Sur de la Florida

Estragos de las algas

Tom Wippick, del Departamento de Protección Ambiental de la Florida, toma una prueba de las algas tóxicas para someter a examen, cerca de Central Marine, junto al río St. Lucie, en Stuart, Florida, el 11 de julio.
Tom Wippick, del Departamento de Protección Ambiental de la Florida, toma una prueba de las algas tóxicas para someter a examen, cerca de Central Marine, junto al río St. Lucie, en Stuart, Florida, el 11 de julio. Getty Images

Desde el espacio sideral se ve preciosa, verde y fosforescente, pero de cerca la invasión de algas tóxicas que afecta a cuatro condados costeros de la Florida es fétida y putrefacta. El gobernador Rick Scott ha declarado estado de emergencia en los condados de Lee, Martin, St. Lucie y Palm Beach y pide a grito herido que el gobierno federal haga lo mismo y envíe millones de dólares en ayuda lo antes posible.

El gobernador tiene razón. Necesitamos ayuda. Las algas están causando estragos en la salud de los residentes y en la economía de la “zona verde”. Los valores de propiedades en Lee y Martin se han desplomado, el turismo ha caído, ya que nadie quiere nadar en guacamole. Ya han muerto ocho manatíes y los peces están a punto de sucumbir. Pero culpar al gobierno federal de esta última plaga que nos aflige, como ha hecho el gobernador, es simplista e ignora el problema de fondo. El gobierno estatal no ha hecho lo suficiente para evitar una crisis anunciada que ya ocurrió en el 2013, y que según los científicos, volverá a repetirse.

El problema de las algas es complejo y emblemático de lo que ocurre cuando nuestros gobernantes, en este caso el gobernador Scott, el gabinete y los legisladores estatales, no saben o no se atreven a balancear intereses diferentes, todos legítimos. En este caso, los intereses que compiten son la agricultura, el medio ambiente y el desarrollo residencial, para el cual no se ha planeado.

El epicentro del problema es el lago Okeechobee, que nos provee de agua potable y que no tiene la culpa de todo lo que le están haciendo. El lago natural se desborda cuando tiene demasiada agua, sobre todo después del paso de huracanes. En 1928, 2,500 personas murieron en estas inundaciones. Para evitar esto hace más de 80 años, en la época del presidente Herbert Hoover, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército construyó un sistema de diques para desviar el exceso de agua. Ahí está el detalle. El flujo natural del agua es hacia el sur, no hacia el este y oeste, donde está siendo desviada. El agua que llega al lago Okeechobee viene contaminada con fósforo y nitrógeno de los fertilizantes que utilizan los agricultores. Cuando el agua contaminada es desviada al este y oeste, eventualmente llega al mar, donde se convierte en el caldo de cultivo ideal para la explosión de algas, que en realidad no son algas sino una bacteria llamada cyanobacteria. Como decía un comercial de margarina muy popular en los años 1970: “No es bueno engañar a la Madre Naturaleza”.

La solución a largo plazo, según los científicos, es dejar que la naturaleza tome su curso, en este caso hacia el sur. Así cuando el agua contaminada llegue a los Everglades, el pantano maravilloso filtraría las toxinas y no las dejaría llegar al mar. Pero para eso sería necesario adquirir las tierras al sur del lago que pertenecen a la poderosa industria del azúcar, cuyos intereses llevan la voz cantante en Tallahassee.

Hace ocho años el gobernador y el gabinete estatal tuvieron la opción de comprar 46,800 acres de las tierras del sur por $700,000, pero la rechazaron. Hace dos años los votantes de la Florida aprobaron una enmienda constitucional que provee un flujo constante de ingresos para comprar tierras como estas, pero el gobernador, el gabinete y la legislatura no han hecho nada para aliviar el dolor de las algas.

El Cuerpo de Ingenieros del ejército no tiene más remedio que seguir bombeando el exceso de agua porque hoy en día ocho millones de personas viven en el área que quedaría bajo el agua si el lago se desborda. Y Dios quiera que el sistema de diques que tiene problemas estructurales por la edad siga funcionando.

“Esta es una catástrofe creada por el hombre y no por la naturaleza”, nos dice el representante estatal de Miami, José Javier Rodríguez, quien fue uno de dos de los 160 legisladores estatales que votaron en contra de la Ley del Agua aprobada este año en Tallahassee.

Nos dice que “hay mucho silencio sobre este tema en la legislatura porque la industria azucarera tiene mucho peso en Tallahassee. Parece que ahora que no hay recesión los azucareros no quieren vender tierras, el gobernador no quiere comprar y el agua del lago seguirá yendo donde no debe. La invasión de las algas será un evento anual cada verano. Por mucha ayuda federal que llegue para compensar a las víctimas, algo hay que hacer para que no vuelvan.

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