Huracanes

Hannah deja un panorama aterrador en Haití

Un pequeño haitiana rescata un coche de entre las ruinas y el fango en las cercanías de su hogar en Gonaives, Haití.
Un pequeño haitiana rescata un coche de entre las ruinas y el fango en las cercanías de su hogar en Gonaives, Haití.

Era su tercer día sin agua ni comida, y Fleurie Benita vadeó por el fango que le llegaba a la rodilla, balanceando todas sus posesiones en la cabeza, sin sabe qué hacer ahora, o qué vendrá.

Con cada paso que daba, la madre de cuatro hijos recordaba la espesa lluvia y el sonido de la muerte llamando a su puerta. Y después, su desesperada situación.

"Hui de allí con los niños. Corrimos a la casa de un vecino'', dice Benita, de 24 años, que como tantas otras personas de aquí dice que una decisión de último minuto de salir bajo la intensa lluvia de la perturbación ciclónica Hannah fue lo que les salvó la vida. "El agua no me dejó siquiera una cama donde dormir. Hasta los cacharros de cocina se llevó.

Después de cuatro días de incesantes lluvias, el sol finalmente atravesó las nubes el jueves en esta ciudad baja. Y los residentes empezaron a calcular los daños.

Hannah ha sido la peor tormenta de la temporada ciclónica del 2008. Se llevó 136 vidas en Haití, 102 de ellas de la de Antibonite, donde está situado el pueblo de Gonaives, según dijo Abel Nazaire, de la oficina de protección civil de Haití.

En Gonaives, la lluvia más ligera puede dar lugar a inundaciones súbitas y deslizamientos, donde las montañas se han deforestado para hacer carbón. Tres ríos bajan por la montaña, y todos ellos apuntan hacia el pueblo.

La región ha quedado prácticamente aislada del resto del país desde que azotó la tormenta. Muchos de los habitantes se refugiaron en los techos, y otros vadeaban por ríos de fango que les llegaban a las rodillas y hasta la cintura, pasando cerca de casas completamente anegadas y de autobuses caídos de costado.

Algunos trataron de salvar lo que les quedaba, y paleaban el fango con la esperanza de encontrar alguna olla, una camisa, tal vez un zapato. Los que encontraban algo lo enjuagaban con agua de un fangoso canal cercano en el que flotaban animales muertos.

Gracia Delva, una cantante haitiana de Konpa , visitó la ciudad el jueves y se sumó a los residentes en sus peticiones de ayuda. El senador Youri Latortue, que representa a la región, dijo que planea pedirle ayuda al gobierno.

"Es muy difícil'', dijo, según se aprestaba a subir a bordo de un helicóptero que lo llevaría a Port-au-Prince, la capital. "Puede haber huracanes, pero cuando no hay estructuras es muy difícil''.

Los alimentos y otros artículos de socorro no están llegando con suficiente rapidez, y eso convierte las peticiones de ayuda en indignación, cuando no hay respuesta a las solicitudes de agua potable y ayuda del gobierno. Los habitantes de aquí dicen que a pesar de las promesas de ayuda de las organizaciones internacionales, es muy poco lo que les ha llegado.

Los puentes, tanto los que van al sur como los que van al norte, se desplomaron, y las principales vías a la ciudad están bloqueadas por lagunas fangosas, de modo que es casi imposible llegar aquí por tierra.

La Misión de Estabilización de Naciones Unidas (ONU) logró enviar por aire a socorristas y otros el jueves para que estudiaran los daños, pero la inundación de toda la ciudad convertía eso en una tarea imponente. Del aire, Gonaives parece una ciudad sumergida en fango. Las casas están casi enteramente hundidas, y en algunos casos sólo se ven los oxidados techos de metal. Algunos residentes están atrapados en los techos, y otros ponen la ropa esparcida en los techos para que se seque.

El contingente de Argentina de las Naciones Unidas, con sede en la ciudad, proveyó 660 galones de agua y 2,000 raciones de comida, y evacuó alrededor de 400 personas. Pero, para aquellos que quedaron aislados y sin comida por tres días, la ayuda se demoró en llegar.

"No podemos vivir en esta situación'', dijo Baptiste Jean, de 28 años. "No tenemos un país. No tenemos un presidente. La ciudad esta destruida''.

"No es que simplemente perdimos nuestra casa. La casa fue eliminada'', añadió Phillipe Joseph, de 38. "Toda la familia --madre, padre, hermana, hijo-- está desamparada. Pero, gracias a Dios, están aquí''.

Pero, como tantos aquí, hizo un llamado al gobierno a que haga más.

"Tienen mucho trabajo que hacer porque, después de Jeanne, no se hizo nada. Sólo desperdicios del gobierno. Yo habría esperado que después de éste hubieran asumido su responsabilidad y se preocupen porque el dinero y la ayuda vayan a los pobres'', dijo.

La tormenta tropical Jeanne, que también desencadenó un torrente de agua sobre Gonaives, causó más de 3,000 muertes en Haití en el 2004.

En los días trascurridos desde Hanna, decenas de miles de personas han ido a parar a refugios --al menos 48,000 de Gonaives y lugares aledaños. Pero muchos más, por miedo a los saqueadores, siguen durmiendo en los techos, donde pueden vigilar lo que queda de sus hogares.

Otros simplemente caminan por las calles, suplicando que les brinden desde alimento hasta ropa, y duermen donde pueden. Y otros se han refugiado en las áridas montañàs, donde piensan esperar las próximas dos tormentas --Ike y Josephine.

"No tengo dónde dormir'', dijo Marie-Josette Moise, de 41 años, madre de siete, que se subió a un techo de seis pisos de alto en medio de la tormenta para buscar albergue.

Algunos estaban asustados.

"Ya estamos muertos'', dijo Mackento Jacques, de 13 años, al preguntársele sobre Ike, que podría afectar a Haití este fin de semana. "No podemos hacer nada''.

Cassandre Loisy, de 23 años, no ha visto a su hija de 3 años desde que se vio obligada a enviarla a quedarse con unos vecinos cuando Hanna comenzó a soplar. El jueves, la sala de su casa verde y blanca estaba hundida en lodo hasta la rodilla. Aguas albañales entraban por la puerta del frente.

"Nunca creímos que las lluvias vinieran de esa manera'', dijo ella. "Estábamos muy confundidos, sólo nos dio tiempo a agarrar nuestros pasaportes y huir''.

Para escapar a la violenta crecida, Loisy y otros familiares, entre ellos su madre de 54 años, escalaron primero el balcón del frente y luego un muro de siete pies de alto que guarda su puerta principal.

Loisy, estudiante de enfermería, dijo que todo el dinero de su matrícula desapareció en la tormenta. Hace cuatro años, durante la tormenta tropical Jeanne, la familia sufrió una pérdida aún más grave: la muerte de su sobrino Rickaard Pierre, de 5 años.

La madre de Rickaard, Raymond Mulatre, dijo que Hanna será recordada por al-1/5un tiempo.

"No sabemos qué vamos a hacer'', afirmó. "No tenemos dinero, no tenemos a dónde ir''.

jcharles@MiamiHerald.com

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