Sur de la Florida

Hospital Infantil Holtz de Miami usa terapia musical para sedar a los pequeños pacientes

La terapista musical Stephanie Epstein de pie junto a Elizabeth “Lizzy” Foley, de 2 años, quien sufre del Síndrome de Alagille, acariciandole la cabeza mientras comienza a relajarse y a quedarse dormida, en una imagen del 1 de octubre de 2019 en el Hospital Infantil Holtz de Miami, en el UM Jackson Medical Center.
La terapista musical Stephanie Epstein de pie junto a Elizabeth “Lizzy” Foley, de 2 años, quien sufre del Síndrome de Alagille, acariciandole la cabeza mientras comienza a relajarse y a quedarse dormida, en una imagen del 1 de octubre de 2019 en el Hospital Infantil Holtz de Miami, en el UM Jackson Medical Center. cjuste@miamiherald.com

Era media tarde el primer día de octubre en el Hospital Infantil Holtz de Miami, y en la habitación de Elizabeth Foley había tranquilidad.

Amy Foley, la madre de Elizabeth, se inclinó sobre su hija de 2 años, acostada en una cama tipo cuna.

“Vamos a tocar música” dijo. “Eso te va a poner de buen humor”.

La perspectiva de “buen humor” parecía algo distante para los Foley. Elizabeth sufre de una enfermedad genética llamada Síndrome de Alagille y que afecta el funcionamiento de los conductos biliares en el hígado. La niña acababa de salir de una prueba de estrés para un potencial trasplante de hígado.

Pero Stephanie Epstein, la terapista musical del hospital tiene sus métodos, como empezar con canciones de películas favoritas de los pequeños, como Frozen y Moana. Además, usa instrumentos como el llamado tambor de mar, lleno de cuentas metálicas pequeñas que crean ondas tranquilizadoras.

A los pocos minutos, Elizabeth tenía en una mano una maraca de juguete, mientras usaba la otra mano para tocar las cuerdas de la guitarra de Epstein.

Epstein, quien comenzó el programa de terapia musical hace cinco años en el Holtz —parte del UM Jackson Memorial Medical Center— escogió el instrumento, más pequeño que una guitarra normal porque es más fácil de sostener mientras serpentea entre médicos, enfermeras y los numerosos equipos que rodean las camas de hospital.

Eso es crucial para Epstein porque ella no solo toca música para relajar a los pacientes antes y después de los tratamientos, como hacen muchos terapistas musicales. Hay investigaciones que muestran que la música puede reducir el dolor y la ansiedad en los niños durante procedimientos médicos, de manera que Epstein también toca cuando más cuenta.

Eso a veces significa que los médicos pueden usar dosis más pequeñas de sedantes o incluso no usarlas, lo que puede ser especialmente fuerte en los pacientes más pequeños.

No tener que sedar a un niño, dijo Epstein, también significa ahorrar tiempo y dinero. En esos casos, no es necesario que los menores ayunen durante 12 horas, no hace falta usar un anestesiólogo, no sufren los efectos secundarios de los sedantes, y no hace falta intubarlos para asegurar la apertura de las vías respiratorias.

“Es mejor para los pacientes y el personal”, dijo Epstein. “El ambiente en todo el lugar se relaja”.

La administración del hospital ha aceptado el concepto de buena gana. . Hamilton Clark, el presidente ejecutivo, dijo que el programa de terapia musical es “una parte integral de nuestro equipo”.

“Los niños necesitan servicios médicos especializados en todas las áreas, y sabemos que la terapia musical juega un papel importante en el proceso de sanación de nuestros pacientes”, dijo Clark.

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La terapista musical Stephanie Epstein (izq) de pie junto a Elizabeth “Lizzy” Foley, de 2 años, quien sufre del Síndrome de Alagille, le canta una canción de la película ‘Frozen’, mientras su aprendiz de terapia musical Hannah Cellers, y su mamá, Amy Foley, ayudan en la terapia, en una imágen del 1 de octubre de 2019 en el Hospital Infantil Holtz en Miami. Carl Juste cjuste@miamiherald.com

Para Epstein es más que un empleo, quien considera la terapia musical un privilegio: desarrollar relaciones reales y personales en el proceso. Epstein trabaja con niños que quizás necesiten que los alienten a sentarse en la cama, o a pararse, por primera vez en varias semanas, y usa la música para ayudarlos en medio de la terapia física y la rehabilitación.

“Les ofrezco algo positivo a que asirse, que puedan expresarse, una destreza positiva para enfrentar su situación”, dijo Epstein. “Puedo ser esa persona que los ayuda a sentirse otra vez como niños”.

A mitad de la primera canción que Epstein le cantó a Elizabeth Foley —“Let it Go”, de la película Frozen, de Disney— hizo una pausa, caminó hasta la puerta para asegurar que la enfermera no necesitaba entrar. Cuando regresó junto a Foley y empezó a tocar de nuevo, la niña sonrió por primera vez ese día.

Después que Epstein se marchó, Amy Foley, la mamá de Elizabeth, dijo que estaba impresionada con el personal del hospital, especialmente con Epstein.

“He visto otras terapistas musicales en otros hospitales”, dijo Foley, quien viajó desde Tampa en una ambulancia con su hija para tratarla en el Holtz. “Ella es de un nivel muy superior”.

Y agregó: “Ella me calma a mí también”.

Y ese es el propósito. Uno de los beneficios de la terapia musical, además de reducir la necesidad de sedación, es que calma a todos en el lugar: pacientes, familiares e incluso el personal de hospital.

“Sabemos que la van a tener que operar en el futuro”, dijo la madre de la niña. “Limitar la cantidad de anestesia, eso es muy importante”.

La música es una bendición para Epstein, de 32 años, desde hace muchos años. La joven dice que desde muy niña tomó lecciones de piano, entonces lecciones de canto, y al final aprendió a tocar la flauta. . Epstein dice que siempre supo que quería dedicarse a la música, pero no estaba segura de qué precisamente.

“Estaba muy interesada en la psicología y el asesoramiento, de manera que empecé a investigar la música y encontré la terapia musical, que es el matrimonio perfecto de mis dos pasiones”, dijo Epstein.

Esa combinación resultó nuevamente la fórmula adecuada cuando Epstein conoció a Sophia Treadwell, de 15 años, a quien ingresaron en el Holtz en mayo después de un diagnóstico de leucemia.

Sophia, quien toca piano, violín y guitarra, dice que sus primeros días en el hospital fueron como si estuviera en un sueño. Todo lo que podía pensar era en su salud. Entonces estudiante de la escuela secundaria Coral Reef, conoció a Epstein y las dos empezaron a hablar de música.

“Me hizo sentirme mejor de ánimo”, dijo Sophia. “Apartó de mi mente todas las cosas malas que estaban sucediendo”.

El programa de terapia musical en el Holtz tiene otros beneficios, que no se pueden cuantificar con facilidad.

Cuando el ingreso de Sophia llegaba a su final, ella y Epstein tocaron un concierto frente al área de las enfermeras para celebrar su última sesión de quimioterapia.

Ty Treadwell, el padre de Sophia, dijo que el programa no solamente ayuda a los pacientes, sino también al personal. Contó que vio a médicos, enfermeras y administradores del hospital, entre ellos el presidente ejecutivo Clark, con lágrimas en los ojos durante el concierto de Sophia.

“Pensé que ellos estaban diciendo para sí: ‘Ayudamos a esta niña, miren lo feliz que está ahora que toca para nosotros’ ”, dijo Treadwell. “En ese caso era ella la que les estaba dando tratamiento a ellos”.

Epstein, quien vive en Cooper City, dijo que su trabajo es emocionalmente exigente, a veces inspirador, otras agotador y triste. El hospital cuida a niños muy enfermos, dijo, pero dice que poder ayudar a otros es un proceso de sanación para ella también.

“Si tengo un día malo, a veces me siento en mi oficina sola”, dijo Epstein. “Pero en el momento que le levanto, salgo y me pongo a trabajar con estos pacientes increíbles y sus familiares, automáticamente el día mejora para mí”.

Saber que los pacientes y familiares se abren a Epstein en un momento muy vulnerable dijo, la ayuda a poner las cosas en perspectiva.

“Ellos te abren el corazón”, dijo Epstein. “Ves lo bueno y lo malo. Yo me tomo muy en serio que alguien te permita entrar a su espacio de esa manera”.

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