Sur de la Florida

A pesar de los cambios, el embargo comercial a Cuba se mantiene fuerte

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Un hombre camina frente a una valla alusiva al nuevo aniversario de la Revolución cubana, en La Habana (Cuba). Foto de archivo.
Un hombre camina frente a una valla alusiva al nuevo aniversario de la Revolución cubana, en La Habana (Cuba). Foto de archivo. EFE

A pesar de la relajación de algunas restricciones a los viajes y al comercio con Cuba por parte de la administración de Obama, no espere que aparezcan pronto los Starbucks por todas las esquinas de La Habana, ni que Marriott empiece a construir un hotel frente a la playa.

El embargo comercial de EEUU impuesto en la década de 1960, y las subsiguientes restricciones al comercio con Cuba, continúan en vigor y sólo pueden ser eliminados por el Congreso. Por el momento, las compañías de Canadá, Brasil, España, México y otros países pueden respirar tranquilas. Ellas no enfrentarán competidores estadounidenses fuertemente financiados, ni en el comercio ni en las inversiones en la isla.

La mayor parte del comercio con Cuba y de las inversiones en la misma siguen estando prohibidas. Eso se debe a que las aperturas anunciadas el viernes limitan las actividades comerciales a cubanos individuales sin lazos con el gobierno ni con compañías privadas. Y Cuba continúa siendo una economía casi completamente controlada por el estado.

La relajación de esas reglas “es un gran adelanto”, dijo Paul Johnson, presidente de Chicago Foods International y vicepresidente de la Coalición Agrícola de EEUU por Cuba, la cual tiene la esperanza de eliminar el embargo. “Pero solamente un acto del Congreso podrá hacer nada que tenga un verdadero impacto. Hay mucho que todavía no se puede hacer”.

Por ejemplo, aunque a Caterpillar o sus suministradores les podría ser más fácil enviar tractores o piezas de repuesto a Cuba, los productores de carne de res y de ave no podrán todavía dar suministro a las cadenas de hoteles y centros turísticos propiedad de Cuba repletos de vacacionistas europeos adinerados.

“Para que los productos agrícolas estadounidenses puedan competir con los de Brasil o Argentina, el Congreso tendrá que actuar, no hay duda alguna”, dijo Johnson, mencionando tres leyes que limitan la apertura de esta semana: la Ley de Democracia en Cuba de 1992, la Ley Helms Burton de 1996 y la Ley de Reforma de Sanciones de Comercio y Aumento de Exportaciones del 2000.

Eso no quiere decir que el anuncio del 17 de diciembre del presidente Barack Obama y la relajación subsiguiente de las restricciones de viajes y comercio carece de importancia.

“Las regulaciones expandirán drásticamente la capacidad de los estadounidenses para visitar Cuba y permitirán que negocios estadounidenses comiencen a explorar el mercado cubano”, dijo Jack Colvin, vicepresidente de comercio global del Consejo Nacional de Comercio Exterior (National Foreign Trade Council), agencia que se dedica a cabildear a nombre de corporaciones multinacionales. “Las regulaciones son mucho más avanzadas de lo que sugirió el anuncio del Presidente”.

Pero las leyes estadounidenses siguen limitando el acceso que podrían tener las compañías de EEUU al naciente mercado cubano, así como la capacidad de los estadounidenses comunes y corrientes para visitar las prístinas playas cubanas. Los partidarios del prolongado embargo comercial se han comprometido a mantenerlo.

“No va a haber un McDonald’s ni un Starbucks ni un hotel Hilton. La gente no va a estar construyendo condominios ni edificios de oficinas”, insistió Mauricio Claver-Carone, director del Comité de Acción Política U.S.-Cuba Democracy, el cual cabildea ante el Congreso para mantener el embargo. “Las inversiones no van a tener lugar, y ese es un factor enorme”.

Hay pocas probabilidades de que lo poco que Cuba exporta llegue pronto a las costas de EEUU, agregó.

“Desde ron y tabacos al azúcar y el níquel, nada de eso va a suceder”, dijo confiado Claver-Carone.

La rapidez de esos cambios depende más del gobierno cubano que del Congreso estadounidense. Los legisladores se muestran renuentes a eliminar el embargo comercial sin señal alguna de que el gobernante cubano Raúl Castro está dispuesto a ceder espacio político a sus opositores y reducir el papel del estado en la economía.

Con la publicación el viernes de las nuevas regulaciones, la administración de Obama ha agotado en gran medida lo que puede hacer bajo las leyes existentes. Un alto funcionario de la administración, quien, hablando con la condición impuesta por la Casa Blanca de mantener el anonimato, dijo el jueves: “No hemos dejado a propósito nada sin hacer que el Presidente nos pidiera que hiciéramos”.

Las decisiones de Obama tienen tanto que ver con prepararse para una Cuba post-Castro como con el comercio. El mandato de Raúl Castro, de 83 años, no está muy lejos de su fin, y su carismático hermano Fidel, de 88, está enfermo y mentalmente debilitado. Fidel Castro ha desaparecido de la escena política, pero su hermano, quien por muchos años dirigió las fuerzas armadas, deja detrás suyo una estructura de poder que podría sobrevivirlo.

Bajo Raúl Castro, las fuerzas armadas se involucraron profundamente en el limitado comercio que existe en la isla socialista, y podrían jugar un papel fundamental en abrir más el país o cerrarlo por completo.

Por el momento, las esperanzas de las compañías de EEUU permanecen frenadas por el embargo. Cuándo y cómo será levantado está en manos del gobierno cubano. Si mercancías estadounidenses pudieran llegar de verdad a manos de los cubanos individuales, y si se permitiera que las empresas privadas prosperen, el embargo podría ser relajado o incluso eliminado.

“En gran medida, la rapidez del proceso dependerá de Cuba,” pronosticó Johnson.

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