Sur de la Florida

Tres parejas de Miami cuentan cómo mantienen vivo el romance

Daniela Torrealba y Brad Horenstein se conocieron en un almuerzo de trabajo, y no comenzaron la relación hasta un año más tarde.
Daniela Torrealba y Brad Horenstein se conocieron en un almuerzo de trabajo, y no comenzaron la relación hasta un año más tarde. pfarrell@miamiherald.com

Lo sentimos mucho, Cupido. Y también van nuestras disculpas más sentidas para los fabricantes de chocolate y los poetas románticos de Hallmark en todas partes.

Pero la verdad es que hace falta más que el amor para mantener la solidez de una relación.

Ahora que Estados Unidos celebra otro Día de San Valentín lleno de sentimiento y cursilería, decidimos preguntar a lectores, parejas y expertos qué es lo que hace que una unión sea feliz y duradera.

“Si ellos tienen el deseo de resolver sus problemas de verdad”, afirma Robin Stilwell, veterana terapeuta licenciada de matrimonios y familias, “la mayoría de las parejas pueden mantenerse juntos. Lo esencial es saber tolerar y aceptar sus diferencias mutuamente. No se trata de tener o no la razón, porque el nivel en que cada pareja se siente cómoda es distinto”.

La mayoría de las parejas, sin que importe su edad o procedencia social, pelean por las mismas tres razones: finanzas, comunicación y la familia política. Las que tienen éxito se las arreglan para resolver esos problemas, pero la manera en que lo hacen tiende a variar de una pareja a otra.

Como quiera que sea, las buenas relaciones tienen algo en común. “Una idea saludable de sí mismos ayuda a resolver las diferencias y a no sentirse demasiado heridos”, afirma Stilwell. En otras palabras: hacen falta dos personas con una autoestima saludable para formar una pareja sólida.

Tres parejas –dos casadas por mucho tiempo, y una que apenas empieza– cuentan cómo se las arreglan para mantener vivo el amor y las relaciones.

Romance en el trabajo

No fue un amor a primera vista, no. Brad Horenstein y Daniela Torrealba se conocieron cuando sus respectivos jefes los invitaron a almorzar mientras trabajaban de pasantes en la Oficina del Defensor Público de Miami-Dade. La reacción de ambos fue… bueno, indiferente.

“A mí no me cayó nada bien”, recuerda Horenstein, de 35 años. “Ella era muy seria. No hablé con ella hasta después de un año”.

Torrealba, de 29 años, afirma: “Yo ni siquiera me acordaba de haberlo conocido en ese almuerzo hasta que él me lo recordó. Estaba en mi último semestre de la escuela de leyes, y andaba como con las orejeras puestas”.

Pocos meses más tarde, las cosas entre los defensores públicos adjuntos eran otro cantar…. Literalmente. En un viaje juntos a Orlando para un seminario legal, se dieron cuenta de que a los dos les encantaba la misma música. Ellos cantaron junto con Nightcall, de Kavin, Idioteque, de Radiohead y Vanished, de Crystal Castles. Y hablaron. Y hablaron. Y hablaron.

Horenstein quedó prendado, pero como quiera le tomó cuatro meses invitarla a salir. Su primera cita, en febrero del 2013, fue en Scarpetta, un lujoso restaurante italiano en el hotel Fontainebleau de Miami Beach. Terminaron la noche en The Corner, un bar de moda en el downtown de Miami. Pronto se hicieron inseparables.

“Sabía que él era un tipo maravilloso que se interesaba sinceramente por sus clientes y su trabajo, pero nunca había salido antes con un amigo”, dice Torrealba. “Cuando él me invitó a salir, eso me abrió los ojos”.

Dos años y cuatro meses más tarde, Horenstein le propuso matrimonio. Se casarán en febrero del 2017.

Entretanto, llevan 16 meses viviendo juntos en un apartamento del área de Brickell. Además, pasan juntos la mayoría de las horas de trabajo. Consideran que esa cercanía ha ayudado a pulir su nuevo amor.

El dice: “Ella es increíblemente inteligente, rápida de mente y positiva. Uno la pasa muy bien”.

Ella dice: “El tiene lo que la gente llama una buena fibra moral”.

Horenstein y Torrealba son de procedencia muy diferente –la chilenoamericana se está convirtiendo al judaísmo– y es posible que su amor no haya sido probado por las dificultades del tiempo y la tragedia. Pero ambos afirman que están aprendiendo qué es lo que mantiene fuerte una relación.

Ellos no se enredan en peleas estúpidas sobre asuntos sin importancia.

Se aseguran de hacer cosas divertidas juntos. Les encanta ir al cine, sobre todo a las tandas de medianoche, y van a hacer una fiesta la noche de los premios Oscar.

Horenstein cree además que una gota de romance llega muy lejos. “Yo le compro flores”, dice. “Eso la hace feliz”.

Olviden lo malo, concéntrense en lo bueno

Stan y Marcia Kolber se conocieron en marzo. Unos tres meses más tarde, se casaron, el resultado de un amor a distancia que prueba que el amor y la devoción puede superar todos los obstáculos, y lo hacen de hecho. Tan es así que la pareja de Coral Gables lleva 66 años de matrimonio.

Sesenta y seis años. Juntos han pasado guerras, enfermedades y calamidades, pero los dos se mantienen inseparables, y demuestran una alegría de vivir envidiable. Salen a caminar juntos todas las mañanas, van a ver obras de teatro y a visitar museos de arte, y se encuentran con sus viejos amigos una vez por semana en un restaurante de bagels de la localidad. Tienen tres hijos, ocho nietos y dos bisnietos.

¿Quién lo hubiera creído?

“Creo que la cosa funciona cuando no tienes buena memoria”, bromea Marcia, de 87 años. “Se te olvida lo que hizo el otro”.

Stan, de 92 años, afirma: “Se puede pelear, pero hay que aprender a dejarlo atrás”.

Los Kolber viven en The Palace en Coral Gables. Se mudaron allí hace unos tres años, tras haber vivido en la misma casa por 52 años.

“Siempre me he sentido cómoda con él”, dice Marcia. “He salido con otros, pero no era lo mismo”.

Es fácil de entender las razones de su atracción por él. Stan es gracioso, encantador y siempre está con ella.

Marcia conoció a Stan en 1949 cuando acompañó a su madre y a una amiga de su madre a pasar unas vacaciones en Miami. Stan, veterano de la Segunda Guerra Mundial que había puesto una compañía de persianas venecianas con su hermano, era primo de la amiga de su madre. Como él se había criado aquí, le pidieron que ayudara a la muchacha de 21 años de Chicago a pasarla bien. Durante dos semanas, pasaron mucho tiempo juntos.

Cuando ella se fue, acumularon unas facturas enormes de llamadas de larga distancia. El le propuso matrimonio por teléfono. Se casaron en junio en Chicago. “Ella era bonita y nos llevábamos bien”, dice él.

Poco después de casarse, Stan fue enviado a Corea, donde resultó herido y pasó meses recuperándose en un hospital.

Marcia regresó a Chicago con su primer hijo, de pocos meses de nacido. Fue una época difícil, pero al regreso de Stan retomaron la relación exactamente donde la habían dejado.

En Miami, renovaron la amistad con otros matrimonios que acabarían convirtiéndose en amigos de toda la vida. Las mujeres reunían dinero todas las semanas para financiar un viaje anual juntas, incluyendo excursiones a la India, Japón e Italia. Los esposos, que habían estudiado en Miami High, las animaban a hacerlo. (Las parejas también se iban de vacaciones juntos.)

“Las amistades”, dice Marcia, “son importantes para un matrimonio. Es bueno tener amigos, tanto como pareja como individualmente. Eso te da oportunidad de esperar con alegría esas ocasiones de reunión”.

Stan admite que, después de tantos años, siguen encontrando razones para discutir. Marcia es súper ordenada, él no lo es. El es puntual, ella no lo es. El es un fan de los deportes, ella prefiere el arte.

“Creo que debes tratar a los demás como quieres que te traten a ti”, dice. “Uno aprende a contemporizar”.

Hambre a primera vista

En 1957, para consternación de sus madres, Carroll Davis dejó su trabajo como abogado en Miami Beach, puso todas sus pertenencias en una camioneta Ford y se fue manejando hasta México. Se instaló en Guadalajara, donde se dedicó a su sueño: pintar. Cuando no daba pinceladas a los lienzos, comía en un restaurante francés.

Allí fue donde conoció a Jacqueline, la propietaria del lugar, nacida en Alsacia, quien había viajado al sur tras vivir en Nueva York, donde también fue propietaria de un restaurante francés.

“Ella tenía el mejor restaurante en toda Guadalajara”, dice Carroll. “Así que se puede decir que fue hambre a primera vista”.

Bueno, no exactamente. Carroll había estado cenando en el restaurante durante algún tiempo antes de que Jackie se detuviera un día junto a su mesa. “¿Cómo está su bistec?”, le preguntó ella.

El la invitó a sentarse. Y así descubrieron que tenían muchas cosas en común –ella era pintora aficionada– pero no fue hasta varias semanas más tarde que él la invitó a cenar a su casa. Le preparó huevos a la benedictina.

“Me quedé impresionada”, recuerda ella. “Eso lleva esfuerzo y destreza”.

Se casaron en el restaurante de ella nueve meses más tarde, y se mudaron a Francia por seis meses. Cuando se quedaron sin dinero, regresaron a Guadalajara, donde nació su hijo mayor, y vinieron a Miami en 1960. En el curso de sus 57 años de matrimonio, tuvieron otros dos hijos y se construyeron una casa en Palmetto Bay, antes de retirarse a la Comunidad para Personas Mayores East Ridge.

Los Davis atribuyen su largo matrimonio a varios factores.

Comparten algunos pasatiempos, como la buena comida y el buen vino. “Nos encanta conversar, hablar de filosofía y de las noticias de actualidad”, dice él.

Ella agrega: “De ser posible, cásate con alguien que tenga sus mismos intereses, sus mismas creencias. Si son demasiados diferentes, se hace muy difícil”.

La honestidad también es importante. “Creo que eso es esencial, aun cuando sea incómodo o si le lastima el orgullo”, dice Carroll.

Pero Jacqueline afirma que la honestidad tiene que ser moderada con la compasión. “Las palabras pueden ser muy peligrosas”, dice. “No digas nada de lo que te puedas arrepentir después”.

Este artículo incluye comentarios de la Red de Opinión Pública (Public Insight Network), una comunidad de Internet de personas que han acordado compartir sus opiniones con el Miami Herald y WLRN.        

Cómo fortalecer la relación

Una buena relación lleva trabajo. “No se puede poner una relación en piloto automático”, dijo el terapista Robin Stilwell. “Hay que dedicarle tiempo y esfuerzo”. Estas son algunas sugerencias: salir por la noche, llevarle flores todas las semanas, ir a lugares románticos, llevarle el desayuno a la cama.

Cuide de usted mismo. “Sentirse sexy y bien físicamente ayuda en la intimidad de una relación”, escribió la lectora Kalyn James.

Compórtese. “Pida las cosas por favor, diga ‘lo siento, tienes razón, estoy orgulloso de ti, te perdono, ¿qué puedo hacer por ti?”, escribió Courtenay Carr Russo sobre su matrimonio de 16 años.

Acepte a su pareja. “No espere que cambie cualquier cosa que a usted no le guste”, escribió Fred Srebnick, quien tiene 58 años de casado. “Hay que estar dispuesto a aprovechar el 98 por ciento de lo que le guste y aceptar ese 2 por ciento no tan bueno”.

Se puede controlar el carácter. “Si las cosas no funcionan pregúntese qué puede hacer para mejorar la situación”, dijo Stilwell.

Hable y escuche. “La clave de cualquier buena relación es la comunicación”, escribió Amy Nelson, de Miami.

Cuidado con lo que dice. Las palabras pueden herir tanto como los palos y las piedras.

Juegue, bromee, ríase. “Él es el tipo más cómico que conozco”, dijo Daniela Torrealba de su prometido, Brad Horenstein.

Celebre su relación. “El amor consiste en hacer la vida de alguien más importante que la de uno”, escribió Santi Gabino.

Acepte que el matrimonio, o la unión, siempre se divide a partes iguales. “Las cosas no son siempre a la mitad”, escribió el lector José Gómez, quien lleva 46 años de casado. “Algunas veces las cosas son 75/25”.

Reconozca que ninguna relación es perfecta. “La gente no se da cuenta que toda relación tiene sus altibajos”, escribió Julie Simon, que tiene 34 años de matrimonio. “Hay veces que adoro a mi esposo... pero otras... siento una distancia que nos separa”.

Ah, se nos olvidaba mencionar que decir “Te quiero” hace maravillas por reducir la tensión.

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