Sur de la Florida

Familia de Sarraff, el superespía de EEUU en Cuba, desconoce su paradero

Rolando Sarraff
Rolando Sarraff Archivo

La familia de un cubano, que se cree sea el superespía de Washington en La Habana, dice que éste ha desaparecido de la prisión sin dejar huellas, y que –si realmente fue llevado a Estados Unidos como parte del histórico acuerdo de reacercamiento entre Washington y La Habana– ellos quisieran que alguien los llamara por teléfono para hacérselos saber.

“Estamos desesperados porque no hay información oficial”, dijo Odessa Trujillo por teléfono desde La Habana el jueves por la tarde por teléfono desde La Habana. “No sabemos si llegó a Estados Unidos. La incertidumbre nos afecta, somos gente mayor”.

Se cree que Rolando Sarraff Trujillo, su hijo de 51 años, sea el espía que el Director de Inteligencia Nacional James Clapper mencionó como “el más valioso activo de inteligencia en suelo cubano en la historia de Estados Unidos” que fuera liberado en un intercambio de espías que constituyó el meollo del histórico anuncio del miércoles de que Washington y La Habana reanudarían las relaciones diplomáticas que rompieron hace cinco décadas.

La administración de Obama no ha identificado aún al espía por su nombre. Pero ex oficiales de inteligencia estadounidenses dicen que la descripción del hombre se corresponde solo con Sarraff, que fue arrestado en La Habana en 1995 y que desde entonces había estado sirviendo una sentencia de 25 años por espionaje.

“Tú sabes cómo son los de inteligencia, no pueden mantener un secreto”, bromeó el ex cazador de espías de la Agencia de Inteligencia de Defensa Chris Simmons. “Todos están hablando. Estoy 100 por ciento seguro de que es Sarraff”.

Los ex funcionarios de inteligencia dicen que Sarraff pasó secretos de criptografía cubana a la CIA que permitió a Estados Unidos leer el tráfico de mensajes de radio entre los agentes cubanos en Estados Unidos y sus jefes en La Habana.

Los miembros de su familia no saben nada al respecto – “mi hermano siempre me ha dicho que es inocente” dijo su hermana Vilma, quien vive en España – pero les preocupa mucho su paradero en un país donde la desaparición de un preso rara vez significa algo positivo.

La última vez que la familia escuchó a Sarraff por teléfono fue una llamada a sus padres el lunes desde Villa Marista, la base de la Seguridad del Estado Cubano en La Habana donde ha estado detenido este último año. No dijo nada acerca de su inminente liberación. Cuando sus padres se presentaron en Villa Marista para su visita semanal el miércoles, él no estaba.

“La única respuesta oficial que obtuvimos en Villa Marista es que se lo llevaron en la madrugada del miércoles pero no sabían adonde” dijo el padre de Sarraff Trujillo cuyo nombre también es Rolando Sarraff. “Dijeron que debíamos esperar una llamada telefónica”.

Cuando la llamada no ocurrió, su hermana Vilma empezó a exigir saber del paradero de su hermano en un blog que mantiene en el cual pide su liberación.

"Seguimos denunciando manipulación, engaño, falsedades, misterios", escribió en el blog. "Estamos alarmados de tanto ocultismo, secretismo y tanta falta de humanidad injustificada".

Sarraff estudió periodismo en la Universidad de La Habana antes de unirse al Ministerio del Interior de Cuba en el Directorio de Inteligencia, dijo su familia. Tenía 29 años de edad y era teniente cuando “un día, salió a trabajar y nunca regresó”, dijo su hermana.

Ex funcionarios de inteligencia estadounidenses dicen que cuando fue arrestado, Sarraff había estado trabajando durante un año o más con otros dos hombres para suministrarle a la CIA los secretos criptográficos de Cuba.

Cuando los tres espías empezaron a temer que el gobierno cubano los había detectado, le enviaron a la CIA una señal previamente acordada para sacarlos de la isla. Pero algo falló y Sarraff fue dejado atrás. Un video de uno de sus asociados utilizando el “punto secreto” (o "dead drop" en inglés), el lugar donde ellos pasaban los mensajes a sus contactos de la CIA – todavía es utilizado por el gobierno cubano para entrenar a su personal de inteligencia.

Uno de los dos hombres que trabajaban con Sarraff nunca ha sido identificado públicamente. El otro, José Cohen, vive en el sur de la Florida donde es uno de los más importantes vendedores de Amway. Cohen no quiso discutir el grupo de espionaje con el Miami Herald el jueves.

“No puedo decir nada sobre eso en este momento”, dijo Cohen. “No sé cuál es la situación en Cuba. Yo sé que Rolando tiene familia allá. Hasta que no tenga información de que llegó a los Estados Unidos, no puedo decir nada que pueda poner en riesgo la seguridad de su familia en Cuba”.

En su anuncio del jueves, de que los Estados Unidos recuperaría a su espía principal en Cuba, el Director de Inteligencia Nacional Clapper dijo que el hombre “había entregado información que había llevado a la identificación y condena” de ocho espías cubanos en los Estados Unidos arrestados entre 1998 y 2009.

Aunque eso parece contradecir la idea de que el hombre puesto en libertado sea Sarraff, quien estuvo en una prisión cubana por años antes de que ninguno de esos arrestos tuviera lugar, ex funcionarios de inteligencia dijeron que la palabra clave en la descripción de Clapper fue “información”.

“No están diciendo que [Sarraff] les dio los nombres de los espías” dijo Simmons. “Están diciendo que los secretos para romper los códigos que la CIA obtuvo gracias a él les permitieron a los investigadores estadounidenses encontrar a los espías”.

La enorme cantidad de información criptográfica que Sarraff le pasó a la CIA, dijo Simmons, ayudó a los descifradores de códigos a descifrar las transmisiones de alta frecuencia (el mismo tipo de frecuencia usado por los radioaficionados) entre los agentes cubanos en los Estados Unidos y sus jefes en la Habana.

Eso les permitió a los investigadores estadounidenses no sólo leer los mensajes nuevos sino también los viejos grabados por la Agencia de Seguridad Nacional por sospechar que eran transmisiones de espías. Aun así, sin embargo, podría tomar algún tiempo identificar a los agentes que los escribieron.

“Atrapar espías es como armar un rompecabezas”, dijo Simmons. “Comienzas con el vestigio de dónde viene la señal. Así que quizá sabes que el agente opera desde Florida en la costa del Atlántico. Esa es una pieza”.

“Después, quizá logras decodificar una sola oración de un mensaje pero eso te dice que el agente estuvo en Toronto en febrero. Esa es una segunda pieza. Obtienes tres o cuatro piezas del rompecabezas, o quizá 10, y entonces ¡Pun!

“Pero toma tiempo. Tomó tres años tener un éxito en la investigación de Montes [Ana Belén Montes, una analista de alto rango en la Agencia de Inteligencia de Defensa que confesó en 2002 haber espiado para Cuba, uno de los casos por los que se le da crédito a Sarraff de haber ayudado a descifrar]".

“Un día logramos descifrar una pieza más del rompecabezas y de repente todo empezó a tener sentido”.

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