Sur de la Florida

Héroe colombiano inspira en Miami con su conmovedora historia llena de tenacidad

Instantes en que Jeison Aristizabal cuenta su espectacular historia mientras le hacen la traducción al inglés en su charla en la Parroquia St. Louis, en Pinecrest, el 17 de octubre del 2019.
Instantes en que Jeison Aristizabal cuenta su espectacular historia mientras le hacen la traducción al inglés en su charla en la Parroquia St. Louis, en Pinecrest, el 17 de octubre del 2019. Foto: Luis F. Sánchez.

El médico que lo atendió cuando apenas tenía poco más de un año de edad pronosticó crudamente que no iba a servir para nada, a lo sumo para lustrar zapatos. Muchos años después Jeison Aristizabal no solo demostró que el diagnóstico del especialista estaba equivocado sino que ahora es uno de los impulsores de la Fundación Asodisvalle, que ayuda a más de 720 niños con discapacidades en uno de los sectores más pobres en Cali, Colombia.

El jueves 17 de octubre, Aristizabal, de 36 años de edad, fue invitado por la Parroquia y Comunidad St. Louis de Pinecrest para que contara su historia y, la verdad, fue uno de los actos más emotivos que se han vivido en Miami.

“Invitamos a Jeison [Aristizabal] para poner énfasis en la importancia de la inclusión de las personas con discapacidades en la iglesia”, explicó Paola Ballesteros, una de las dos líderes del Ministerio de Salud y Deportes de la Parroquia St. Louis. “Yo conocía la labor de Jeison en Cali y propuse a la comunidad invitarlo pues su experiencia es inspiradora. La comunidad reunió los fondos y pudimos tenerlo aquí”.

Ese niño que no podía hablar, caminar ni valerse por sí mismo pudo gracias a la tenacidad de su madre María Emilia estudiar en la escuela, graduarse, ir a la universidad y conseguir su título en Comunicación Social y en noviembre se graduará como abogado.

Lo más valioso de su historia, sin embargo, es que gracias a una serie de circunstancias empezó a ayudar a personas con discapacidades, y ahora dirige siete casas de rehabilitación para niños con discapacidades en Cali.

Hace cinco años recibió la medalla de la Cruz del Caballero del Congreso de Colombia y en el 2016 la cadena CNN lo designó como el Héroe del Año por su invalorable labor.

La presentación en la Parroquia St. Louis la hizo Michael Abreu, de 17 años de edad, quien sufre distrofia muscular y se expresa a través de una computadora como lo hacía el científico inglés Stephen Hawking. La escuela St. Louis hizo las adecuaciones para que Michael pudiera seguir las clases con sus demás compañeros, pues se desplaza en silla de ruedas y necesita un acompañante. Abreu terminó el middle school y ahora se encuentra en high school.

La charla de Aristizabal denominada Tres Secretos para ser Feliz fue profundamente conmovedora y desarrollada con inteligencia. Antes de revelar cuáles son esas claves hizo un recorrido de su vida, creó el suspenso y luego de contar una trama digna de una película sobre la tenacidad reveló los simples pasos para conseguir la satisfacción personal.

Aristizaba confesó que nació en uno de los barrios más pobres de Cali.

“Ahí los partos se realizaban en casa, no había hospitales”, contó Aristizabal. “Eran partos artesanales, sin cuidados. Cuando yo nací el parto se complicó y mi madre demoró segundos en dar a luz. En esos segundos no llegó oxígeno a mi cerebro, por eso ahora tengo dificultades para caminar, hablar y movilizarme, pero la parte mental funciona muy bien”

La madre de Jeison sabía que el parto se había complicado, pero recién al año y medio empezó a preocuparse cuando el niño daba evidencias de sus dificultades para levantarse, moverse y realizar todas las actividades que ejecuta de manera natural un niño sin discapacidades.

Visitó todos los médicos, ninguno encontró respuestas hasta que le hicieron a Jeison un examen a fondo. Ahí saltó el diagnóstico tan temido: parálisis cerebral.

“El médico le dijo a mi madre que yo no iba a servir para nada y que la única opción que tenía en el futuro era ganarme la vida lustrando zapatos”, recordó Aristizabal. “Ella empezó a luchar contra el diagnóstico, me llevó a muchos médicos y terapias. Un día, mientras ella estaba conmigo en el consultorio, mi padre era asesinado en una riña callejera que nunca pudo ser esclarecida”.

Para ganarse la vida, María Emilia se iba a la Feria de Cali con sus cuatro hijos y vendía licor para conseguir algún dinerito.

“Fue una época difícil, pero Dios nos mandó un ángel”, dijo Jeison. “Mi madre encontró un nuevo esposo, un hombre excepcional de 26 años que la acogió con sus cuatro hijos y se convirtió no en un padrastro para mí sino en mi padre”.

El nuevo padre se hizo cargo de la casa y María Emilia continuó en la lucha por el milagro para la recuperación de su hijo. Fue donde una sicóloga, quien le recomendó que Jeison debía estudiar ya fuera en una escuela especial o en una para niños normales.

“Yo fui a una escuela para niños normales y de inmediato fui objeto de las burlas”, recordó Jeison. “Los demás niños me seguían y decían que estaba borracho. Yo le dije a mi madre que no volvería más a la escuela, pero al día siguiente ella igual me mandó y con eso me enseñó a que yo debía aprender a enfrentarme a los obstáculos y no esconderme de ellos”.

Con el tiempo, Jeison se convirtió en líder en su escuela, de la banda de música y empezó a tener amigos. Cuando sentía que la vida empezaba a sonreírle su salud se complicó y los médicos indicaron que tenían que hacerle una cirugía cada año para que continuara caminando.

“Luego de las operaciones me pasaba un mes en la cama, dos meses en silla de ruedas y tres meses en terapia intensiva para volver a caminar”, reveló Jeison. “Cuando superaba todas esas etapas venía una nueva cirugía”.

Como tenía las piernas llenas de fierros se cansaba apenas caminaba cinco cuadros, por eso decidió aprender a montar bicicleta para poder desplazarse.

Se graduó en la escuela y acto seguido ingresó a la universidad para estudiar Comunicación Social.

“Un día me dijeron me que fuera a la casa más pobre del barrio para conocer un niño como yo”, contó Jeison. “Sentí curiosidad y fui a verlo. Toda su vida se la había pasado en la cama, pues su familia no tenía para comprarle una silla de ruedas. Una compañera de estudios trabajaba en un periódico y se me ocurrió la idea de pedirle que me permitiera publicar ahí dos líneas: ‘Si tienes una silla de ruedas que no uses, por favor dónala a un niño que la necesita’. A las 5 de la mañana salió publicado el periódico con ese par de renglones y a las 4 de la tarde el niño tenía en su casa una silla de ruedas que cambió su vida”.

De inmediato se corrió la voz en el barrió que Jeison conseguía sillas de ruedas, y logró conseguir una cada semana. Luego se le ocurrió pasear a los niños, conseguió un ómnibus y los llevó al estadio. Finalmente pensó que el desafío era lograr que caminaran.

“Tenía un colchón que me sobraba y conocía a una chica que estudiaba fisioterapia y le pedía a mis padres que me prestaran el garaje de la casa y atendimos a 20 niños”, recordó Jeison. “Ahí empezó todo. Hoy tenemos siete casas que prestan servicios y dan esperanzas a 720 niños”.

Y para concluir, Jeison dio a conocer sus tres secretos para ser feliz.

1) Ser agradecido con lo que tenemos. La vida no es de años, sino de segundos, de instantes y eso hay que apreciarlo.

2) Ayuda con lo que tienes. Con pequeñas cosas cambias el mundo. Y siempre apoya a los que están más cerca de ti.

3) No pierdas la capacidad de soñar. La vida se vuelve rutina y para combatirla hay que tener planes, sobre todo con la familia.

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