Sur de la Florida

El artista más famoso de Miami: Winston Churchill

Winston Churchill pinta una escena de la costa del sur de la Florida.
Winston Churchill pinta una escena de la costa del sur de la Florida. Miami Herald

Mecenas del sur de la Florida: ¡esta es su oportunidad! Con una sola compra podrán no sólo respaldar a un pintor de Miami honesto y esforzado, sino además rescatar un importante artefacto cultural de manos de advenedizos europeos. Y es probable que no les cueste más de un milloncito. Estas son las expectativas que rodean a un cuadro al óleo del Viaducto Venetian pintado por Winston Churchill — sí, ese mismo Winston Churchill — que será puesta en subasta en Gran Bretaña.

Churchill, el iracundo e ingenioso primer ministro que gobernó a Inglaterra a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, pintó el cuadro en 1946 durante unas vacaciones de seis meses en Miami Beach, las primeras desde que la guerra terminara siete meses atrás. El paisaje de tamaño mediano –unas 30 pulgadas de ancho y 25 de alto, muestra varias casas de tejas rojas y un manojo de palmeras erizadas bajo un cielo de azur.

Churchill no probó suerte a menudo con figuras humanas, de modo que la pintura no incluye zombies devoradores de rostros humanos, alcaldes encarcelados u otras celebridades locales. No obstante, no hay que esperar gangas a lo Brexit cuando la casa de subastas británica Boningtons lo ponga a disposición del público el miércoles 27 de julio, en una subasta que aceptará pujas hechas por internet.

“La última subasta de pinturas de Churchill, que fue hecha por su hija en el 2014, incluyó un precio de 1.5 millones de libras — que son unos $2 millones — por una de ellas, el precio más alto que se haya pagado jamás por un Churchill”, dijo Luke ✔Bodalbhai, director del departamento de bellas artes de Boningtons. “En ese grupo había 10 pinturas, y me han dicho de buena tinta que alrededor del 80 por ciento de las mismas fueron compradas por estadounidenses. Y ninguna de ellas era de escenas de Estados Unidos”.

La pintura del Viaducto Venetian es una de alrededor de 500 hechas por Churchill en el curso de su vida. Él consideraba la pintura como una manera de relajarse. Bodalbhai no va tan lejos como para decir que su obra es “buena”, pero sí la califica de “seria”.

“Está bien pintada, puede verse que él es un pintor serio”, observó Bodalbhai. “Él no lo hacía nada más que de hobby. Y, como quiera, cuando se va a una subasta, no se puede juzgar los precios solamente por los méritos artísticos”.

Churchill se las arregló para terminar el cuadro durante unas agitadas vacaciones que incluyeron un enfrentamiento con un tiburón, un encuentro con unas cotorras demasiado amistosas, una rápida visita a Cuba y la escritura del histórico discurso que presentaría a gran parte del mundo la expresión “Cortina de Hierro” (Iron Curtain).

Y el clímax de todo esto fue un juego de póquer de apuestas altas en el cual el presidente Harry Truman, advirtiéndoles que la seguridad nacional dependía de eso, ordenó a todos los jugadores estadounidenses que se dejaran ganar. “Se puede decir que Churchill hizo de todo durante ese viaje”, dijo Paul Reid, coautor de la biografía Winston Churchill, Defender Of The Realm, 1940-1965 (Winston Churchill, defensor del reino: 1940-1965).

Churchill, cuya madre era estadounidense, visitó Estados Unidos 16 veces durante su vida, y su amor por los climas cálidos significó que la Florida solía ser parte de su itinerario. Pero es probable que ninguno de sus viajes haya sido tan exuberante como las vacaciones de 1946 con su esposa Clementine.

Una guerra larga y terrible, en la cual Londres fue bombardeada constantemente y sufrió una serie de catástrofes militares que conducirían a la disolución del imperio británico, acababa de llegar a su fin. Y Churchill perdió su puesto casi de inmediato, cuando los votantes inquietos derrocaron a su partido conservador.

“Churchill era un eterno optimista, pero con la caída de Francia, la larga serie de derrotas militares británicas en Europa y Asia, el hundimiento por parte de los alemanes de sus navíos de guerra más queridos, el bombardeo de Londres y el asedio de Tobruk, en el cual los alemanes mantuvieron sitiadas por seis meses a las tropas británicas en África del Norte, él había tenido un mal día que había durado seis años”, dijo Reid. “Él necesitaba desesperadamente un descanso”.

Llegó a Miami Beach en enero de 1946, donde se hospedó en casa del industrial canadiense Frank W. Clarke. Las siguientes seis semanas fueron un carrusel de gruesos tabacos y ginebra sin agua, con excursiones ocasionales al hipódromo de Hialeah y encuentros un tanto traumáticos con la fauna floridana. Durante una visita a Parrot Island, Churchill se vio envuelto por una nube de aves estrepitosas a las que les importó un comino que él hubiera derrotado a Hitler. Pero eso no fue nada comparado con el tiburón.

“Churchill nunca hizo concesiones al sol y al calor; en todas y cada una de las fotos que se pueden ver de esas vacaciones, tiene puesto un traje de lino gris con un bombín o un sombrero de fieltro”, dijo Reid. “Pero le gustaba mucho meterse en el agua, y lo hizo muy a menudo. Se quitaba el traje y se ponía una trusa, o tal vez nada, porque le encantaba nadar desnudo”.

“Todos los diarios y cartas que se leen de personas que lo vieron nadar dicen que parecía un pequeño hipopótamo rosado, con sus escoltas del Servicio Secreto chapoteando detrás de él. Es una imagen más bien cómica, hasta el día que apareció un tiburón y empezó a nadar en dirección a él. Todo el mundo gritaba: ‘¡Sal de ahí! ¡Sal de ahí!’ Hasta el Servicio Secreto corrió a la orilla”.

“Pero no Churchill. ‘Seguro que no es más que un tiburón de tierra’, dijo. (No está claro qué fue exactamente lo que Churchill quiso decir) Y agregó: ‘No va a molestarme porque yo soy muy gordo para él’. Y puede que tuviera razón, porque el tiburón le dio unas cuantas vueltas y después se fue”.

Churchill también se fue a Cuba por una semana, donde su principal actividad se puede deducir del hecho de que el Hotel Nacional, donde se hospedó, tiene hasta hoy un Bar Churchill que está abierto hasta bien tarde en la noche. Y en sus momentos libres trabajó en el discurso que pronunciaría en Fulton, Missouri, el 5 de mayo.

En ese discurso, él hizo la primera declaración pública de algo que estadistas de todo el mundo ya sabían en privado: que la paz que siguió a la Segunda Guerra Mundial ya estaba deshaciéndose, para ser reemplazada por una Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

“Desde Stettin en el Mar Báltico hasta Trieste en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido a todo lo largo del continente”, dijo Churchill, acuñando al parecer una de las expresiones más famosas del siglo XX. En realidad, él la había tomado de un oficial del ejército alemán describiendo el sitio de Berlín por los soviéticos en los días finales de la Segunda Guerra Mundial.

“Él se leía 12 periódicos al día”, dijo Reid. “Y si veía una frase que le gustaba en un periódico — o un cable, o la Biblia, o lo que fuera — se la apropiaba”.

Eso no le molestó al presidente Truman, quien había invitado a Churchill a Missouri y a quien le encantó el discurso. Ellos hicieron el viaje en tren — Churchill adoraba los vagones Pullman de los trenes estadounidenses — y durante gran parte del camino Truman se había debatido entre el patriotismo y la diplomacia.

“A Churchill le gustaban los juegos de azar, y se consideraba a sí mismo como uno de los mejores jugadores de cartas del mundo”, dijo Reid. “De modo que se armó un gran partido de póquer. Antes de empezar, Truman dijo a todos los estadounidenses: ‘Miren, está en juego nuestro orgullo nacional, hay que ganarle’. Pero resultó que Churchill era en realidad muy mal jugador, y después de un rato había perdido 2,000 libras, que en esa época era un montón de dinero”.

“Él se levantó para ir al baño, y todos los estadounidenses se echaron a reír: ‘Lo vamos a dejar sin un centavo en el bolsillo’. Y Truman dijo: ‘Muchachos, yo sé lo que les dije antes, pero Gran Bretaña es nuestro mayor aliado, y no podemos enfrentar solos a los rusos. Así que tienen que dejarlo que lo gane todo de vuelta’. Ellos refunfuñaron y se quejaron, pero a la hora de la verdad hicieron lo que les tocaba hacer: se dejaron ganar”.

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