Sur de la Florida

Cometas llenan de colores el cielo de Miami Beach durante festival anual

Randy Lowe, alias the Kite Man, vuela parte de su colección de cometas durante el Festival de Cometas en el parque Haulover el domingo.
Randy Lowe, alias the Kite Man, vuela parte de su colección de cometas durante el Festival de Cometas en el parque Haulover el domingo. el Nuevo Herald

Tres populares superhéroes volaron sobre un parque de Miami Beach el domingo por la tarde, asombrando a niños y adultos.

Pero una ventolera venció a dos de ellos – Batman y Robin se soltaron de sus hilos y terminaron tirados en la grama. Al final, Superman fue el único que permaneció en el aire, gracias a la habilidad para volar cometas que tiene Randy “the Kiteman” Lowe, un maestro retirado que ahora se dedica a su pasatiempo favorito.

Por los últimos tres años, Lowe ha volado sus enormes cometas – de hasta 90 pies de largo y 30 pies de ancho, como la de Superman – en el parque Haulover Beach, en Miami Beach, durante el festival de papalotes Kitetober Fest, que ha reunido a docenas de familias anualmente por 23 años.

El evento es coordinado por el Departamento de Parques y Recreaciones de Miami-Dade y la tienda de cometas Skyward Kites. El cielo gris del domingo no detuvo la diversión este año y el evento se llevó a cabo desde el mediodía hasta las 5 p.m. con música en vivo, venta de comida y premios para el cometa con la cola más larga, el mejor cometa hecho en casa, el más original y el que volara más alto.

Los de Lowe casi siempre son los cometas más populares de la celebración, por sus tamaños y elaboración. Lowe, de 64 años de edad y residente de Delray Beach, en el condado Broward, dijo que ordena sus personajes voladores de una tienda en Nueva Zelanda que nunca repite sus creaciones.

“Todas son originales, nunca hacen la misma cosa dos veces”, contó Lowe, quien dijo que invirtió unos $5,000 en la colección de este año.

Lowe le tomó amor a los cometas cuando era maestro de matemáticas en el sistema de escuelas públicas de Boston. Sus alumnos estaban teniendo problemas entendiendo algunos conceptos de geometría y álgebra. Entonces a Lowe se le ocurrió que sería una buena idea ayudarles a visualizar el proceso de resolver los ejercicios matemáticos.

“Me los llevé a un parque y los puse a volar cometas sencillos para calcular la altura, las formas, los ángulos y les encantó”, contó Lowe, quien se retiró hace cuatro años y ahora se dedica a presentar algunos shows de cometas en eventos.

Sus alumnos se entusiasmaron tanto que se adelantaron en las lecciones y empezaron a intentar ecuaciones más difíciles. Un día un estudiante de esos bastante listos propuso que determinaran la medida del tercer ángulo de un triángulo rectángulo imaginario, midiendo los otros dos ángulos que formaban las cuerdas con las que estaban sosteniendo el papalote.

“¡Me dijo que podíamos implementar el Teorema de Pitágoras!”, recordó Lowe, quien enseñaba en escuelas intermedias y secundarias. “Estos chicos saltaban con preguntas que hacían que yo tuviera que volver a ojear los libros. Era algo grandioso en verdad”.

Carlos Somarriba, de 40 años, lleva cinco años volando cometas junto a su hija Isabella, de 8 años, durante el festival. Este año Somarriba llevó un papalote en forma cilíndrica, con los colores del arco iris, que hacia espirales.

“Se llama un spinsock”, explicó Somarriba sobre el cometa, por el que pagó unos $105. “Es uno de mis hobbies desde pequeño. Mi papá y yo las hacíamos con papel y plástico. Mi hija de vez en cuando se aburre pero a mi me encanta”.

Quilla Kale, de 33 años, llevó al festival por primera vez a sus tres pequeños Mylah, de 8 años, Leon, de 3 y Don, de 1. Cuando era una niña, sus padres la dejaban volar papalotes en la playa casi todos los fines de semana, pero Kale opinó que la tradición se ha perdido.

“Quiero que sepan lo que era divertirse de verdad. Estos niños solo quieren estar en la computadora”, dijo Kale, soltando una carcajada. “Estos eventos son buenos para las familias. Es algo diferente que nos permite recordar y compartir con nuestros hijos algo de nuestra niñez”.

“Esto me gusta más que la computadora”, exclamó su hija Nylah mientras lidiaba con el hilo de su cometa con símbolos de paz y amor, que rompió cuando intentó competir con un papalote más grande.

“Oh, oh. Tienen que adquirir experiencia”, bromeó Kale. “Volveremos el año que viene, te lo aseguro”.

Siga a Brenda Medina en Twitter: @BrendaMedinar.

  Comentarios