Sur de la Florida

Tras 11 años al frente de las escuelas de Miami-Dade, Alberto Carvalho ‘está casado con la comunidad’

Tenía el suspenso y el drama de una telenovela.

El 1 de marzo de 2018, la Junta Escolar de Miami-Dade se reunió de emergencia para estudiar el destino de su superintendente. ¿Se marchaba realmente Alberto Carvalho a ocupar el mismo cargo en la Ciudad de Nueva York, al frente del mayor distrito escolar del país?

Carvalho tuvo su momento en el candelero nacional, pero al final rechazó la oferta en vivo en la televisión.

Carvalho es miamense por decisión propia. No la clase que huyó del comunismo en Cuba, sino que vino de Portugal solo a los 17 años, sin documentos. Ascendió de maestro de ciencias en el casco urbano a liderar el cuarto mayor sistema escolar público de Estados Unidos.

Miami es donde se transmiten sus discursos a la hora de mayor tráfico en la radio pública, donde extraños reconocen su peinado y trajes perfectos de haberlo visto en televisión y le dicen que lo adoran, y él les dice que los quiere mucho también. Miami es donde una legisladora estatal tiene que esperar para verlo en su despacho, no al revés.

Sin embargo, cuando la Junta Escolar se reunió en agosto de 2018 para discutir la extensión de su contrato, los miembros lo estudiaron en todo detalle. ¿Por qué era tan difícil decidir si conservaban a uno de los superintendentes escolares más destacados del país en su propia ciudad de adopción?

Esa es la cosa con Carvalho: incluso después de todo lo que ha hecho, 11 años más tarde, la gente todavía está formándose opiniones sobre él.

Durante más de un decenio los puntos destacados de la carrera de Carvalho han estado a la altura de sus malas decisiones. Su ascenso a la superintendencia escolar estuvo manchado por revelaciones de una supuesta relación romántica con una periodista. Su carrera sobrevivió y en el camino ha ganado una gran cantidad de premios, como Superintendente Nacional del Año. Meses después del drama de su posible ida a Nueva York, ayudó a convencer a los electores de Miami-Dade a aprobar, por segunda vez, un referendo para ayudar financieramente al abrumado sistema escolar de Miami-Dade.

Su historial lo ha convertido en uno de los líderes más visibles y conocidos del sur de la Florida, pero Carvalho sigue siendo un enigma. Incluso los que están en su círculo íntimo no tienen idea de cuánto tiempo se quedará en el cargo o qué hará después.

En septiembre se cumplieron 11 años de la llegada de Carvalho a la superintendencia. Con 55 años recién cumplidos, maneja casi 400 escuelas públicas en Miami-Dade, tres veces más tiempo que el promedio en cualquier ciudad grande del país.

Después que los miembros de la Junta Escolar debatieron extenderle el contrato, el superintendente se dirigió al panel, y con grave y el ceño fruncido, dijo que no era nada personal. ¿O acaso lo era?

“Nunca pensé que ustedes entendieran que mi permanencia sería un problema”, dijo.

El Miami Herald revisó las agendas, minutas y programas de la Junta Escolar, y entrevistó al propio Carvalho y a más de 30 personas en su órbita, incluidos miembros actuales y pasados de la junta, colegas, políticos y asistentes, para trazar la trayectoria del funcionario no electo más popular de Miami.

Así empezó todo

Carvalho afirma con frecuencia que se ve a sí mismo en sus estudiantes: un inmigrante que no sabía inglés, estaba solo y no tenía dónde vivir.

A los 17 años, empacó sus pocas pertenencias y dejó a sus padres y cinco hermanos en Lisboa. Era 1982. Cuando las cosas no le salieron bien en la Ciudad de Nueva York, se puso a pensar adónde podría ir. Las imágenes de las cálidas playas del sur de la Florida en su televisor en blanco y negro se le quedaron grabadas.

En Fort Lauderdale vendió trajes, fue handyman y camarero para poder pagarse las clases en el Broward Community College. Fue camarero en el restaurante del ahora fallecido legislador E. Clay Shaw, quien lo ayudó a conseguir una visa de estudiante y el permiso de trabajo. Un préstamo de $2,000 de una monja le permitió graduarse de la Universidad Barry. Aprendió a hablar inglés y español.

Buscó una plaza de maestro. En ese momento, la escuela secundaria Miami Jackson necesitaba un maestro de ciencias.

Carvalho, que entonces tenía 25 años pero no parecía tener más de 18, le dijo a la subdirectora Enid Weisman durante la entrevista de trabajo que quería llegar a superintendente.

“Qué atrevido”, dijo Weisman, ahora alcaldesa de Aventura. “Nunca había estado un día en un aula.... Es la única persona que me ha dicho algo así”.

Brillante y elocuente, Carvalho fue contratado en el momento en 1990. Prometió a los administradores que iba a usar el mejor de sus trajes para destacarse entre los estudiantes. Sus colegas de trabajo le decían “Armani”. Algunas alumnas le enviaban cartas de amor, recordó Weisman. (Carvalho se acuerda de eso, pero dice que sí le enviaban caramelos y chocolates en forma de corazón).

En la Jackson estaba otra futura conexión política de Carvalho. Fedrick Ingram, el ex presidente del sindicato de maestros United Teachers of Dade, quien ahora es presidente del sindicato estatal de maestro, y fue uno de sus alumnos.

“Siempre fue la misma persona”, dijo Ingram. “Siempre de cuello y corbata, muy presentable”.

Carvalho dice que no recuerda haber expresado sus aspiraciones en esa entrevista de trabajo, pero sí recuerda haberse enfurecido al ver libros de texto nuevos guardados bajo llave en un closet. Cuando escuchó a un superintendente hablar en su tercer año como maestro, vio soluciones, y una carrera. Dos años más tarde ya era subdirector de la escuela.

Carvalho se cruzó nuevamente con Weisman en 1996 cuando lo escogieron para ayudar a inaugurar la secundaria técnica William H. Turner, que presentaron como la escuela del futuro. Tras bambalinas, el subdirector Carvalho decidió el camino que tomaría la escuela y dedicó fines de semanas a ayudar a los alumnos. Y empezó a pronunciar discursos, viajando a conferencias en otros estados para abordar asuntos como la reforma escolar y la preparación profesional.

Pero Carvalho nunca llegó a director de su propia escuela, al menos no de la manera normal. Pero tampoco le hizo falta. Pronto le pidieron que viniera el distrito escolar y se encargara de las donaciones federales para escuelas con gran cantidad de estudiantes de familias de bajos ingresos.

Nunca regresó a la escuela, pero más tarde se nombraría a sí mismo director de una escuela especial en el downtown, su propia escuela del futuro, la iPrep Academy.

Así comenzó su ascenso en la sede el distrito escolar. Cada nuevo cargo agregaba destrezas. Cinco años dedicado a las relaciones con el gobierno afilaron sus instintos políticos. Pero fueron los dos años que estuvo de jefe de Comunicaciones los que le enseñaron el poder de los medios y donde afinó el arte de la imagen, que muchos dicen sus mayores fortalezas.

Michael Casserly, director ejecutivo del Council of Great City Schools, conoció a Carvalho en ese entonces.

“Alberto tenía tanta ambición como cualquiera que haya visto en un cargo como ese”, dijo Casserly. “Tenía talento, quería salir adelante”

Los retos del comienzo

Estos son buenos momentos para las escuelas públicas de Miami-Dade.

Pero no siempre fue así.

Cuando Carvalho asumió el cargo en 2008, el distrito tenía nueve escuelas que el estado quería cerrar. La recesión abrumaba un distrito con resultados académicos deficientes y demasiado personal.

El período del entonces superintendente Rudy Crew había llegado a un punto de no retorno y lo despidieron. Crew, ahora presidente del Medgar Evers College en la Ciudad de Nueva York, declinó hacer declaraciones para este artículo.

Cuatro días después de asumir el cargo, Carvalho reunió a sus asesores más cercanos y secretarias. Weisman estaba allí:

“Nos miró y dijo: ‘Ya me he transformado para mi nuevo cargo, pero ninguno de ustedes lo ha hecho’ ”, dijo.

Weisman dice que Carvalho es un camaleón.

“Saca el mejor provecho al arte de negociar”, dijo Weisman. “Visualiza lo que quiere ser, quizás mañana, quizás dentro de dos años. Se coloca a sí mismo en esa situación”.

Y agregó: “Quizás desempeña su papel tan bien que no sabemos dónde termina su personalidad real y dónde comienza la ficción”.

Desde el principio, Carvalho comenzó a prestar atención a los tiroteos que afectaban a sus alumnos. Empezó a presentarse en el Centro Ryder de Traumatismos del Hospital Jackson Memorial, con las cámaras de televisión siempre presentes.

“Mi nombre es Alberto Carvalho”, declaró a un programa de radio en febrero de 2013. “Durante los últimos cuatro años y medio he enterrado o asistido al veloriol de 44 niños fallecidos víctimas de la violencia en nuestra comunidad”.

Carvalho está totalmente concentrado en su trabajo. Ha liderado sesiones de ejercicio en el gimnasio del distrito escolar. Escribe sus ideas, lo que se le ocurra, en pizarras blancas que hay en todo el noveno piso del edificio, o en los fines de semana.

“Mi esposa dice con frecuencia que estoy casado con la comunidad”, dijo Carvalho. “A lo mejor tiene razón”.

En un distrito donde tres de cada cuatro estudiantes cumplen los requisitos para recibir almuerzo subsidiado y 62,000 todavía estudian inglés como segundo idioma, ninguna escuela pública ha obtenido la calificación de F en tres años. En este momento solo queda una escuela con calificación de D . Las escuelas públicas de Miami-Dade, con 345,000 alumnos, conforman un distrito escolar clase A por segundo año consecutivo.

Esos éxitos le han significado a Carvalho numerosos galardones, que adornan las paredes y gabinetes de su oficina, pero a los que el superintendente dice que no les presta mucha atención.

Carvalho gusta de parar a tomar café en La Ventanita del Versailles. La portavoz del restaurante, Nicole Valls, dice que Carvalho visita el lugar periódicamente desde hace años.

“A los clientes les encanta, se toman fotos con él”, escribió Valls en un correo electrónico.

“A Alberto le encantan los reflectores y es un rostro positivo para nuestras escuelas públicas”, dijo Karen Aronowitz, ex presidenta del sindicato United Teachers of Dade. “Lo prefiero a él que a otros cien”.

“No me cae bien, pero pienso que es la persona adecuada para el cargo”, afirmó Shawn Beightol, maestro que lo llevó a los tribunales por reducir el salario a los maestros.

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Alberto Carvalho es superintentendente escolar del cuarto mayor distrito escolar del país desde hace 11 años. Jose A. Iglesias jiglesias@elnuevoherald.com

El Distrito Escolar de Miami-Dade es el mayor empleador del condado, con 40,000 trabajadores, más de la mitad de ellos maestros.

En materia de sueldo, los maestros pudieran ser los que más han perdido en la administración de Carvalho.

Durante la recesión, salieron perdiendo. Algunos no recibieron los aumentos programados, mientras que otros perdieron miles de dólares prometidos durante lo que habría sido un período profesional más rentable. Un grupo de maestros incluso lo demandó.

Un equipo especial de miembros de la Junta Escolar recomendó un aumento en el impuesto a la propiedad para dar a los maestros un suplemento salarial sustancial durante cuatro años/ Los electores aprobaron la medida por un margen abrumador.

Aronowitz, la ex líder sindical, agradeció el aumento, pero dijo que Carvalho no compartió el crédito debidamente.

“Había cosas que el sindicato propuso hace años, que nunca se lograron cuando estábamos negociando”, dijo Aronowitz. “Pero entonces las aprobaron y le dan crédito él”.

Carvalho y el sindicato afirman que los maestros de Miami-Dade ganan más que el promedio nacional, pero hoy dos tercios de esa fuerza laboral ganan menos. En este momento, muchos maestros que están en el período intermedio de sus carreras apenan ganan más que un maestro novato con el suplemento del referendo.

Karla Hernández-Mats, presidenta del sindicato de maestros de Dade, dijo que la organización ha tenido “buenos y malos momentos” en la administración de Carvalho.

“Pero reconocemos que en momentos en que las escuelas públicas no cuentan con los fondos necesarios, [Carvalho] ha trabajado con el sindicato para mejorar las condiciones de nuestro grupo, se ha preocupado por el bienestar de los estudiantes y asegurado que las condiciones del sistema de educación en Miami-Dade mejor sistemáticamente”, escribió en un comunicado por correo electrónico.

El futuro

Carvalho se niega a decir cuándo dejará el cargo.

Su contrato fue prorrogado hasta 2023, lo que significaría 15 años como superintendente.

Su salario base es de alrededor de $353,000. En 2015 le dieron un aumento y le prorrogaron el contrato después que se rumoró que el distrito escolar de Los Ángeles, el segundo mayor sistema escolar del país, planeaba hacerle una oferta.

Algunos opinan que el final llegará en algún momento de 2020.

Carvalho jura que no está interesado en postularse a ningún cargo político, ni siquiera a alcalde de Miami-Dade. Pero tampoco lo rechaza totalmente. Es algo que le preguntan todo el tiempo.

“He dicho repetidas veces que no tengo intención de postularme a un cargo en 2020. En verdad, no ningún cargo disponible con el que sienta la relación que tengo con la superintendencia escolar de Miami-Dade”, afirmó.

Algunos encuestadores dicen que ganaría fácilmente

“Es el funcionario no electo más popular en Miami-Dade”, dijo el asesor de campañas Steve Marin.

“Nadie tiene cifras como las suyas”, dijo el también asesor Keith Donner.

La activista comunitaria Tangela Sears, aliada de Carvalho, no cree que pueda irse a otra parte.

“Alberto está obsesionado con la educación y los niños”, dijo “Pienso que debido a su participación en tantas cosas la gente piensa que quiere postularse a un cargo público. Pero yo no lo veo separado de los niños”.

Cuando se le pregunta a Carvalho qué le queda por hacer, contesta: todavía hay bolsones de niños que no salen adelante en escuelas con buenas calificaciones. La meta para 2021 es un índice de graduación de 90% (esa cifra es ahora 89%, sin contar las escuelas charter). Y repite su promesa de que no aceptará un salario en su último año en el cargo.

Últimamente se ha dedicado a leer sobre la educación secundaria del futuro. Está fascinado con el futuro de su trabajo a corto plazo y cómo preparar a los alumnos.

En ese futuro se pronostica una escuela que empiece sus labores y las termine más tarde, donde no haya un tiempo fijo que pasar en las aulas ni un curso escolar tradicional. Las clases son hospitales, tribunales y estaciones de televisión. Habrá inteligencia artificial, digitalización y automatización trabajando junto a maestros efectivos y comprometidos.

“Pienso que lo que hay seguro sobre el futuro es que va a llegar”, dijo Carvalho. “Es imposible impedirlo, y vendrá con cambios”.

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