Sur de la Florida

Cartas de Navidad para niños inmigrantes detenidos

En su carta, Leah animó a los menores a mantener la fortaleza y a “recordar que Dios los ama”, con esta última frase en letras mayúsculas.
En su carta, Leah animó a los menores a mantener la fortaleza y a “recordar que Dios los ama”, con esta última frase en letras mayúsculas. / pportal@elnuevoherald.com

Cuando Bertha Sanles, una inmigrante nicaragüense que vive en Miami, le pidió a su hija Leah Cayasso que escribiera cartas de Navidad para niños que están retenidos en centros de detención para inmigrantes indocumentados, a la niña de 10 años se le ocurrió una idea más ambiciosa.

“Me dijo: mamá, mejor le voy a pedir a todos mis compañeros de la escuela que escriban cartas también”, dijo Sanles, quien no tiene papeles y llegó a Estados Unidos hace 16 años.

Hace una semana Leah llegó de la escuela con más de 50 cartas que fueron enviadas a centros de detención familiares en los que están recluidos cientos de niños que han cruzado la frontera entre México y Estados Unidos solos o con sus padres. La iniciativa, llamada ‘Un deseo para las fiestas’, es parte de la campaña We Belong Together, de la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar, la National Asian Pacific American Women’s Forum y otras organizaciones que abogan por una reforma migratoria comprehensiva.

El martes, durante una conferencia de prensa en Miami, Leah habló sobre su motivación para recolectar las tarjetas navideñas.

“Muchos de los niños [en centros de detención] están sin sus padres... Por eso le expliqué a mis compañeros las razones por las que debíamos escribir esas cartas”, dijo Leah, quien cursa el quinto grado en la escuela Citrus Grove Elementary, en Miami. “Quiero apoyarlos porque mi amiga Melanie fue una de esos niños pero ahora tiene la oportunidad de ser libre”.

En su carta, Leah animó a los menores a mantener la fortaleza y a “recordar que Dios los ama”, con esta última frase en letras mayúsculas.

El programa de las cartas inició hace cinco años a nivel nacional, y desde entonces se han enviado cientos de misivas a congresistas y a la Casa Blanca.

“Pero vemos que no ha pasado nada a nivel político. El Congreso no ha hecho nada con respecto a la inmigración y las medidas que hasta ahora ha tomado el presidente [Barack Obama] tampoco han avanzado”, dijo Andrea Cristina Mercado, directora de campañas de la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar. “Entonces esta vez le pedimos a los niños escribir cartas a otros niños que van a pasar las fiestas en un centro de detención”.

Agregó: “Para muchos la Navidad está relacionada con envolver regalos, hornear galletas, estar en familia. Pero para las familias inmigrantes que enfrentan la detención y deportación la realidad es otra. Las fechas son motivo de dolor por la separación de los seres queridos”, dijo Mercado. “Es una realidad que muchos desconocen o se niegan a ver”.

La detención de menores de edad que cruzan la frontera no es algo nuevo. Pero desde el 2014, cuando más de 51,000 niños oriundos de Guatemala, Honduras y El Salvador ingresaron ilegalmente sin sus padres a EEUU, la administración de Obama respondió a la crisis reteniendo cientos de familias en dos centros de detención en Texas y otro en Pensilvania.

Varios grupos a favor de los derechos civiles han argumentado que las detenciones representan una violación e interfieren con el debido proceso judicial que se le debe seguir a cada individuo. Este verano, una jueza federal en California emitió un fallo en el que declaró que la detención de menores y de sus padres violentaba un acuerdo judicial de 1997 que establece estándares mínimos para la reclusión de menores, aunque la privación de libertad sea temporal.

La jueza Dolly M. Gee dio plazo hasta agosto 25 a las autoridades de Inmigración y Seguridad Interna para liberar a las familias. Gee también dijo en su fallo que tras ser interceptados en la frontera los menores estaban siendo recluidos en “condiciones deplorables” en los puestos de la Patrulla Fronteriza, sin proveerles las condiciones de seguridad y sanitarias requeridas. Por su parte el gobierno solo dijo que estudiaría la decisión de la jueza y consideraría las opciones disponibles.

Los hondureños Oscar, de 10 años de edad y Presley, de 17 años, estuvieron entre los menores detenidos al cruzar la frontera recientemente. El martes ambos dieron sus testimonios en la conferencia de prensa organizada en la sede de American Friends Service Committee.

“Cruzamos el río y caminamos mucho en el desierto hasta que la migra nos paró y nos llevaron al centro de detención”, contó Oscar, leyendo oraciones cortas de una papel arrugado que se sacó del bolsillo. “Estaba muy frío y nos daban galletas y jugos de comida. Tenía mucha hambre, no me gustaba estar ahí. Habían muchos niños durmiendo en el suelo, tapados con un papel de aluminio”.

Presley, quien cruzó la frontera a los 14 años, dijo que también tuvo que arroparse con papel aluminio para mitigar el frío del lugar en el que fue detenido. Al igual que muchos jóvenes que han llegado a Miami-Dade tras cruzar la frontera, Presley dijo que dejó su país huyendo de la violencia, luego de que una hermana fuera violada.

Essar, de 14 años, dijo que estuvo detenido en un centro de Texas a los 8 años de edad, tras llegar a Estados Unidos desde El Salvador.

“Esa fue mi primera muestra del sueño americano”, dijo Essar en inglés. “Por eso les quiero decir que mantengan su cabeza en alto... ustedes son bienvenidos en Estados Unidos”.

Lograr que los menores compartieran sus testimonios fue un trabajo arduo, de acuerdo con Lis-Marie Alvarado de American Friends Service Committee. Al final de las presentaciones los chicos se devolvían a sus asientos llorando y tapaban sus caras con sus dos manos.

“Es una experiencia de mucho trauma que todavía no superan del todo. Y algunos la pasan muy mal”, dijo Alvarado. “Pero han asumido un rol de liderazgo porque nadie mejor que ellos entiende sus historias, y por eso son sus propios voceros”.

El número de menores que cruzan la frontera se redujo drásticamente en el 2015, cuando menos de 29,000 menores de los tres países ingresaron a EEUU. En lo que va del año fiscal 2016, que comenzó el 1 de octubre del 2015, la cifra es un poco menos de 4,000, según las autoridades.

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