi otra patria. Continuaré mi lucha por Cuba libre”, escribió Sánchez en Twitter este lunes.

El USCIS le había comunicado en 2016 a Sánchez que le negaba su solicitud de residencia permanente solicitada desde el 2002. Las autoridades migratorias le pedían salir del país “tan pronto como sea posible”. El activista apeló esa decisión, aunque había dicho con anterioridad que estaba dispuesto a regresar a Cuba si no lo querían en Estados Unidos.


En conversación telefónica con el Herald, Sánchez explicó que en la carta que recibió, el USCIS le informa que no tiene “más recursos” para apelar la decisión, excepto que se haya cometido un error. El abogado de inmigración Wilfredo Allen pedirá una revisión del caso en las próximas semanas, dijo Sánchez.

“Entre las justificaciones para negarme la residencia están las flotillas por la libertad de Cuba y las huelgas de hambre que realicé. Según los funcionarios, estas actividades confrontaban a Estados Unidos. Eso es falso, a quien único confronté fue al régimen de Cuba”, dijo.

Sánchez dijo sentirse preocupado porque otros cubanos exiliados podrían estar recibiendo cartas del USCIS por sus actividades en favor de la libertad de la isla. “Mi petición es que se trate de hacer llegar esta situación a las más altas instancias [del gobierno] de Estados Unidos. Al parecer hay funcionarios que siguen tomando decisiones relacionadas con la política de [el ex presidente Barack] Obama que tienen el propósito de complacer al régimen de Cuba y neutralizar a los activistas”, agregó.

“A pesar de esta decisión, estoy muy agradecido de poder vivir en libertad durante 52 años en este país. A este país lo considero mi otra patria. Toda mi vida he podido trabajar y vivir de mi sudor aquí”, dijo emocionado.

En 1967, cuando llegó junto a su hermano al Aeropuerto Internacional de Miami, a Sánchez le entregaron un parole, un documento especial para refugiados. Sánchez nunca se acogió a la Ley de Ajuste Cubano, establecida en 1966, porque, como muchos cubanos de su generación, consideraba una traición a la causa de la independencia de Cuba asumir otra nacionalidad.

Desde muy joven, Sánchez se vinculó a la lucha por sacar del poder al régimen comunista de los hermanos Castro y junto a los miles de exiliados cubanos se entrenó en la lucha armada para liberar a su país.

En la década de 1980, pasó cuatro años y medio en prisión por negarse a declarar ante un gran jurado en un caso relacionado con la organización armada Omega 7, cuyo líder cumple cadena perpetua por llevar a cabo atentados con explosivos en los Estados Unidos. El parole que permitía que estuviera legalmente en Estados Unidos le fue revocado.

Tras su liberación, Sánchez se convirtió en un convencido militante de la lucha pacífica y la desobediencia civil. Su rostro es uno de los más visibles dentro del exilio cubano y ha protagonizado más de una decena de huelgas de hambre en solidaridad con sus compatriotas.

El activismo de Sánchez ha tocado de cerca a muchos cubanos que llegaron en embarcaciones rústicas a Estados Unidos, a quienes ha defendido de las autoridades migratorias para que no sean devueltos a la isla.

El caso más reciente fue un grupo de balseros cubanos que en 2016 se refugiaron en un faro cerca de los Cayos de la Florida. Sánchez, junto a un equipo de abogados, lideró la defensa de los cubanos, que a pesar de no pisar suelo norteamericano como establecía la entonces vigente política de pies secos/pies mojados, no fueron devueltos a la isla sino enviados a Australia como refugiados.

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