Sur de la Florida

Joven se gradúa de la UM mientras su madre batalla contra el cáncer

Iris Barrios, junto a su madre María Reyes, luego de la ceremonia de graduación de la escuela de comunicaciones en la Universidad de Miami, el pasado jueves.
Iris Barrios, junto a su madre María Reyes, luego de la ceremonia de graduación de la escuela de comunicaciones en la Universidad de Miami, el pasado jueves. el Nuevo Herald

Para la mayoría de los estudiantes el día de la graduación es el primer paso hacia el mundo real. Para Iris Barrios, de 34 años y origen nicaragüense, graduada con un BA en Relaciones Públicas y licenciada en Dirección de Empresas (Business Management), su particular lucha por un futuro mejor empezó 10 años antes. Su último examen fue sobre cómo controlar el estrés. “Era perfecto para mí”, comenta relajada tras todo el esfuerzo.

Iris Barrios, empleada a tiempo completo desde hace 11 años en UM, en la Facultad de Comunicación, es, además, la cuidadora de su madre María Reyes, una incansable luchadora inmigrante que batalla día a día contra diferentes tipos de cáncer desde hace más de 10 años. Tras el cáncer de colon vinieron varios tumores cerebrales y, recientemente, el cáncer de pulmón.

“Uno sabe qué hay que hacer cuándo tiene enfrente a la muerte”, reflexiona Iris Barrios, quien le ha dedicado el diploma a su madre María Reyes en el acto de graduación celebrado esta semana en la Universidad de Miami.

Sus compañeros de trabajo y estudios consideran a Iris una luchadora nata, una persona que destaca entre las demás por su fortaleza mental y espiritual. “Lo de mi mamá me ha enseñado que en la vida todo tiene solución. Lo único que no tiene solución es cuando tienes que escoger entre la vida y la muerte. Y el único que puede hacer algo en ese momento es Dios”, recalca Barrios.

Con una inusual ternura y un carácter fuerte marcado por la huella que la enfermedad de su madre está dejando en ella, Iris empieza a darse cuenta mientras habla del camino recorrido hasta ahora en el mundo real. Desde el 2010, su vida ha transcurrido siempre con prisas y sin pausas.

“El día empieza arreglando a mi madre para llevarla a quimioterapia. Una hora antes, le pongo la cremita por donde le aplican la quimio. Empacamos unas cuantas cositas de picar para comer. Vamos juntas al Sylvester hasta que empieza el proceso de la quimio. Hablo con los especialistas. La dejo conectada 7 horas y me voy a trabajar o a clase, dependiendo del día. Cuando me llaman, salgo corriendo a recogerla, esté en clase o trabajando. A veces ni como para aprovechar la hora del lunch. La llevo a casa. No siempre, pero alguna vez aún he tenido que regresar al trabajo”, narra cómo es un día normal en su vida durante la última década.

Iris intuye que cada paso que da junto a su madre es una lección de vida, que junto a ella se abre un camino más grande de lo que jamás hubiera imaginado. María Reyes es un ejemplo para Iris y Karina, sus hijas.

“Es mi mamá, amiga y hermana mayor. Vivo sola con ella. Tres veces intentó una vida mejor en EEUU. Primero fue a Nueva York con mi padre. Regresaron a Nicaragua. Luego, a Los Angeles. Allí quedó embarazada de mi hermana pequeña. Como era indocumentada le dio miedo dar a luz y otra vez de regreso. Finalmente, se fue sola a Miami, tuvo dos trabajos y reunió el dinero para que mi padre, hermana y yo viajáramos a Miami. Nunca se ha rendido. Y parte del proceso con los cánceres lo ha pasado sin seguro médico, por eso ha sido todo tan difícil para todos”, explica Iris. “Le dedico mi diploma por agradecimiento y por ser mi gran inspiración. A ella y a Dios”, insiste orgullosa Iris.

Iris llora en silencio. Se traga las lágrimas para que su madre no la vea llorar. No puede contener el llanto mientras habla de ella. “Me ha enseñado a ser fuerte y a no dejar que la gente me diga que no es posible conseguir mi sueño porque he tenido que escuchar a gente blanca, racistas, decirme que yo no tenía futuro, que no era posible que yo terminara la escuela. Me enseñó que nadie más que yo decide sobre mi futuro”.

UM era un sueño inalcanzable para Iris. “Perdí muchas becas por no ser ciudadana. Mis padres fueron víctimas de engaños por parte de su abogado. Se quedó el dinero y nunca hizo nada. Alcancé mi sueño, pero mantener la calma y concentrarme en los estudios tras una llamada del hospital o del especialista de turno ha sido lo más difícil”.

Hace tiempo que empapeló la pared su cuarto y la de su madre con un mensaje bíblico: “Porque yo sé los pensamientos que tengo hacia ti. Los planes de darte un futuro. Son pensamientos buenos, no de hacerte daño y son planes de darte esperanza, de futuro y el final que tu esperas. Esa ha sido mi fuerza todos los días”, expresa agradecida.

El único consejo que Iris Barrios da ante diagnósticos tan extremos es “primero buscar a Dios, él siempre contesta y segundo ‘where there is a will, there is a way’ (Querer es poder). Si en verdad anhelas algo, si es su sueño y lo quiere lograr, no deje que nadie le diga que no lo puede hacer”.

Acaba de cumplir su gran sueño, pero quiere seguir soñando en alcanzar nuevas metas. Valentía y confianza no le falta gracias a que “intento rodearme de la gente adecuada, que me animan y respetan. Ahora voy a por mi maestría y estoy muy contenta porque mi hermana ha decido retornar a la escuela. Me alegra mucho que ella también va a luchar”.

Iris Barrios es una prueba de que el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

Twitter: @IsabelOlmos

Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios