Obituarios

Jorge Rodríguez-Chomat, un juez de Miami que ‘sólo quería hacer el bien, muere a los 72 años

Jorge Rodríguez-Chomat, antiguo juez de Miami-Dade, en su tribunal en el 2012. Rodríguez-Chomat falleció el sábado a los 72 años.
Jorge Rodríguez-Chomat, antiguo juez de Miami-Dade, en su tribunal en el 2012. Rodríguez-Chomat falleció el sábado a los 72 años. Miami Herald

Cuando Jorge Rodríguez-Chomat llegó a Miami desde Cuba a los 16 años, se matriculó en una escuela secundaria pero pronto abandonó los estudios para trabajar vendiendo donas, lavando carros y entregando mensajes en bicicleta, todo para mantener a su familia.

Esos fueron sus primeros empleos, pero llegaría muy lejos.

Con el transcurso del tiempo, Rodríguez-Chomat fue contador, agente del IRS, abogado especializado e asuntos tributarios, legislador estatal de la Florida y, finalmente, juez de Miami-Dade. Se retiró como juez en diciembre del 2016, y a pesar de una larga batalla contra el cáncer, regresó a la práctica privada. Rodríguez-Chomat falleció el sábado a los 72 años.

“Tuvo una vida asombrosa”, dijo su hijo, Rodolfo Rodríguez-Chomat, 39. “Uno hubiera querido que viviera más tiempo. Sólo quería hacer el bien.

Como juez, Jorge Rodríguez-Chomat era directo y generó titulares por sentenciar a una adolescente a 30 días de prisión por enseñarle el dedo en el tribunal. Durante sus seis años en el tribunal, Rodríguez-Chomat atendió en lo fundamental casos de reincidentes, los peores delincuentes de Miami-Dade.

“Era un juez que defendía la ley y el orden. Llevaba una pistola cargada debajo de la toga en el tribunal”, dijo el abogado defensor David Sisselman. “Pero, en lo personal, agonizaba de tener que sentenciar a alguien a cadena perpetua. Pero cuando la ley, los hechos y las pruebas le exigían que lo hiciera, siempre lo hizo”.

Rodríguez-Chomat nació el 28 de junio de 1945 en La Habana. Su padre era decano de la Facultad de Derecho en la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva en La Habana, pero se marchó con su familia a Miami en 1961 después que Fidel Castro tomó el poder.

Rodríguez-Chomat se graduó de secundaria estudiando de noche, y después hizo una licenciatura en el Biscayne College, que ahora es la Universidad St. Thomas. Mientras trabajaba como agente del IRS, Rodríguez-Chomat se graduó de abogado y estableció una práctica privada.

De tendencia republicana, Rodríguez-Chomat estaba profundamente comprometido con las causas del exilio cubano, y dos veces participó en flotillas para actividades memoriales junto a las aguas jurisdiccionales cubanas. Eso lo hizo postularse varias veces. En 1994 fue elegido a la Cámara de Representantes de la Florida, en representación de un distrito mayoritariamente cubanoamericano en el oeste de Miami-Dade.

Durante los años que estuvo en el cargo, fue presidente del Concilio Cubano, un grupo creado para unir a legisladores cubanoamericanos en Tallahassee, y presionó por otorgar beneficios a los inmigrantes. También generó titulares por forcejear con otros legisladores.

Pero perdió su postulación a la reelección en 1998.

“La causa cubana era muy personal para mi padre. La mayoría de lo que hizo en la Cámara fue para ayudar a los cubanos”, dijo su hijo.

Después de regresar a la práctica privada, Rodríguez-Chomat se postuló a una magistratura en el 2010 sin oponentes. Sirvió en la división penal —su primera experiencia en el derecho penal— y se convirtió en un juez duro pero considerado.

Tim VanderGiesen, fiscal estatal adjunto de Miami-Dade, quien fue fiscal asignado al tribunal de Rodríguez-Chomat, lo calificó de “un hombre de principios con una gran compasión por los demás”.

“Sonreía y reía cuando alguien le decía que era un juez liberal que también era un devoto republicano que una vez se fue a las manos con otro legislador en el pleno de la Cámara estatal”, dijo VanderGiesen. “Yo aprendí mucho de él como juez. Y lo voy a extrañar como amigo”.

En un caso prominente, Rodríguez-Chomat sentenció a un cubanoamericano a 12 años de prisión por atacar a dos hombres negro en un delito de odio. El hombre todavía estaba molesto de que un afroamericano le había disparado durante los motines raciales en 1980.

A Rodríguez-Chomat le sobreviven su esposa, Susanita Ferro Rodríguez-Chomat, sus hijos Rodolfo Rodríguez-Chomat, de 39 años, e Irene Coroalles, de 35, y sus nietos Jacqueline Marrero, de 38; Jeanette Marrero-Russon, de 35, y Alexander Egea, 28.

Todavía no se conocen los detalles del sepelio.

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