Sur de la Florida

Empiezan a llegar menores centroamericanos a nuevo albergue en Homestead

Foto tomada en mayo del edificio donde el gobierno federal acondicionó esta instalación en Homestead que servirá dealbergue para unos 800 menores centroamericanos.
Foto tomada en mayo del edificio donde el gobierno federal acondicionó esta instalación en Homestead que servirá dealbergue para unos 800 menores centroamericanos. rkoltun@elnuevoherald.com

Los primeros 50 menores centroamericanos en ser trasladados a un nuevo albergue en Homestead arribaron el lunes, según reveló una vocera del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).

“Durante todo el día lunes llegaron los menores”, dijo la vocera, Stephanie Acker Housman, en un correo electrónico enviado a el Nuevo Herald el martes.

El anuncio marca la primera confirmación de que los funcionarios federales están al tanto de un incremento en el número de niños que cruzan la frontera sin sus padres procedentes de América Central. Los funcionarios había dicho el mes pasado que no vendrían los menores a Homestead a menos que hubiera una nueva oleada de niños centroamericanos que excediera la capacidad de albergues ya existentes.

En lo que va del año fiscal actual que comenzó el 1ro de octubre del 2015, casi 33,000 menores sin sus padres han cruzado la frontera, un 74 por ciento más que durante el mismo periodo del año fiscal anterior.

Los funcionarios de HHS han dicho que si es necesario podrían traer hasta unos 800 menores al albergue de Homestead que quedó habilitado el mes pasado.

La capacidad es de 800 camas

Los menores de edad vienen principalmente de Guatemala, El Salvador y Honduras.

Los jóvenes que han llegado en el pasado han dicho en entrevistas con el Nuevo Herald que huyeron de sus países para escapar de una creciente violencia de las pandillas.

Aunque por años han venido menores de edad sin padres a través de la frontera, la primera gran oleada sin precedente ocurrió en el verano del 2014. Pero fue en el 2011 que se empezó a notar el aumento.

Para el 2012, el número de menores que llegó se estimó en más de 13,000, seguidos de unos 24,000 en el 2013. Para el 2014, más de 52,000 cruzaron la frontera.

A pesar de que los menores cruzan la frontera sin sus padres, esto no significa que quedan desamparados en los Estados Unidos.

Una gran mayoría tienen padres en Estados Unidos que han pagado a traficantes de migrantes por traer a sus hijos desde América Central.

Otros tienen otros familiares que firman papeles para las autoridades migratorias comprometiéndose a hacerse cargo de los menores.

Según cifras del gobierno federal, el sur de la Florida, el sur de California y el área metropolitana de Houston son las tres regiones del país con el mayor número de menores centroamericanos colocados con patrocinadores, que principalmente son padres u otros parientes.

En algunos casos en que los menores que han llegado al sur de la Florida, abogados que los ha representado en cortes de inmigración o estatales han logrado evitar su deportación y en números limitados les han logrado asegurar tarjetas de residencia que eventualmente les permitirá solicitar ciudadanía.

Como ejemplo está el caso de Brady Abel Cano Gamarro, un joven guatemalteco que llegó a la edad de 16 años, cruzando la frontera con México sin sus padres.

Cano eventualmente se reubicó en Miami Beach porque una tía vive allí.

Ella lo llevó a ver a Eduardo Soto, un abogado de inmigración en Coral Gables, que representó al joven y, recientemente, le consiguió una tarjeta de residencia permanente.

Soto demostró primero ante la corte juvenil del estado que Cano había sido abandonado, maltratado o descuidado por su familia y de esta manera obtuvo una orden de dependencia de parte de un juez.

Cuando los menores de edad son declarados por una corte como dependientes, el tribunal asume la jurisdicción sobre ellos y por ende reúnen los requisitos para solicitar la residencia permanente por parte del Servicio de Inmigración.

Otros menores que no han tenido representación legal ha recibido órdenes de deportación por parte de jueces de inmigración en Miami y otras partes del país.

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