Obituarios

Falleció en Miami el pintor cubano Rafael Soriano

Rafael Soriano en la retrospectiva de su obra ‘Other Worlds Within’, que abarcó 60 años de carrera, en el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami, curada por Jesús Rosado.
Rafael Soriano en la retrospectiva de su obra ‘Other Worlds Within’, que abarcó 60 años de carrera, en el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami, curada por Jesús Rosado. el Nuevo Herald

En horas de la mañana del jueves falleció por causas naturales, en Miami, a la edad de 94 años, el pintor cubano Rafael Soriano, uno de los precursores del arte abstracto en la isla, y quien definitivamente pasará a la historia como uno de los grandes artífices del manejo de la luz, el color y las profundidades en la pintura contemporánea. Falleció plácidamente en su hogar acompañado por sus seres queridos.

Nacido en Cidra, Matanzas, el 23 de noviembre de 1920, Soriano estudió en la Academia de San Alejandro, en La Habana, graduándose de pintura y escultura en 1943. Durante esos años conoció al crítico José Gómez Sicre y a los pintores Víctor Manuel y Fidelio Ponce, con quienes cultivó estrecha amistad. De regreso a Matanzas, después de graduado, funda la Escuela Provincial de Bellas Artes, junto a Manuel Rodulfo Tardo, José Felipe Núñez, Juan Esnard y Roberto Diago. En dicho centro se desempeñó como profesor y director desde 1943 hasta su partida al exilio en 1962.

Desde sus primeros pasos en la pintura en los años 1940, Soriano incursionó en el abstraccionismo y pronto se convirtió en uno de los principales exponentes del arte concreto en Cuba y América Latina. Entre 1958 y 1961 formó parte del reconocido grupo de Diez Pintores Concretos, junto a artistas de la talla de Carmelo López, Wilfredo Arcay, Salvador Corratgé, Sandú Darié, Luis Martínez Pedro, Pedro de Oráa, Loló Soldevilla, José María Mijares y José Rosabal. A lo largo de la década de los 1950 era común apreciar su obra de sugestivas formulaciones geométricas en los eventos nacionales de pintura, escultura y grabado en La Habana.

Decepcionado con el rumbo que había tomado la revolución cubana y marginado por el oficialismo cultural por el simple hecho de dedicarse a un arte desideologizado, decide partir a Estados Unidos con su esposa Milagros y su hija Hortensia. Los primeros años de exilio fueron duros para su carrera como pintor. El propio Soriano refería en algún momento que la tristeza, el desarraigo y la lucha por la supervivencia no le permitían crear con la fluidez de otros tiempos.

Paulatinamente, con el apoyo de su inseparable Milagros, retomó el curso fructífero de su obra. Entre 1967 y 1970, logra desempeñarse como profesor de diseño y composición del Programa Cubano de la Universidad de Miami y a partir de entonces su trabajo artístico recobra energías, llegando a participar en más de 50 exposiciones personales y colectivas en galerías y museos de EE.UU. y América Latina y haciéndose presente en relevantes colecciones institucionales y privadas.

Hacia finales de los años 1960, la obra de Soriano iría derivando hacia la recreación de un imaginario abstracto de motivaciones metafísicas. Los trabajos de esta segunda etapa de Soriano, a diferencia del periodo temprano, muestran representaciones de muy ambigua asociación con las apariencias convencionales del mundo material, y las maniobras de color e iluminación con que logra sus peculiares efectos visuales revelan una especial intuición para plasmar en un registro pictórico la disolución de fronteras entre la solidez de la realidad, los misterios de la nada y el subconsciente.

Este giro místico en su creatividad redefinió no solo el abstraccionismo cubano, sino que aportó novedosas soluciones al arte pictórico de su generación. Es justamente la exclusividad e impecable factura de sus desconcertantes visiones, lo que habría de incorporarlo definitivamente a la vanguardia pictórica latinoamericana del XX.

Hortensia Soriano, hija del pintor, recordó a el Nuevo Herald unas palabras que su padre solía repetir y que pueden considerarse su credo como artista: “No pretendo trasmitir ningún mensaje de la realidad. Me mueve un ansia de viajar a través de la pintura por la dimension del espíritu, donde lo íntimo y lo cósmico confluyen”.

Como creador vivió totalmente entregado a su arte y a su familia. Supo ingeniárselas para que su obra se consolidara al margen de la comercialización. Nunca le atrajo crear obras por encargo.

“Soriano fue un ejemplar hombre de familia, un entrañable amigo y un singular artista. Dotado de una profunda sensibilidad e imaginación”, dijo a el Nuevo Herald Jorge Moya, quien dirigió el documental sobre la vida y obra de Soriano, La profundidad del silencio (2011).

En el 2008 se realizó una exhibición, titulada Entre lo místico y lo espiritual en MDC West Campus, Doral, celebrando sus 88 cumpleaños, donde recibió un homenaje y proclamas de las ciudades de Miami, Doral y Hialeah.

Durante una entrevista con el Nuevo Herald en ese mismo año, en la pequeña casa del suroeste de Miami en que vivían Milagros y Soriano, surgieron numerosas anécdotas de la vida del pintor. Hijo de un barbero y con seis hermanos, Soriano comenzó a pintar desde muy niño en Cidra –un poblado en la costa sur de Matanzas– en pedazos de madera y en todo lo que encontraba. Su primeros estudios formales de arte los recibió de Alberto Tarascó, un español afincado en Matanzas.

Al mudarse para La Habana en los años 1940, Soriano compartía un cuarto con un grupo de artistas y tenía que vivir con el único peso que le daba su padre hasta el final de la semana.

“Este peso le alcanzaba para comer hasta el miércoles, y los jueves y viernes solo se alimentaba con un café con leche que le fiaba un negocio chino del vecindario de Zanja”, contó Milagros, porque ya para entonces la memoria de Soriano no alcanzaba para recordar esos detalles. Los viajes entre La Habana y Matanzas los hacía de polizón, escondido en la parte de atrás de la guagua, contando con la ayuda de uno de sus hermanos que era expedidor de transporte.

La persistencia en la vocación llevó a Soriano a recoger el fruto de su arte en Cuba, especialmente como profesor. En la casa que residía con su familia, ubicada en una loma desde la que se divisaba la bahía de Matanzas, Soriano empezó a captar en los lienzos una luz especial, relacionada con ese paisaje entrañable, que consiguió lo acompañara durante casi toda su carrera. Pintor de la luz y de silencios, Soriano trasladó su introspección al proceso creativo. Cuentan que prefiría las horas de la noche para pintar y para disfrutar de ese silencio que lo trasladaba a otros mundos, quizás más ricos que la realidad de un exiliado.

“Diseñó un lenguaje visual auténtico a través de una búsqueda espiritual de la luz”, apuntó Moya. “Quizá fue el artista más original de su generación, quien exploró un camino metafísico a un mundo desconocido y tuvo la bondad de compartirlo. Hoy nos queda su visión y un enorme orgullo para quienes pudimos conocer a este inigualable creador”.

En el 2011, el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami le organizó, a manera de tributo, una abarcadora retrospectiva que incluyó 75 piezas entre pinturas, dibujos y cerámicas. Desde entonces, curadores de las instituciones de Cuba que han visitado a Miami se han interesado por la reivindicación de Soriano en los espacios de la isla.

Con su muerte, Cuba pierde a uno de sus más talentosos pintores sin haberlo acogido de vuelta en vida y sin saldar la deuda hacia una obra cuya trayectoria fue relegada, primero por la inclinación hacia un discurso genuinamente estético donde no cabía la politización, y luego, durante décadas, por su condición de exiliado.

“Siempre podremos estar, como cubanos, orgullosos de Soriano el artista –uno de los grandes de su generación– y del hombre, por su sencillez, decencia y total compromiso con su arte”, dijo el crítico de arte Ricardo Pau-Llosa, autor de la monografía Rafael Soriano and the Poetics of Light.

La grandeza de su legado le irá haciendo justicia. En el panteón de los maestros del arte contemporáneo, el pintor tiene seguro el lugar que por su excepcionalidad merece. Siendo gestor de obra tan trascendente en espíritu, esta aparente partida resultará ser otra etapa de su peregrinar por espacios innombrables.

Su obra estuvo presente en el mismo 2011 en la exposición America Fria / La Abstraccion Geometrica en Latinoamerica celebrada en Madrid, Espana.

Le sobreviven su esposa Milagros y su hija Hortensia.

Los servicios fúnebres se realizarán en la funeraria Caballero Rivero, 3344 SW 8 St., viernes 10 de abril, de 5 a las 11 p.m. y el entierro en el vecino Cementerio Woodland, sábado 11, 11 am.

El curador Gustavo Orta y la reportera de el Nuevo Herald Sarah Moreno contribuyeron a esta información.

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