Huracanes

¿Qué nos dice la ciencia de tormentas como el huracán Michael?

En el otoño del 2018, cuando en la Florida hubo un calor récord, el huracán Michael acumuló una enorme cantidad de energía absorbida del Golfo de México, entre 4 y 6 grados Fahrenheit por encima de lo normal.

Las moléculas de aire, llenas de humedad, se incorporaron al ojo de Michael, liberando el calor, el combustible perfecto para el ciclón.

Dos veces, el huracán de categoría 5 pasó por encima de aguas muy cálidas en su camino al Panhandle de la Florida, lo que provocó episodios de rápida intensificación. Uno de esos episodios hizo que el huracán mantuviera su potencia hasta llegar a la vulnerable costa, planteando un desafío a la Climatología, que indica que los huracanes se debilitan al acercarse a la llamada costa del Golfo.

La intensificación de Michael a la categoría 5 tiene razones puramente físicas, pero no se sabe a ciencia cierta es si esos dos incidentes de fortalecimiento rápido tuvieron algo que ver con el cambio climático.

El fortalecimiento de huracán a categoría 5 depende de varios factores.

Procesos ambientales, menos precisos y todavía menos explicados, son necesarios para esta rápida intensificación. Las aguas cálidas, la cantidad de humedad en la atmósfera, un centro definido, vientos de cizallamiento ligeros y un flujo de aire en la dirección de las manecillas del reloj en las capas superiores de la atmósfera ayudan al huracán a respirar.

Sin embargo, hay señales de que habrá más huracanes de categoría 4 y 5 con intensificaciones peligrosasen un clima más cálido, una perspectiva aterradora para los meteorólogos especializados en los pronósticos y la intensificación de las tormentas.

En los últimos cuatro años, en la cuenta del Atlántico ha habido seis tormentas de categoría 5, entre ellas Matthew en el 2016, seguida de Irma y María en el 2017, Michael en el 2018 y Dorian y Lorenzo este año.

“Es muy difícil atribuir a una sola cosa cualquier tipo de influencia externa”, dijo Kerry Emanuel, profesor de Ciencias de la Atmósfera del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), sobre atribuir la intensificación de Michael al cambio climático. “La mayoría de los científicos opina que ese es el camino equivocado. Es muy difícil. Pero podemos colocar a Michael en el contexto del cambio climático y lo que estamos comenzando a ver”.

Información recopilada por boyas y analizada por Climate Central –organización noticiosa sin fines de lucro que analiza y reporta sobre el cambio climático– muestra un aumento de entre 1 y 2 grados en la temperatura promedio en el Golfo de México entre agosto y octubre en los últimos 40 años. Estas altas temperaturas han llegado a casi a los 90 grados, y el promedio ha sido de unos 85 grados.

En octubre del 2018, la Florida acababa de salir de varios meses de calor récord: en septiembre, la temperatura promedio alcanzó 82.3 grados, 3.2 grados por encima de lo normal. En agosto el termómetro llegó a 82.2 grados, que fue 2.2 grados por encima de lo normal.


Ese calor, sin un frente frío de otoño que nivelara la situación, ayudó a mantener las aguas del Golfo de México entre 84 y 86 grados, y creó las condiciones para que el huracán Michael se fortaleciera.

Michael se convirtió en el más reciente huracán de categoría 5 en tocar tierra en Estados Unidos cuando entró por Mexico Beach el 10 de octubre al mediodía.

Michael Mann, profesor distinguido de Ciencias de la Atmósfera y director del Earth System Science Center de la Universidad Estatal de Pennsylvania, duda menos de vincular el cambio climático con tormentas específicas. Mann escribió recientemente una columna para el diario The Guardian en que dijo que el huracán Dorian, de categoría 5, fue más fuerte de lo que habría sido “si no hubiéramos descargado carbono contaminante en la atmósfera durante los últimos 150 años”.

Por cada grado Celsio (1.8 grados Fahrenheit) que aumenta la temperatura, hay un aumento de 7% en la velocidad máxima de los vientos y alza de 23% en el potencial destructivo de un huracán, dijo Mann.

“Así que no es exagerado decir que tormentas como Dorian son aproximadamente 25% más destructivas debido al calentamiento del planeta”, afirmó.

Nivel del mar, olas y mareas de tormenta

El Laboratorio Geofísico de Dinámica de los Fluidos de la Administración Nacional de los Mares y la Atmósfera (NOAA) emitió hace poco una sinopsis de 20 páginas de resultados de investigaciones sobre el cambio climático y los huracanes.

La sinopsis indica que el aumento del nivel del mar provocará inundaciones mayores en las costas en el caso de los ciclones tropicales. Eso significa olas más grandes y mareas de tormenta más alta que penetran más en tierra.

La marea de tormenta del huracán Michael se calculó entre 9 y 14 pies y la inundación más alta ocurrió en Mexico Beach.

La intensidad de los ciclones tropicales probablemente aumente un promedio de entre 1% y 10%, con más tormentas de categoría 4 y 5, pero la cantidad general de huracanes se mantendrá igual o se reducirá ligeramente.

Además, el profesor Emanuel dijo que espera que las probabilidades de huracanes que se intensifiquen rápidamente –definido como un aumento en la velocidad del viento de 35 millas por hora o más en un período de 24 horas– aumentarán en un planeta más cálido. Según uno de sus estudios, una tormenta que se intensifica en 70 millas por hora en 24 horas antes de tocar tierra ocurría aproximadamente una vez cada 100 años en las condiciones climáticas de finales del siglo XX.

Pero eso puede ocurrir cada 5 o 10 años para finales de este siglo si el cambio climático sigue su curso.

“Confiamos en que veremos más tormentas que se intensifican rápidamente”, dijo el profesor Emanuel.

Michael

El huracán Michael tuvo al menos dos incidentes de intensificación rápida, en dependencia de los períodos de 24 horas estudiados, dijo Michael Brennan, especialista en huracanes del Centro Nacional de Huracanes.

Dos de esos incidentes se mencionan específicamente en el análisis posterior a la tormenta. El primero lo llevó de una depresión tropical a una tormenta tropical en solamente seis horas, y a huracán el día siguiente. El segundo lo llevó de huracán de categoría 2 el 9 de octubre a las 7 de la mañana a categoría 4, y entonces a categoría 5, con vientos de 160 millas por hora, cuando tocó tierra al mediodía.

Nick Shay, profesor de Ciencias Oceánicas y decano adjunto de Investigaciones de la Facultad Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami, dijo que la primera intensificación rápida sucedió cuando la tormenta pasó por una zona de aguas que había separado de otra zona más cálida en el Golfo de México.

La segunda zona de agua cálida estaba muy cerca de la plataforma continental, dijo Shay.

Las dos zonas de agua eran en extremo cálidas, lo que significa que no había agua lo suficientemente fría como para calmar la velocidad de los vientos. Por lo general, las tormentas que pasan por encima de la plataforma continental se debilitan.

Shay dijo que un entorno más cálido fortalecerá alguno de los factores que llevan a la intensificación rápida, como aguas más calientes, pero que la ciencia todavía no entiende cómo todos estos procesos ocurren bajo el cambio climático.

“El cambio climático es algo que está sucediendo, pero con qué rapidez y cuáles son sus contribuciones relativas durante incidentes de intensificación rápida es algo que nadie sabe”, afirmó Shay. “Es un rompecabezas. Algunas piezas no encajan”.

Este artículo se produjo en alianza con la Florida Climate Reporting Network, una iniciativa fundada por el Miami Herald, el South Florida Sun Sentinel, The Palm Beach Post, el Orlando Sentinel, WLRN Public Media y el Tampa Bay Times.

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