Sur de la Florida

Madre de hombre autista: mi hijo quedó traumatizado después de tiroteo

Arnaldo Eliud Ríos Soto
Arnaldo Eliud Ríos Soto

Gladys Soto se enteró que su hijo adulto era el centro de un escándalo nacional sobre el uso excesivo de la fuerza policial y por la defensa de los derechos de las personas incapacitadas cuando una amiga de la iglesia la llamó el 18 de julio.

¿Estaba viendo la televisión? ¿Era Arnoldo, su hijo con autismo, el que tenía un camión de juguete cerca de un terapeuta que acaba de recibir un balazo a manos de un agente de la policía?

Pasarían horas antes de que Gladys Soto, de 60 años, supiera la verdad: su hijo, Arnoldo Eliud Ríos Soto se había escapado de la casa de cuidado de North Miami donde lo atendían especialistas de comportamiento y problemas mentales. El terapeuta que lo cuidaba, un hombre al que Ríos quería, resultó baleado por la policía mientras trataba desesperadamente de advertirle a los agentes que Ríos era autista, que no representaba daño para nadie, y que en las manos tenía un camión de juguete, no un arma. Mientras Charles Kinsey estaba en el suelo, con las manos en alto en señal de sumisión, un francotirador le disparó y una bala le perforó una pierna.


El presidente del Sindicato de Policías de Miami-Dade después insistió que el proyectil iba dirigido a Ríos.

“Me siento como si me hubieran cortado las alas, y fuera el fin de todo”, le dijo Soto al Miami Herald el sábado pasado. “Afecta mucho ver al hijo de una metido en un incidente como éste”.

También era mucho más de lo que su hijo podía soportar. El 19 de julio, Ríos se volvió a perder de la casa. Había regresado a la acera manchada de sangre donde su terapeuta había sido herido el día antes y se acostó en la acera. Meciéndose rítmicamente, gritaba sin parar: “Odio a la policía. Odio a la policía”.

Desde entonces Ríos ha estado en el pabellón psiquiátrico del Hospital Aventura, dijo Soto, que visitó a su hijo el viernes por la noche. Durante días, Ríos ha permanecido ingresado con la misma chaqueta sucia y llena de sangre que llevaba puesta cuando su imagen fue el centro del debate nacional sobre cuestiones raciales y la policía y los incidentes descabellados en que resultan baleados hombres desarmados.

Soto solamente quería proteger a su hijo, no convertirse en un símbolo nacional. “Soy yo en contra de todo el sistema”, dijo. “Me siento sola y débil, como un pequeño soldado que se enfrenta a todo un ejército”.

Ríos, de 26 años, fue diagnosticado con una compleja forma de autismo cuando era pequeño. Apenas habla, aunque puede utilizar un puñado de palabras. Es grueso y alto, y esa corpulencia puede convertirse en un peligro cuando pierde el control.

Funcionarios estatales de incapacidad dijeron que Ríos iba a estar a salvo y bien cuidado en una instalación que administra MACtown, un servicio privado que la presta cuidados a personas con incapacidad de desarrollo. Pero Soto dijo que nadie le ha ofrecido ninguna opción. En la Florida hay muy pocos programas para personas como Ríos, cuyo autismo o impedimento intelectual puede llevarle con frecuencia a violentos arranques de conducta.


Sin embargo, desde el principio el lugar no le pareció adecuado a Soto. El 4 de julio, dijo llamó a MACtown para decirle a los encargados del centro que a su hijo le fascinaban los fuegos artificiales, y le gustaría ver algunos de cerca. También les dijo que estuvieran “alertas” a cualquier cambio repentino de su comportamiento.

El 5 de julio, un analista de conducta del grupo llamó a Soto y le dijo que tenía que ir cuanto antes al hospital. Ríos se había lesionado durante un forcejeo con empleados el día anterior, y los médicos no atenderían al joven autista sin el consentimiento de ella, que es su guardiana legal. “Trató de irse de la casa y se puso agresivo y no se le permitió salir”, explicó Soto. Ríos se había roto la nariz y un dedo y estaba adolorido. Además, como su madre había predecido, estaba comportándose de forma incontrolable.


“Me siento culpable. Era mi responsabilidad protegerlo, y no lo hice”, dijo Soto.

Soto dijo que siente mucho lo que le pasó a Kinsey, el teraputa de comportamiento que resultó baleado. Kinsey era la persona en MACtown con quien su hijo se sentía mejor. Su piel oscura le recordaba a Ríos el último novio de su madre, y Kinsey siempre había tratado al joven con cariño. Cuando tuvo lugar el incidente, Kinsey hizo lo que siempre hacía que era proteger al muchacho.

Ahora, los dos están ingresados en un hospital tratando de sanarse.

“Charles quedó herido físicamente”, dijo Soto, “y mi hijo ha quedado traumatizado por el incidente”.

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